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EL CAZADOR DEL ABISMO VERDE

Prologo

Prologo

Jul 08, 2025

Capítulo 00 – Prólogo
Esta historia que están por conocer se parece a muchas que ya han sido contadas… pero ninguna se parece a esta historia.
Aquí no hay héroes enviados por dioses, ni elegidos con destino marcado. No hay imperios que se alzan con profecías antiguas ni artefactos legendarios que conceden poder absoluto.
Esta es la historia de un hombre. Uno que nació en un rincón olvidado del mundo, y que vio todo lo que amaba arder por las decisiones de otros.
Mi nombre es Garric Thairon Zuzuki. Y esta… es mi promesa, mi historia.
Cuando era joven, mi pueblo no era más que un conjunto de chozas en medio del bosque, sostenido por esfuerzo, trueques y la fe ciega en que, si algún día ocurría una tragedia, el gremio de aventureros vendría en nuestra ayuda. Pero el gremio no responde gratis. Nunca lo ha hecho.
Cuando la epidemia llegó, no pudimos pagarles. No hubo ayuda. Ni una espada, ni un hechicero, ni una patrulla de protección. Solo palabras: “No hay contrato vigente.”
Recuerdo que tenía diecisiete cuando todo cambió. Yo, junto con tres amigos, fuimos a la Mesa de Recompensas. Con lo poco que teníamos, ofrecimos una recompensa por ayuda. La Mesa no preguntó por contratos ni por oro. Solo anotó la petición.
Una semana después, el alcalde logró pagar al gremio lo que debíamos. Creímos que todo volvería a la normalidad. Yo me fui al pueblo vecino a vender unas cosas. Un viaje de dos días. Cuando regresé… todo estaba en llamas.
Mi aldea, mi hogar, mi gente… desesperados. Goblins. Docenas. Y nadie los detuvo.
Cuando lo vi, fui corriendo a buscar a mi familia, la cual me adoptó cuando murieron mis padres. Al llegar a mi casa, busqué entre los escombros esperando encontrar a alguien con vida. Solo quedaba uno: mi hermano. Gravemente herido, alcanzó a hablarme. Murió en mis brazos, pero antes me contó lo que ocurrió.
El gremio había regresado… pero solo a cobrar. Se negaron a actuar hasta que se firmara un nuevo contrato. Fue entonces cuando los goblins atacaron. Antes de morir, me hizo prometerle que protegería a todos, sin importar qué, para que, lo que
 Ocurrió con nuestra aldea no volviera a repetirse.
Y entonces llegaron ellos: aventureros sin placas, sin colores ni juramentos. Guerreros de la Mesa de Recompensas. Ellos sí pelearon. Ellos sí llegaron.
Yo les pregunté por qué estaban allí. Entre los guerreros, uno me respondió con serenidad: “Esto hacemos porque es nuestro trabajo. Porque otros no lo harán.”
Y fue entonces que entendí lo que haría por el resto de mi vida.
Cazaría goblins. Por justicia. Por rabia. Por promesa.
Pero no sería un vengador. Sería un cazador.
 (Parte 1) El final del inicio
Después de que los guerreros de la Mesa de Recompensas acabaran con los goblins y salvaran a los pocos habitantes que quedaban, todo se calmó. Pero nada volvería a ser lo mismo.
La poca gente de mi aldea que logró sobrevivir decidió marcharse hacia un pueblo cercano. El aire olía a ceniza, a muerte… a despedida.
Antes de que se fueran, aparecieron los del gremio. Vinieron con la frente en alto, exigiendo el pago por la “protección atrasada”. No dijeron una sola palabra sobre lo ocurrido. Solo pedían monedas.
Pero esta vez, los guerreros de la Mesa hablaron primero.
—¿Protección? ¿Cobran por proteger lo que ya dejaron arder? Váyanse. Aquí no se necesita lo que ustedes ofrecen —dijo uno de ellos con voz firme.
Para evitar que la tensión escalara, uno de los aldeanos se acercó, con la mirada vacía y las ropas sucias de ceniza.
—¿Quieren su pago? Llévense lo que quedó… —y señaló los escombros.
Los del gremio no supieron qué decir. No podían intimidar a nadie. Ni siquiera a un pueblo reducido a ruinas. Se dieron la vuelta y se marcharon.
Yo no fui con los demás. Aún no. Antes de decidir qué haría con mi vida, hice lo único que sabía que debía hacer.
Les di entierro a los míos. A mi hermano adoptivo. A la familia que me acogió cuando perdí a la mía. Y a cada cuerpo que logré encontrar entre los restos.
 (Parte 2) cenizas del ayer
Cuando los habitantes de mi pueblo se marcharon, me quedé solo, caminando entre los escombros de lo que alguna vez fue mi hogar. Recogí los cuerpos de mi familia… y de todo aquel que encontré bajo las ruinas.
Mientras enterraba a quienes me cuidaron, a quienes me quisieron como uno más de los suyos, sentí algo que no sabía poner en palabras. Era furia. Era impotencia. Era un vacío que se abría en el pecho como una herida que no sanaría nunca.
Cuando terminé, fui al viejo árbol donde solía jugar con mi hermano cuando éramos niños. Me senté junto a él. Y entonces las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas. Ya no tenía nada. Lo que conocía, lo que amaba, todo había desaparecido.
Fue ahí, bajo ese árbol, donde un recuerdo regresó con fuerza.
Mi hermano me había dicho una vez que quería convertirse en aventurero del gremio. Quería protegerme, proteger a nuestra familia, proteger a todo el pueblo. No lo logró… pero su deseo quedó grabado en mí.
Ese día, lo comprendí.
Esa promesa no moriría con él.
No dejaría que esto le volviera a pasar a nadie más.
Ese día no elegí ser un héroe.
Ese día, me convertí en un cazador.
 (Parte 3) el primer paso
Mientras observaba las ruinas de lo que alguna vez fue mi pueblo, noté a lo lejos la silueta de alguien. Pensé que tal vez era una persona buscando a algún familiar perdido. Se movía entre los escombros, con pasos pesados, como si buscara algo en específico.
No le di mucha importancia y decidí regresar a lo que quedaba de mi hogar. Tal vez aún podía recuperar algún recuerdo, algo que me perteneciera. Escarbando entre las tablas medio quemadas del suelo, encontré una bolsa oculta. Dentro había varias identificaciones… todas pertenecían al gremio.
Entonces lo sentí: algo frío y afilado rozó mi cuello.
Una espada.
Era esa persona que había visto. Ahora estaba detrás de mí, su voz era firme y desconfiada:
—¿Encontraste lo que estabas buscando? —me preguntó, sin apartar el filo.
—Solo estaba revisando… —respondí con cautela.
—¿Revisando? ¿O robando? Aquí ya no queda nadie. Después de lo que pasó, muchos vendrían a buscar lo que no les pertenece. Quizá debería detenerte aquí mismo.
Su mirada era dura. No parecía un simple viajero.
—Esto no es robo —le dije conteniendo la rabia—. Esta era mi casa… aquí vivía mi familia. Ellos murieron… todos.
Al oír eso, su expresión cambió. Bajó lentamente su espada.
—Lo siento —dijo tras unos segundos de silencio—. Estaba buscando estas identificaciones. Le pertenecían a alguien que vivía aquí. No sabía que… tú también eras parte de este lugar.
Luego me observó con más detalle.
—Pero no recuerdo que ellos tuvieran un hijo menor… ¿Quién eres? Dímelo ahora, o me obligarás a desconfiar de ti.
 (Parte 4) ecos del pasado
Le respondí con la verdad: que ellos me habían adoptado cuando era muy pequeño, después de que mis verdaderos padres murieran. No recordaba cuánto tiempo viví con ellos… pero sí sabía que no tenía memoria alguna de mis padres biológicos.
El hombre bajó la espada lentamente, como si mi respuesta le hubiera quitado un peso de encima.
—Así que te adoptaron… ¿Hace cuánto fue eso? —preguntó mientras envainaba su arma.
—No lo sé con exactitud —le dije—. Era muy pequeño. Solo sé que mis padres adoptivos eran amigos de mis padres verdaderos. Eso es todo lo que me contaron.
El guerrero me miró con detenimiento y, tras un breve silencio, murmuró:
—Entonces… eres el hijo de ese par. Nunca entendí por qué deseaban tener hijos… pero aún así, lo hicieron.
Se sentó sobre una piedra, mirando hacia las ruinas, como si los recuerdos le pesaran.
—Conocí a tus padres —continuó, con una voz más suave—. A tus verdaderos padres… y también a los que te adoptaron. Los cuatro fueron mis compañeros de aventuras hace muchos años.
Me quedé sin palabras.
—¿Tú… conocías a todos ellos? ¿Por qué nunca me lo dijeron? —pregunté con una mezcla de sorpresa y rabia contenida.
Quería entender. Quería saber por qué tantos secretos. Y por qué, ahora, todo eso llegaba cuando ya era demasiado tarde.
(Parte 5) lo que quedó tras el fuego
Él me dijo con calma:
—Tranquilo. Sé que tienes muchas preguntas, y quizás pueda responder algunas. ¿Qué quieres saber?
Tenía tantas cosas en la cabeza, no sabía por dónde empezar. Pero antes de que dijera algo, él habló:
—Mi nombre es Varak.
—Yo me llamo Garric —respondí.
Él sonrió levemente.
—Al final sí te pusieron ese nombre… Conocí a los cuatro hace unos veinte años. Eran las jóvenes promesas del gremio. Yo, en cambio, era un aventurero que no pertenecía a ningún lado. Lo hacía porque quería, no por reglas ni gremios.
Guardó silencio unos segundos antes de continuar:
—Con ellos compartí muchas aventuras. Después de un tiempo, dos de ellos se enamoraron. Decidieron dejar el gremio, pero hubo una condición: si alguna vez tenían hijos, esos niños debían convertirse en aventureros del gremio. Fue así como vivieron una vida feliz… hasta hace dieciséis años, cuando me enteré de que murieron tus padres.
Luego me miró con seriedad.
—Y ahora esto… Dime, Garric. ¿Qué harás ahora que lo perdiste todo?
(Parte 6) nace un cazador
—No lo sé —le dije—. No sé qué voy a hacer… solo sé que tengo una promesa que cumplir.
Varak me miró serio.
—¿Se puede saber qué promesa es esa? Si quieres, claro. Pero antes, debo decirte algo: de las siete identificaciones que encontraste, cuatro pertenecen a tus padres… y a los que te adoptaron. Las otras tres… necesito buscarlos. Puede que estén vivos. Pero no puedo dejarte así. Dime, Garric, ¿qué harás ahora?
Respiré hondo antes de responder.
—Le hice una promesa a mi hermano antes de que muriera: que protegería a otros, para que lo que pasó aquí… no vuelva a repetirse.
—¿Y para eso te unirás al gremio? —preguntó Barak con tono neutro.
Negué con la cabeza.
—Jamás me uniré al gremio. Ellos solo actúan por dinero. Su deber es proteger a todos, no solo a quien pueda pagar.
Barak suspiró.
—Entonces dime, ¿cómo cumplirás esa promesa?
—Me uniré a la Mesa de Recompensas.
Barak levantó una ceja, curioso.
—¿Sabes usar espada, arco o hacha?
—Un poco de cada una. Mi padre adoptivo me enseñó. Aquí, en mi pueblo, teníamos que cazar para comer.
—Ya veo. Pero si piensas convertirte en aventurero, necesitas un nombre distinto. No puedes usar el tuyo. Podrías poner en peligro a quienes aún te rodean.
—No sé qué nombre usar… pero tienes razón —respondí.
Varak se cruzó de brazos.
—Aunque quieras cumplir esa promesa, aún te falta mucho. Entrenamiento, experiencia, disciplina. Cada misión que tomes ahí, si no estás preparado, será una sentencia de muerte. Y sabiendo esto… ¿seguirás adelante?
Lo miré fijamente.
—Sí. Si muero en la primera misión, moriré cumpliendo lo que juré.
Sin previo aviso, Varak me golpeó en la cabeza con la palma abierta.
—¡Tonto! —dijo molesto—. ¿Crees que tus padres y tu hermano querrían verte morir así de fácil? ¡Ni lo pienses! Si vas a hacerlo… hazlo bien. Entrena. Mejora. Lucha cada día como si fuera el último, pero no busques morir.
Bajé la cabeza y asentí.
—Tienes razón… pero ¿quién me entrenará? ¿Cómo lo haré?
Varak se levantó, se ajustó la capa y respondió:
—No te preocupes por eso. Para eso vine. Ahora entiendo por qué querían que llegara justo en este momento.
Me quedé en silencio, algo confundido. Y entonces Varak sonrió.
—Garric… no solo vas a enfrentarte a goblins. Te enfrentarás a monstruos de todo tipo, a lo que la ley y el gremio no se atreven a tocar. Para evitar que esta historia se repita.
Me miró con firmeza.
—Escucha bien, Cazador del Abismo Verde.
Me quedé helado.
—¿Quién es ese…?
Varak me guiñó un ojo.
—Ese será tu nombre, niño. Tu nombre como aventurero. ¿Lo entiendes?

mmollegas09
mmollegas09

Creator

No todas las historias comienzan con una profecía o con la bendición de un dios. Algunas nacen entre las cenizas. Otras, con una pérdida.
Esta historia no es sobre un héroe en busca de gloria o riquezas. No fue elegido por el destino ni por ninguna voluntad divina.
Fue alguien que decidió levantarse por su cuenta… solo para cumplir una promesa.
Y esta... es su historia

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