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El Imperio de la Magia Vol.1 [Español]

Prólogo

Prólogo

Apr 03, 2019

Tras finalizar el invierno, en el paso de Karnhalo, un pequeño camino de tierra en la frontera que une el gran reino de Von Harney y la tierra de los humanos, situado en los límites del bosque de Hájora, descansa, apoyado en la ladera y alzado hacia el firmamento, un edificio construido en mármol blanco, erigido en nombre del dios Talios, está orientado hacia el norte, de esta forma, al alba, los rayos solares golpean la runa colocada en el pomo de una gargantuesca espada, que perfora el suelo como si su objetivo fuera acabar con la tierra, una vez amanecido, la espada refleja la luz en varios tonos, que colorean su entorno, y haciendo resonar en su interior, una dulce melodía que se expande en kilómetros a la redonda, haciéndose saber, para todos, que ella protege este santo lugar, y no olvidar mencionar que a lo largo de su filo, decenas de nombres tallados en la roca, hombres valientes que empuñaron la espada en contra del peor mal que asolaba la tierra, Grugkuna único hijo del dios Caos.

Nadie conoce su funcionamiento, pero desde el campesino al mago, pasando por el soberano más cruel, por respeto o miedo, el paso de Karnhalo se mantiene libre.

El valle goza de prosperidad, rodeado de abundante vegetación, la tierra, con color oscuro y ligeramente arcillosa, retiene la humedad necesaria para los cultivos, sin embargo, esta tierra no está poblada, cierto es, que en ocasiones se construyen campamentos alrededor del templo, sobretodo en época de peregrinaje, todo esto debido a las escaramuzas entre las diversas razas y sus reinos.

Talios, adorado por el mundo entero, como uno de los cuatro dioses creadores, posee una religión llamada Legalios, estos legalenses, al menos los más sabios, residen en el templo, cuidando y restaurando la estructura, generaron preciosos jardines en el paso, las flores de diversas procedencias están perfectamente adaptadas al entorno, dejando un dulce aroma en la zona que pretende imitar el paraíso de antaño, que según los mitos, Hájora, esparció por el mundo y que las guerras del caos destruyeron.

Los mejores artesanos de la montaña se reunieron frente a las puertas del templo. La escarcha consiguió penetrar en la roca del pavimento dañando el núcleo de la base, los sacerdotes temiendo que esto afectara al edificio y haciendo uso de las riquezas que poseían en el arca, hicieron reunirse al consejo para este fatídico acontecimiento.

Al alba del tercer día, mientras los pocos rayos de luz sobresalían entre los escarpados picos, y los ojos de la gente empezaba a acostumbrarse a la luz, un fuerte estruendo retumbó en los oídos de las personas. Con un golpe certero uno de los enanos hizo caer la estatua construida en honor a Grimea, el arma predilecta de Talios.

Los gritos de los seguidores se tornaron en lloros y amenazas hacia el enano. Sin decir ni una palabra, con mirada adusta y sudor en la frente se giró hacia la muchedumbre rabiosa.

-Silencio -Gritó el sumo sacerdote-. ¿Que ha sucedido maese?.

Drahwuan no llegaba a superar el metro cuarenta, pero con la anchura de un percherón era el enano por excelencia, terco como una roca y con tan poca carisma, que muy poca gente conseguía tratar con él. Vestido con un peto de cuero reforzado con tachuelas de acero, brazales con pequeños detalles en oro, los cuales narraban historias de Dorian, el dios de la tierra. Sin embargo, Drahwuan poseía el título de Feor-Ring otorgado al mejor artesano de todo el reino.

Balanceo su martillo de un lado a otro, apreciándose las ranuras de ónice en la cabeza de hierro, dando paso a un mango tallado en madera gris coronado en un rubí otorgado por los ifrit de las tierras nómadas.

-Mal augurio. El frío hizo mellas en la roca, un golpe fuerte al templo y este se hundirá bajo el suelo.

-No puede ser - Susurro el sacerdote mientras un trozo de la estatua se tornaba polvo en sus viejas manos. -Llevo casi ochenta años en este templo y nunca sucedió nada parecido.

El sacerdote apenas podía hablar, sus palabras cada vez eran más lentas tornándose en un silencio casi sepulcral.

El enano avanzó hacia el portón, ni en sus trescientos años de profesión vio algo semejante. Deslizando sus rugosos dedos por la fachada llegó a una esquirla de hielo que asomaba entre las grietas, dudo durante un momento, segundos después tocó el cristal y la sangre empezó a brotar de su mano. Goteo durante un largo tiempo, dejando tras el enano un rastro, pero impasible ante el dolor siguió explorando la fachada del edificio.

-No hay duda .- Drahwuan paró para examinar se la herida -Algo o alguien debe estar detrás de lo sucedido. Sumo sacerdote, usted encarguese de encontrarle y yo me ocuparé del templo. -Estas últimas palabras fueron como un rayo de esperanza en el corazón congelado de los sacerdotes, que al igual que el templo estos desprendían un aura extraña, sin embargo la población de alrededor no opinaba lo mismo.

Las personas presentes fueron esparciendo las palabras del enano por el campamento, no tardó en llegar el medio día y ya más de la mitad de la gente decidió abandonar Karnhalo, muchos aseguraban que el templo fue maldecido, que el mismísimo Caos, hermano de Talios, bajó y profano la tierra, mientras que la otra mitad temían morir por algún derrumbamiento.

-Reunid al gremio -Grito Drahwuan mientras pasaba la mano por la trenza de su barba. -Decidiremos que hacer antes del anochecer.

La tienda de los enanos podía alojar casi a un centenar de personas, fue establecida en el límite del bosque. Dos guardias vigilaban en todo momento la estancia, decorada con pieles de animales, y encima del marco de la entrada la cabeza de un gusano púrpura, que en los tiempos que permanecía vivo podría haber llegado fácilmente a los cincuenta metros.

-Drahwuan, ¿que haremos?. Vociferó Aurgus, primer arquitecto del gremio.

La sala poseía un fuerte olor a grasa de oso, mezclada con el dulce aroma de los barriles de hidromiel y de las jarras que volaban de un lado a otro de la mesa, ya que incluso con las peores contingencias, los enanos nunca perdían su carácter jovial.

Drahwuan se acercó a uno de los estantes, al fondo de la estancia, rodeados de un fino cordón de seda rojo, bordado con runas de un verde grisáceo, que a pesar de la contrariedad de su antagonista ambos colores descansaban en armonía, de todos los valiosos objetos cogío un viejo cofre, tallado en marfil con refuerzos de mithril a los lados, así se hizo el silencio, del cofre sacó un mapa polvoriento que extendió encima de la mesa.

En el mapa podía apreciarse el mundo, las altas montañas que se elevan por encima del cielo, los grandes bosques que la diosa cuida en su seno, las islas flotantes del norte, que la mismísima diosa Delia, señora del viento alza sobre los mares. Estos mapas, escasos, son un gran tesoro ya que en ellos se pueden observar la grandeza del mundo, las tierras de los gigantes, al norte, que conviven con los altos humanos; el vasto terreno de los dragones en el centro y noroeste, que se alzan por encima de las demás razas; por el lado contrario, al este y noreste el dominio de los no-muertos, las grandes ciudades de los vampiros y de los lich; debajo de ellos los orcos campan a su antojo; evitando que estos últimos lleguen al territorio de los humanos, que dominan el sur y el suroeste, la gran cordillera enana divide el sur en dos. Y por ultimo, donde pocos osan pisar, se encuentran las tierras nómadas, una vasta isla desierta.

Con un ligero movimiento el enano rodeo un pequeño terreno en el centro del mapa justo debajo del bosque de Hájora y el comienzo de la gran cordillera.

-Karnhalo es territorio neutral, sin embargo el peligro acecha constantemente en el bosque, sus habitantes son pacíficos, las pocas colonias de elfos restantes en el mundo se cobijan en él, pero diversas criaturas pueden atacar desde el bosque, sin contar que por el este comienza el territorio de los muertos, y por su contrario en el oeste debemos evitar el conflicto con la inquisición - Poniéndose unas pequeñas gafas, y rebuscando un carboncillo rojo, hizo cinco marcas dentro del círculo. -Propongo formar una barrera alrededor del paso, estos cinco puntos deberán ser protegidos a toda costa, serán los pilares del conjuro-

Se empezó a formar un barullo en la sala, pero uno de los jóvenes alzó la mano.

-¿Me permite un par de preguntas, maese? - Glin era un buen artesano, pero le faltaba experiencia, era tímido y con muy poco carácter. -Adelante- Contestó Drahwuan añadiendo un ligero movimiento con la cabeza.

-Entiendo que queramos formar una barrera, pero ni contratando a los mejores magos, serían capaces de hacerla de ese calibre-

Acariciando la trenza de su barba Drahwuan colocó una tela azul sobre el mapa, esta empezó a brillar en ciertos puntos, uno de ellos Karnhalo.

-Dentro de una semana, los vientos de magia cruzaran el paso, por tanto, cualquier conjuro será amplificado, además desde las minas de Guinjernen, vamos a recibir un cargamento de cristales de maná, estos últimos concentran la magia durante miles de años, joven Glin, son una fuente de poder enorme. El cargamento llegará en cuatro días, señores, una vez disponibles podremos mantener la barrera aunque los vientos se dispersen.-

Los enanos empezaron a aplaudir, chocaban las jarras entre ellos, se felicitaban unos a otros, sin embargo Glin agachaba la cabeza, algo debía de estar pasando por la mente del joven, empezaba a dudar del maese o simplemente se avergonzaba de su pregunta, pero Drahwuan no prestaba atención al joven en su lugar se disponía a guardar el mapa.

Glin golpeó la mesa, -mi ultima pregunta maese.- Los demás, sobrecogidos ante esta acción, cesaron su festejo. Se hizo silencio.

-¿Por que ayudamos al templo, no nos pagarán lo suficiente, además, la estupida inquisición de Talios, mata, asesina y profana toda cosa que no crean correcta. Incluida los enanos. Tu mismo lo has dicho, esta barrera también es para evitarles a ellos.-

La tensión se palpaba en el aire, las gotas de sudor se podían oír golpear el suelo. Glin perdió a su familia, su esposa, sus hijos,todos muertos bajo las llamas de la inquisición.

La Inquisición fue formada siglos atrás, seguidores de Talios, la mayoría humanos, sin embargo otras razas se unían a sus filas. Para ellos la magia es caos, lo opuesto a su dios, por tanto debe ser erradicado, cierto es que la inquisición ha evitado grandes peligros. Originalmente fue creada para evitar catástrofes, pero fue perdiendo el rumbo a lo largo de la historia, siendo hoy en día una organización temida y querida por igual.

-No dañes la mesa, Glin- Dijo Drahwuan con un tono que le amedrento, retirando este su mano de ella. Segundos después, los rasgos de su cara se volvieron más amigables.

-Nosotros no hacemos esto por ellos, Glin. A pesar del daño de la inquisición, Talios, uno de los cuatro Varhn, dioses creadores del mundo, representa la legalidad; que esos bárbaros actúen en su nombre, no es razón para menospreciar a su templo, gracias a él, y a su espada Grimea, nuestros antepasados sobrevivieron a las guerras del caos.-

Glin rompió en lágrimas, con ligeros balbuceos intento hablar.- Los Varhn nunca estuvieron en la tierra, nadie los vio, solo son mitos.-

-Eso es cierto joven, pero si los Majgharn, los dioses presentes de nuestro mundo, como Dorian, nuestro gran señor, aseguran que son los Varhn son los que les conceden su divinidad, ¿quienes somos nosotros para cuestionarlos?. Te recuerdo que hace solamente cincuenta años el dios de la batalla Dorkof fue derrotado y ahora la gran sierpe, Sangra, fue ascendida a dios.-

-Tengo entendido que uno de tus hijos le rendía culto, Glin, no le deshonres con blasfemias, chico, su ira puede ser temible-. Con un movimiento de mano los guardias de la puerta cogieron a Glin por los hombros, le ayudaron a levantarse. Glin era buen chico, pero ahora debía retirarse a descansar.-

-Bien, ahora solo queda esperar a que lleguen los cristales

- De... de.. debería descansar un poco.- Drahwuan cayó sobre su asiento, las manos colgando por los laterales, y la cabeza tambaleada hacia un lado, poco a poco, cerró sus párpados ante la mirada de los enanos para no volver a abrirlos nunca.

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