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El cazador del avismo verde

Prologo

Prologo

Jan 05, 2026

Prólogo
La historia que están a punto de conocer se parece a muchas que ya han sido contadas…
Pero ninguna es como esta.
Aquí no hay héroes enviados por dioses ni elegidos con un destino ya marcado.
No hay imperios que se alzan por profecías antiguas,
Ni artefactos que concedan poder absoluto…
O al menos, eso creía.
Esta es la historia de un hombre.
Un hombre común… o eso parecía.
Nació en una parte olvidada de este mundo.
Esta es su historia.
Mi nombre es Garric Thairon Zuzuki.
Sí, es un nombre largo… y esta es mi promesa, mi historia.
Todo empezó cuando era joven.
Mi pueblo no era más que un conjunto de chozas en medio del bosque,
O cerca de uno.
El pueblo se sostenía a base de esfuerzo, trueques y una fe ciega.
Si algún día ocurría algo, el gremio de aventureros vendría en nuestra ayuda para salvarnos.
Claro… cobraban una comisión por cuidarnos.
Últimamente esa comisión ha subido demasiado.
Y cuando el pueblo no tiene dinero, el gremio no responde.
Nunca lo ha hecho.
El gremio no responde gratis.
Una epidemia azotó al pueblo, y debido a ello los habitantes no pudieron pagar lo que el gremio pedía para protegernos.
No enviaron a nadie.
Ni un mago.
Ni una espada.
Ni siquiera una patrulla.
Lo único que decían los del gremio era siempre lo mismo:
No hay contrato vigente.
En esa época yo tenía unos diecisiete años.
Junto a tres amigos fuimos a la Mesa de Recompensas.
Con lo poco que logramos reunir, ofrecimos una recompensa por ayuda.
Aceptaron sin dudar la petición.
Unas semanas después, el pueblo consiguió pagar lo que se debía.
Creímos que todo volvería a la normalidad.
Yo fui a un pueblo cercano a vender algunas cosas.
Solo era un viaje de dos días: ida y regreso.
Cuando regresé… todo estaba en llamas.
Mi hogar.
El pueblo entero.
El fuego lo consumía todo, por todos lados.
Vi a docenas de goblins destruyendo y asesinando a los aldeanos que se ponían en su camino.
Nadie los detenía.
Nadie los detuvo.
Sin dudarlo, corrí hacia el lugar donde se suponía que estaba la casa en la que crecí.
La familia con la que crecí me había adoptado cuando era muy pequeño, después de que mis padres murieran.
Cuando llegué, todo estaba quemado.
Solo quedaban escombros.
Busqué entre ellos, apartándolos con desesperación,
Esperando no encontrar a nadie bajo las ruinas…
O, contra toda esperanza, encontrar a alguien con vida.
Buscando entre los escombros encontré a mi hermano adoptivo.
Lo saqué con cuidado de entre las ruinas.
Estaba gravemente herido.
Antes de fallecer, logró hablarme.
Murió en mis brazos.
Me contó que el gremio había regresado para cobrar la protección.
Obviamente, se negaron a hacer algo para defender al pueblo hasta que se firmara un nuevo contrato o se pagara la cantidad exigida.
El gremio se fue.
No pasó mucho tiempo antes de que los goblins atacaran el pueblo.
Antes de morir, mi hermano me hizo prometerle algo.
Que protegería a todos.
Sin importar el costo.
Sin importar nada.
Así que decidí que no permitiría que lo mismo que ocurrió con mi pueblo volviera a suceder en ningún otro lugar.
Mientras dejaba a mi hermano entre las ruinas, escuché el sonido de varios caballos acercándose en esta dirección.
Miré.
Eran aventureros.
No llevaban armaduras que deslumbraran bajo el sol,
Ni escudos que los identificaran como pertenecientes a algún reino o lugar.
Eran aventureros de la Mesa de Recompensas.
Los goblins los atacaron de inmediato.
Ellos los enfrentaron sin dificultad, acabando fácilmente con los que se les ponían enfrente.
Uno de ellos llegó hasta donde yo estaba.
Garric — ¿Qué hacen aquí?
Aventurero — ¿Qué hacemos aquí? , Nos contrataron. Por eso estamos aquí. Hacemos esto porque es nuestro trabajo… y no creo que alguien más lo haga.
Entonces me acerqué y le pedí el hacha que llevaba atada a su caballo.
El aventurero me miró por un momento y luego asintió con la cabeza.
Me entregó el arma sin decir nada.
Así que los ayudé a acabar con los goblins que pude,
Hasta que mi cuerpo no dio más.
Fue en ese momento cuando lo entendí.
Una de las cosas que haría en mi vida sería acabar con los goblins que se cruzaran en mi camino,
Durante el resto de mi existencia.
No lo haría solo por rabia.
Lo haría por justicia.
Por una promesa.
Sin saber aún en qué me convertiría esa decisión.
Parte 1
Los aventureros de la Mesa de Recompensas acabaron con los goblins y salvaron a los pocos habitantes que quedaban.
Todo se había calmado, pero creo que quedó claro que nada volvería a ser lo mismo.
La poca gente que sobrevivió decidió marcharse a alguna aldea o pueblo cercano, a cualquier lugar.
El sitio olía a ceniza, a muerte, a sangre… a despedida.
Mientras la gente se iba, llegaron varios aventureros del gremio.
Vinieron con la frente en alto, exhibiendo sus armaduras, y empezaron a exigir el pago por la protección atrasada.
Esos desgraciados no ofrecieron disculpas ni mencionaron lo que acababa de suceder.
No buscaban respuestas.
Solo querían monedas.
Los aventureros de la Mesa de Recompensas se colocaron delante de la gente.
Aventurero — ¿Protección?. ¿Qué van a proteger, si en este lugar no queda nada?. Váyanse. Aquí no se requiere el servicio que ustedes ofrecen.
Lo dijo con voz firme.
Para evitar que la tensión aumentara, uno de los habitantes dio unos pasos al frente, colocándose delante de los aventureros del gremio.
Tenía la mirada vacía.
La ropa sucia, cubierta de cenizas y sangre ya seca.
Habitante — ¿Quieren su pago? Llévense lo que queda.
El habitante señaló los escombros.
Los del gremio no hicieron nada y se marcharon.
No podían intimidar a los habitantes.
Si lo intentaban, tendrían que enfrentarse a los aventureros que habían venido a ayudar…
Y además, ¿cómo se intimida a personas que ya lo han perdido todo?
¿Cómo se amenaza a gente que vio morir a su familia?
El pueblo ya estaba en ruinas.
Los habitantes se fueron.
Yo no me fui con ellos.
Todavía tenía algo que hacer.
Algo que ya había decidido.
Fui y enterré a mis padres y a mi hermano adoptivo.
También enterré los cuerpos de las personas que encontré entre las ruinas.
Creo que era lo único que podía hacer por ellos.
A mi familia la enterré cerca de un árbol.
Me quedé solo.
Pasé el tiempo caminando entre los restos de las casas quemadas, recogiendo los cuerpos y enterrándolos uno por uno.
Al enterrar a la familia que me acogió desde que era pequeño, sentí algo que no sé cómo describir con palabras.
Rabia.
Furia.
Impotencia.
Era como si en mi pecho se hubiera abierto una herida…
Una que tardaría mucho en sanar,
O que quizá nunca sanaría.
Cuando terminé de enterrar a todos los que encontré, me acerqué al árbol que estaba cerca de donde descansaba mi familia.
Ese árbol viejo era donde solía jugar con mi hermano cuando éramos pequeños.
Me senté junto a él.
Y entonces las lágrimas comenzaron a caer sin parar.
Todo lo que tenía quedó reducido a cenizas.
Bajo ese árbol, recordé a mi hermano.
Él quería convertirse en un gran aventurero, reconocido en todos lados por proteger a las personas…
Y también por ganar mucho dinero.
Así que, con esa promesa y con su deseo en mente, decidí que al menos yo cumpliría lo que él quería.
Esa promesa no moriría con él.
Esto no le sucederá a nadie otra vez.
Me sequé las lágrimas y observé las ruinas del pueblo.
Mientras miraba, noté que alguien se movía entre los escombros.
Quizá era alguien que venía a buscar a un familiar,
O algún habitante que había olvidado algo… si es que aún quedaba algo por encontrar.
Caminaba con paso pesado.
Era claro que buscaba algo en específico.
No le di importancia y decidí regresar a lo que antes era mi hogar,
Para buscar entre los restos si encontraba algo.
Moví los escombros, buscando algo entre las tablas medio quemadas del suelo.
Entonces encontré una bolsa pequeña.
La abrí.
Dentro había varias identificaciones.
Todas pertenecían al gremio.
Fue en ese momento cuando sentí el frío y el filo de una espada muy cerca de mi cuello.
Detrás de mí, estaba la persona que había visto antes, sosteniendo el arma.
Persona — ¿Encontraste lo que estabas buscando?
Su voz era firme, con un tono claro de desconfianza.
No apartó el filo de mi cuello mientras hablaba.
Garric — Solo estaba revisando.
Contesté con cautela… y miedo.
Persona — ¿Revisando o robando? Aquí ya no queda nadie. Después de lo que pasó, muchos vendrán a buscar lo que no les pertenece. Quizá debería detenerte aquí mismo.
Garric — Eso también podría decirlo de ti. Pero esto no es un robo.
Me giré con cuidado.
La mirada de esa persona era firme.
No parecía un simple viajero.
Garric- este es el lugar donde creci , era mi hogar hasta que todos murieron ellos murieron..
Al oír eso, su expresión cambió a una más calmada.
Quitó su espada lentamente de mi cuello.
Persona- lo siento
Lo dijo tras unos segundos de silencio.
Persona- lo que estaba buscando creo que tu lo encontraste .
Garric- lo de la bolsa
Persona- si esas indentificaciones, perdon no sabia que pertenecias a aquí y lo lamento
Garric- si esta bien
En eso me observó con más detalle y me volvió a apuntar con su espada.
Persona – no recuerdo que ellos tubieran un hijo menor ¿Quién eres? Dimelo ahora o te obligare a decirmelo.
Le respondí con la verdad, o al menos con lo único que yo sabía.
Mis padres verdaderos murieron cuando yo era muy pequeño y, después de eso, me adoptaron.
No sabía desde cuándo ocurrió.
Para ser sincero, no recordaba cuánto tiempo viví con ellos.
Lo único claro era que no tenía ninguna memoria de mis verdaderos padres.
Bajó la espada que me apuntaba, como si aprobara lo que le dije.
Persona – con que te adoptaron… ¿hace cuánto tiempo fue eso?
Preguntó mientras envainaba su espada.
Creo que no me escuchó.
Garric- no lo sé con exactitud.
Lo único que sabía era lo que me dijeron:
Que yo era adoptado y que mis verdaderos padres eran amigos de mis padres adoptivos.
Era todo lo que me contaron.
Él me miró con detenimiento y, tras un breve silencio…
Persona- entonces eres hijo del otro par. nunca entendí por qué querían tener hijos…pero aun así decidieron tenerlos.
Se sentó sobre una piedra que estaba cerca,
Mirando a su alrededor.
Persona- yo los conocí
Se detuvo mientras parecía que recordaba algo
Persona- conocía a los cuatro, tanto a tus padres adoptivos como a los verdaderos
Varric- ¿los conociste?
Persona- los cuatro antes eran mis compañeros de aventuras y de misiones, pero eso fue hace mucho tiempo.
Vaya, yo que pensé que solo eran unos pobladores del pueblo, ¿por qué nunca me lo dijeron? De verdad ahora todo salía a la luz, ¿por qué no antes y precisamente en estos momentos?
Persona- tranquilo, sé que tienes muchas preguntas, pero no sé si pueda contestar a todas tus dudas
Me lo dijo con una calma
Persona- ¿anda, qué quieres saber?
Tenía muchas preguntas y dudas que quería resolver, y si él podía resolverlas, pero por dónde empezar. Antes de que pudiera decir algo, él habló
Persona- mi nombre es Varak
Garric- yo me llamo Garric
Él sonrió levemente
Varak- al final sí te pusieron ese nombre, conocía a los cuatro hace veinte años, ellos cuatro pertenecían al gremio, yo en cambio era un mercenario que solo trabajaba por dinero, no pertenecía a ningún lado
Se rió un poco y tocó su espada
Varak- con ellos por un año compartí varias aventuras, dos de ellos se enamoraron y tuvieron un hijo, creo que ya sabes de quién hablo
Garric- de mis padres adoptivos
Varak- tus padres de sangre, ellos desde ese tiempo ya eran una pareja. Bueno, por esa razón dejaron el gremio los cuatro, pero con una condición: sus hijos tenían que servir al gremio de este lugar si es que alguna vez tuvieran hijos, y vivieron una vida feliz por muchos años los cuatro.
Garric- sí
Varak- fue hace unos diecisiete o dieciocho años que me enteré de la muerte de tus verdaderos padres
Varak me miró con seriedad
Varak- dime, Garric, ¿qué es lo que harás ahora?
Garric- no lo sé bien, pero sí tengo definidas algunas cosas que voy a hacer, solo tengo una promesa por cumplir.
Varak- ¿se puede saber qué promesa es esa? Claro, si quieres, pero de esas identificaciones, que son siete, cuatro les pertenecen a tus padres, a los que te adoptaron, y las de sangre, las otras tres, le pertenecen a otras personas que también debo buscar ahora, así que dime, ¿qué harás?
Garric- ya te dije
Varak- no te puedo dejar así, Garric
Cumpliré la promesa que le hice a mi hermano
Garric- voy a cumplir una promesa que le hice a mi hermano antes de que muriera, esa promesa es que protegería a cualquiera para que no suceda esto otra vez
Varak- ¿que te unirás al gremio o a algún grupo?
Negué con la cabeza
Garric- jamás voy a unirme al gremio, ellos solo actúan si hay dinero, su deber es proteger a todos, no solo a aquellos que pueden pagar esa protección.
Varak suspiró.
Varak- dime, ¿cómo cumplirás esa promesa?
Garric- me uniré a la mesa de recompensas.
Varak levantó la mirada y abrió los ojos.
Varak- ¿sabes usar un arco, espada, hacha o cualquier otra arma para defenderte?
Garric- sí, un poco de las tres, me enseñaron.
En el pueblo se tenía que cazar por los alrededores para conseguir alimento.
Varak- bueno, creo que ya lo tienes decidido, pero dime ¿cómo te llamarás?
Garric- ¿cómo que nombre?
Varak- sí, necesitas un nombre para no poner en peligro a los que te rodean. No puedes usar el tuyo, aunque estés en un grupo o lugar como el gremio.
Garric- ¿quién me rodea? No sé qué nombre usar.
¿Quién va a estar a mi lado si ya todo lo perdí y no me queda nadie que conozca?
Varak se cruzó de brazos.
Varak- aunque quieras cumplir con esa promesa, todavía te falta mucho entrenamiento, disciplina, experiencia y otras cosas. En la mesa de recompensas las misiones son una sentencia de muerte si no estás preparado. Dime, sabiendo lo que te dije, ¿aun así seguirás adelante?
Lo miré fijamente, sin dar un paso atrás.
Garric- sí, no importa si muero en la primera misión, moriré cumpliendo la promesa.
Sin previo aviso, Varak me golpeó la cabeza con la palma de su mano.
Varak- eres un estúpido y un tonto.
Lo dijo en un tono molesto. Me dolió el golpe, sentí cómo me punzaba la parte donde me pegó.
Varak- ¿crees que a tus padres y a tu hermano les gustaría verte morir de esa manera tan tonta? Esa no es forma de cumplir esa promesa. ¡Ni siquiera pienses que ese será tu final! Si vas a cumplir esa promesa, lucha, mejora, entrena cada día como si fuera el último, porque en cualquier momento todo puede terminar para ti.
Asentí y bajé la cabeza.
Garric- tienes razón, lo lamento por actuar de forma imprudente, pero aun así necesito encontrar a alguien que me entrene.
Varak se levantó y se sacudió la ropa.
Varak- no te preocupes por eso, yo me encargo. Ahora ya veo por qué me querían en estos momentos.
Me quedé en silencio, confundido, y Varak sonrió.

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