Se dice que hay hilos invisibles que conectan a ciertas almas, uniendo sus destinos a través del tiempo. Son lazos que no pueden romperse, que persisten incluso cuando los nombres cambian, cuando los rostros se desvanecen y las vidas se entrelazan con las sombras de lo que fue.
Algunas almas están condenadas a encontrarse.
Algunas, a perderse.
Y otras, a repetir la misma historia hasta comprender lo que deben cambiar.
Los lotos florecen en el agua quieta, sus pétalos blancos reflejando la luna en un lago sin fondo. El viento, cargado de murmullos antiguos, acaricia la superficie del estanque, alterando apenas el reflejo de dos figuras que se miran a través del tiempo. Un instante atrapado entre el presente y el pasado. Un destino sellado antes de que los suspiros se conviertan en palabras.
Yun Xian no sabía cuánto de su vida ya estaba escrito antes de que abriera aquel pergamino.
No sabía que, al desplegarlo, desentrañaba no solo palabras impresas con tinta dorada, sino el peso de un destino que lo perseguía desde antes de nacer. No comprendía que lo que sus ojos veían no era una simple revelación, sino una herida abierta en el tejido del tiempo, un eco de algo que ya había sucedido, que seguía sucediendo, que seguiría sucediendo si no encontraba la forma de romper el ciclo.
Un ciclo que siempre terminaba en la misma imagen: Ji Feng muriendo ante sus ojos.
Los pergaminos contenían algo más que conocimiento prohibido. Eran portales. Sombras de recuerdos que nunca vivió y, al mismo tiempo, que conocía con una certeza dolorosa. A través de ellos, Yun Xian vio una ciudad envuelta en llamas, una guerra perdida antes de haber comenzado, un guerrero de mirada endurecida, cubierto de cicatrices que hablaban de mil batallas. Vio el sacrificio de un hombre atrapado entre el acero y el deber, entre la lealtad y el tormento de una vida que no le pertenecía del todo.
Y lo vio caer.
Una y otra vez.
A través de las grietas del tiempo, a través de las distintas sombras del destino, Yun Xian vio la misma historia repetirse con la brutalidad de una pesadilla inquebrantable. Ji Feng, luchando. Ji Feng, protegiéndolo. Ji Feng, muriendo con su nombre en los labios.
Era un camino ineludible.
Un sendero escrito en la sangre de incontables vidas.
Un ciclo imposible de detener…
¿O no?
Los destinos entrelazados no solo se encuentran en la tragedia, sino también en la lucha por desafiarla. A medida que los lotos se abren en el reflejo del agua, Yun Xian comienza a comprender que hay caminos que pueden torcerse, pero que para hacerlo deberá adentrarse más allá de lo que es real.
Los ecos del pasado lo persiguen, pero ahora, en este presente, él tiene una elección.
¿Es posible cambiar el final de una historia que ya ha sido escrita?
Esa es la pregunta que lo llevará a recorrer los pasajes del tiempo, a desafiar lo que los pergaminos han sellado. Será una búsqueda que lo llevará al borde del abismo, donde el precio por la verdad puede ser demasiado alto, y donde la respuesta que busca podría ser la más cruel de todas.
Pero Yun Xian no permitirá que Ji Feng muera.
No esta vez.
Porque si los lotos pueden florecer en aguas turbias, entonces quizás, solo quizás, hay un camino que aún no ha sido recorrido.
Y esta vez, él está decidido a encontrarlo…
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