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La última princesa

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Jun 05, 2023

Era una oscura noche, el cielo estaba custodiado por grises nubes que amenazaban con dejar caer su líquido contenido en cualquier momento y un viento feroz arrasaba con todo lo que podía a su paso. Las calles eran iluminadas por postes con una tenue luz blanca y el pavimento se humedecían por el entorno y la exposición al clima, una niela se dejaba caer impidiendo la vista y los truenos hacían el acompañamiento musical a aquel ambiente digno de película de terror. 

A lo lejos se podía ver ondulante una capa de negro color, su portador era realmente alto, quizá alcazaba los dos metros sin preocupación alguna, la capucha que llevaba impedía verle la cara directamente dandole un aura aún más temible y su paso era tan firme e imponente que hasta las misma piedrecitas del camino parecían apartarse de su an ar. 

A unos cuantos metros de este ser, una joven mujer temblorosa oprimía contra sí un par de bultos como si su vida dependiera de ello; dicha mujer igual portaba una capa, pero a diferencia del hombre, su rostro era claramente visible, cálidos detalles y sus hermosos ojos de un color amatista profundo le harían resaltar en donde sea que se encontrase. 

— Mujer — llamó el hombre con voz imponente. — ¿Qué le escondes a tu rey?
— Nada, mi señor... — Comenzó algo temblorosa. — Solo sus descendientes que ha engendrado en mí…

El hombre miró con cierto desdén a la mujer, extendió su mano y tomó al bulto más grande del pie haciendo que la manta que lo envolvía cayese al suelo exponiendo al pequeño que ahora lloraba con todas sus fuerzas por el maltrato recibido por parte del que se suponía era su progenitor. El encapuchado dirigió su mirada crítica y dio un resoplido que denotaba su indignación y mal humor.  

— ¿A caso intentas engañarme, mujer? Este bastardo no puede ser mío, ¡tan solo míralo! Tiene más sangre de lobuno que mía —, se quejó el ser alto mientras tiraba al pequeño como si de cualquier cosa se tratase. 

La mujer al ver aquel acto hostil, con una velocidad que no podría ser igualada por ningún ser humano, corrió para atrapar a su hijo antes de que éste cayera al suelo. 

— Mi señor, estos son sus hijos. No dude de mi palabra, como no dudó la noche en la que me hizo suya — expresó la mujer abrazando a ambos bebés.
— Sin embargo... 

El hombre volvió la mirada hacia el bulto más pequeño, la mujer se estremeció al percibir los ojos de aquel hombre sobre su pequeña hija que apenas y se movía; ésta la abrazó contra si en un inútil intento de ocultársela a ese ser tan aterrador. 

— Dame eso, mujer —, demandó el soberano.
— Le pido disculpas, mi señor, pero no puedo entregarle a este bebé. Vera, ha sido una mujer, y usted no desea tener herederos femeninos. Además, debe saber que es la más débil y con trabajo logró nacer viva a pesar de ser la mayor — explicaba la mujer tratando de no ceder.
— ¡Te he dado una orden! — Dicho esto, el hombre tomó al bebé a la fuerza y la puso frente a sí. 

Aquel ser miró fijamente a la bebé, a pesar de que su capucha le tapaba el rostro, se pudo apreciar un resplandor rojizo proveniente de sus ojos, era intenso, aterrador y, a la vez, hipnotizante. La pequeña bebé, que compartía los ojos de su madre, también desprendió ese brillo rojizo de aquel ser respondido de forma natural a aquel acto. El hombre tomó a la bebé de una forma más paterna y enseguida dio una carcajada que no se podía saber si era de felicidad o de incredulidad. 

— ¡Esta bastarda es mi sucesora! ¡Tiene la sangre de todos los clanes en igual cantidad! — Declaró alzando a la recién nacida con brusquedad. — ¡La cacería iniciará cuando esta niña viva su decimoctavo invierno! ¡Sólo así, será digna de gobernar a los reinos y el privilegio de demandar mi cabeza!
— ¡No, por favor, mi señor, es sólo una niña! — Rogó la mujer.
— Es aún más interesante así... — El ser se acercó a la mujer quien aún cargaba al pequeño. — Pero la cuestión es... ¿qué haré con esta escoria que engendraste?
— ¡Perdónele la vida, mi señor! — Imploró la madre.
— ¿Perdonarle la vida? Sabes bien que pasa con el hermano de los sucesores al trono, la muerte es su único destino — declaró el rey.  — Pero es el heredero de los lobunos, mi señor, y no puede atentar contra la vida de un heredero que no sea de su estirpe. 

El rey miró con cierto desdén a la mujer, tenía razón, aunque fuese su hijo a cierta medida, no era de su misa raza, era un lobuno y, no cualquiera, sino el heredero mismo de su clan. Suspiró frustrado, en el afán de querer mejorar su misma especie se buscó a la mejor candidata y ésta era la líder de los animales cambiantes. 

— Lo dejaré vivir esta vez.
— ¡Se lo agradezco, mi señor!

La mujer hizo una reverencia en señal de gratitud, pero cuando alzó la mirada, el soberano ya había desaparecido. Dirigió su mirada a su pequeño de nuevo, dormía despreocupado sin saber que se había librado de una muerte casi segura. La mujer temía por la vida de sus hijos, pero más por la de su pequeña, sería cazada cuando cumpliese su décimo octavo cumpleaños y estaría viendo cara a cara a la muerte muy seguido y ese destino era uno de los más temibles. Esperó pacientemente hasta volver a ver a su rey y le siguió con sigilo, pero fue inútil, el hombre se percató de su presencia. 

— Se quedarán con los cuidadores — fue lo único que dijo el soberano.  — ¿Los cuidadores? — Preguntó la mujer.  — Humanos que conocen sobre nuestra existencia, su única misión es el de cuidar a los herederos de todas los clanes que ameritan protección, mantenerlos ocultos, enseñarles lo básico de nuestro mundo y, claro está, mantenerlos a salvo de los que no obedezcan la temporada de caza en el caso de los herederos reales. 

La mujer asintió asimilando lo anteriormente dicho, ahora que se ponía a pensar, jamás se había enterado de la existencia de los herederos reales hasta la temporada de caza, esos temas eran más que secretos y los únicos que tenían conocimiento de ellos era el rey y la mujer que había elegido como portadora de su sangre.

El rey encaminó sus pasos a una enorme casa con la insignia real que era un sol y una luna fusionando en uno solo y, a su alrededor, con letras pequeñas grabadas se rezaba la frase: “lux, tenebras. In tenebris, lucem, pacem servassent”. En luz, oscuridad. En oscuridad, luz. En paz, vigilancia, el lema de los reyes. La mujer no sabía el significado exacto de aquel lema, solamente que todos los reyes que caían ante la mano de sus sucesores lo decían como voto para tomar su lugar en el trono, solo una vez había escuchado ese lema y fue cuando su señor dio la última embestida en su ser cuando proquearon a los bebés que ahora tenían en sus brazos. 

El hombre tocó la puerta de la casona y una mujer hermosa de cabello castaño claro y con arrugas ya en sus ojos les recibió, hizo una reverencia al soberano y se presentó con el nombre de Gabrielle. El hombre de gran altura entregó a la bebé y Gabrielle le recibió, se acercó a ella y le susurró algo para que solamente ella pudo escuchara, asintió ante las ordenes y vio como su rey se alejaba de la puerta en la oscuridad total sin siquiera mirar atrás. 

Gabrielle dirigió su mirada a la mujer quien aún seguía ahí parada sin saber muy bien que hacer, le regaló una pequeña sonrisa y extendió su mano pidiendo al otro bebé en señal de que también cuidaría al heredero de los animales cambiantes. 

La lobuna se acercó a la mujer, le entregó a su bebe y les dio un beso en la frente a cada uno, antes de darse media vuelta y empezar a correr dejando su capa atrás exponiendo su bella cabellera rubia y los ropajes de pieles que traía. La mujer siguió aumentando la velocidad y, en algún punto, se abalanzó hacia delante empezando a correr en sus cuatro extremidades que de poco a poco se volvieron patas y toda característica humana desapareció dejando solamente a la vista un hermoso ejemplar femenino de lobo de pelaje blanco. 

El animal se detuvo por un instante, se dio media vuelta y miró por ultima vez a sus pequeños que ahora estaban en los brazos de alguien más, inclinó su cabeza atrás y dio un aullido de despedida para sus pequeños y siguió su camino, no estaba segura de cuando sería la próxima vez que vería a sus pequeños, solamente podía esperar a que fuese lo más pronto posible y que fuese en buenas circunstancias.

zakuroliddell
Ahra The Satyr

Creator

El comienzo de la historia de dos pequeños y un destino desolador.

#Fantasia #Fantasy #drama

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