📜 Capítulo 1, Temporada 2:
La celda era de luz solidificada —un cubo de rayos dorados entrecruzados que vibraban con una frecuencia baja y constante, como el zumbido de un transformer gigante. Gemma y los demás capturados yacían en el suelo frío y liso del Módulo Lunar “Faro del Alba”, la principal colonia penal de los Seres de Luz en la Luna. A través de las paredes translúcidas de la celda se veía el paisaje gris y desolado, y más allá, la Tierra suspendida en la negrura, herida y lejana.
Los otros prisioneros —humanos con dones menores, disidentes, o simples testigos incómodos— respiraban entre sollozos apagados. Gemma, en cambio, estaba quieta. El recuerdo del agua ahogándola desde dentro aún le quemaba los pulmones de memoria, pero ahora sentía algo más: una presencia ajena en su interior, como una sombra líquida adherida a su esencia. El legado involuntario de Miguel, tal vez. O el precio de haber sobrevivido.
Los guardias circulaban fuera, seres altos y esculpidos en luz viva, con armaduras que parecían hechas de auroras boreales endurecidas. Sus alas —manifestaciones de voluntad pura— variaban: algunas eran como las de halcón, otras como vitrales extendidos, otras como llamas quietas.
Uno de ellos, un guardia joven de alas cortas y plateadas, se detuvo frente a la celda de Gemma. Sus ojos —sin pupilas, solo esferas de luz azul clara— se fijaron en ella. Gemma levantó la mirada, desafiante.
Y entonces lo vio: la luz de sus ojos parpadeó. Un titubeo. Luego, se contrajo, como si hubiera mirado directamente al sol. El guardia retrocedió un paso. Sus alas se crisparon. Gemma notó cómo su pecho —donde debería estar el corazón—emitía un pulso de luz irregular, ansioso.
Ella no dijo nada. Solo sostuvo la mirada.
El guardia giró bruscamente y desplegó sus alas. No con la gracia habitual de su especie, sino con un movimiento seco, casi torpe. Y despegó, alejándose rápido por el corredor iluminado, como si huera de un incendio.
Gemma se incorporó. Algo en su sangre —o en lo que ahora habitaba en ella—cantaba con una nota baja y ominosa.
—¡Muévete! —otro guardia, más veterano, la empujó de nuevo contra el suelo. Sus manos de luz ardieron levemente al contacto con su hombro, dejando una marca en forma de estrella—. Aquí no hay nada que ver.
Pero Gemma ya no lo escuchaba. Su mente seguía al guardia que había huido.
🌙En la Torre de Vigilancia – Sala de Shin:
El guardia plateado aterrizó en la plataforma de observación, donde Shin —envuelto en una armadura de luz blanca tan intensa que apenas se podía distinguir su figura humana— observaba los informes de energía de la Tierra proyectados en el aire.
—Señor... —la voz del guardia temblaba, un sonido raro en un ser cuya esencia era la armonía.
Shin no se volvió.—Calma tu frecuencia, Kael. Habla.
—Ella... la humana del agua...está aquí.
Shin finalmente giró. Su rostro era sereno, perfecto, pero sus ojos —dorados y profundos— contenían un destello de algo que no era ni sorpresa ni preocupación, sino reconocimiento.—Lo sé.
Kael titubeó.—Pero... su firma...no es solo humana. Hay algo adherido. Algo... antiguo. Como el eco del Vacío.
Shin asintió lentamente.—Por eso no la enviaré a las fosas de purificación con los demás.
Caminó hacia el ventanal que daba a la Tierra. La luz de los anillos del Planeta de la Luz—visible incluso desde la Luna como un segundo sol pequeño y constante— bañaba su perfil.
—Prepara mi nave personal —ordenó, sin levantar la voz—. La llevaré al Núcleo Brillante. Al planeta mismo.
Kael contuvo una protesta. Llevar a un humano —y menos una con esa...contaminación— al corazón de la Luz era impensable. Pero Shin ya había decidido.
—¿Y el otro? El niño, Miguel —preguntó Kael, recordando el informe de su desaparición en el portal.
Shin permaneció en silencio unos segundos.—Miguel ya no es nuestro problema. Ahora es problema de Nous. Y Nous... siempre ha sido problema de todos.
Su tono era frío, pero había una tensión ahí. Como si mencionar a Nous activara algún protocolo ancestral de alerta.
—Ve y prepara todo. Quiero a Gemma en la nave en una hora. Y Kael... —Shin miró al guardia—. De lo que viste hoy ,no hables con nadie. Ni siquiera con tus superiores de eslabón. ¿Entendido?
Kael inclinó la cabeza, la luz de sus ojos aún inestable.—Sí, señor.
🪐El Planeta de la Luz:
Shin no había exagerado. El planeta era un mundo-anillo, envuelto en una capa perfecta y uniforme de luz dorada de exactamente ocho metros de espesor. Una atmósfera sólida de energía pura que ocultaba completamente la superficie. Desde fuera, parecía una esfera lisa, brillante, sin accidentes, sin geografía. Solo luz.
Dentro... eso era otro misterio. Solo los Seres de Luz de alto rango podían entrar y salir. Y ahora, Gemma estaría entre ellos.
FIN DEL CAPÍTULO 1
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