La vida funciona de forma parecida a los planetas con sus órbitas.
Todos los cuerpos tienen masa y estos emiten gravedad. La gravedad hace que los cuerpos celestes se atraigan. Cuanto más masa tienen y más próximos están, mayor es la atracción entre ellos.
Júpiter era un pequeño cuerpo celeste, su desgracia era mucho más grande que él. El universo simplemente aplicó sus leyes provocando que él orbitara en sus propias desgracias.

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