Tuve un sueño, uno extraño. Al despertar, sentí que mi cabeza estaba a punto de explotar. El sonido de mi alarma taladraba mis oídos, como si este intentara entrar para apoderarse de mi conciencia. Casi parecía que un camión pasó encima de mí. Me dolía todo el cuerpo. «Algo malo va a ocurrir» Todo mi cuerpo se estremeció.
- ¿Algo malo va a ocurrir?
No puede evitar, incrédula, el dibujar una leve sonrisa en mi rostro. «Algo malo va a ocurrir» De repente, una voz extraña en mi cabeza lo repitió. Me dirigí tambaleando hacia el baño. Me sorprendió verme en el espejo y descubrir que de mis ojos brotaban lágrimas, no, más bien parecía una cascada. Mis ojos estaban hinchados y apenas podía ver algo. «Algo malo va a ocurrir». Me exalté frente a ese pensamiento repetitivo y caí sobre el suelo. Quería pararme, pero mi cuerpo decidió dejar de escucharme. Sentí a mi pecho hincharse una y otra vez, pero aun así el aire no entraba con facilidad. Mis piernas y brazos se movían cada cual como le convenía, y mis ojos parecían derretirse con fuerza.
No estoy segura, tal vez fueron 30 minutos, tal vez más, tal vez menos, pero finalmente mi cuerpo decidió escucharme de nuevo. «Algo malo va a ocurrir». – ¡BASTA! – Mi corazón se sentía inquieto y no pude evitar gritar. -No tengo tiempo para esto, voy a llegar tarde-
Mientras Adele se encontraba sentada en el comedor sin entender si la sensación amarga en su boca era producto de la voz que seguía apareciendo en sus pensamientos o era gracias al pan tostado que comía, su celular sonó. Era un mensaje de Alfredo. Adele se congeló, y después de vacilar un poco, susurró – algo malo va a ocurrir- con disgusto volteó su celular y continuó comiendo su pan tostado. Pero este no se detuvo. Sonó dos, tres, cinco veces. «Algo malo va a ocurrir». Pudo sentir cómo sus manos se entumecían y unas cuantas gotas de sudor bajaban lentamente y recorrían todo el perfil de su rostro.
-No puede ser, es una broma, ¿no es así?
Trató de reírse, pero en lugar de ello hizo una mueca extraña y forzada que asustaría a cualquier niño durante el día de brujas. «Algo malo va a ocurrir». Vaciló durante unos segundos y finalmente, dispuesta a leer los mensajes, tomó su celular. Sentía como una parte de sí misma se desvanecía mientras deslizaba su dedo por la pantalla. Se sorprendió al ver que no solo se encontró con un texto que decía [Alfredo- 1 mensaje], sino también [Mamá- 4 mensajes]. Pensó que lo mejor sería leer primero los de Mamá.
[- Hola, Ad.
- Necesito que vengas a casa.
- Hay algo importante de lo que tenemos que hablar.
- Es una emergencia.]
«Algo malo va a ocurrir». Esa voz que hasta entonces apareció esporádicamente en sus pensamientos, invadió todo su ser. Adele podía escuchar cómo su corazón intentaba escaparse consumido por el terror, pero ella también quería huir con él. Sea lo que sea qué dirá Alfredo no será nada bueno.
- Necesitas volver a casa. Tu hermana desapareció.
De pronto, no solo su corazón se quería escapar, sino también su alma. Todo dio vueltas y se oscureció.
- Tuve un sueño, uno extraño.
[Tic, tac, tic, tac]. El sonido del reloj interrumpió sus pensamientos. Confundida tomó su celular. Habían pasado cerca de 12 horas, estaba oscuro. Su celular le mostraba que tenía 18 llamadas perdidas de Mamá y 2 de Alfredo.
- Debo ir a casa.
«¿A casa?» Esas palabras le resultaron extrañas, desconocidas, como si no entendiera el significado de lo que acababa de decir. Se levantó del suelo aún confundida por lo que había ocurrido. Subió al baño y se sorprendió al ver su rostro. Pero esta vez no la sorprendieron lágrimas en sus ojos, sino moretones y arañazos que no se limitaban a una zona, sino que se esparcían sin piedad a lo largo de su cuello y brazos. Asustada se desvistió. No tenía sentido, todo su cuerpo estaba lleno de golpes y heridas frescas.
- ¿Qué rayos sucedió? – Nada tenía sentido.
- Esta mañana no tenía nada, sí, definitivamente no tenía nada…. ¡No, espera!... cuando me vi al espejo no podía ver nada por las lágrimas…pero….
Intenté recordar qué había ocurrido. Tuve un sueño, uno extraño.
Me encontraba caminando de regreso a casa, era tarde. Fue un día especialmente cansado y solo quería ir a dormir. La luz del poste titilaba. Extrañamente la ciudad estaba especialmente tranquila, como si todas las personas hubieran tenido un día tan cansado como el mío y simplemente decidieron irse a dormir temprano. Vi la hora, eran las 12:30 am. Había estado lloviendo todo el día y para entonces yo estaba completamente empapada. Estornudé un par de veces.
- ¡Rayos!, lo que me faltaba Mi cabeza me dolía, tal vez tenía fiebre. En medio del silencio de la ciudad, pude escuchar un par de pasos que se aproximaban indiscretamente hacia mí. Antes de lograr girar mi cabeza sentí un fuerte impacto en mi hueso occipital. Todo se oscureció. Cuando abrí mis ojos de nuevo vi como el cielo se movía. O más bien, ¿yo lo hacía? Sentí como se clavaba algo en mi espalda. Solo hasta entonces me percaté de que alguien me arrastraba de los pies. «¿Alguien?» «¿un hombre?» Estaba encapuchado, tenía un impermeable de agua negro. Podía escuchar como las gotas caían e impactaron sobre él. Mi cabeza se golpeó contra el suelo y solo entonces me di cuenta «estoy siendo secuestrada»
- ¡AYUDA!
Él se detuvo, se acercó a mí y todo se desvaneció. Cuando abrí mis ojos pude ver algo que me resultaba conocido. Esa gran puerta de madera con una ventana circular en el centro. Observé unos cuantos rasguños en su parte inferior. La puerta chirrió al abrirse. Entre mi confusión pude ver una cómoda y sobre ella una lámpara color marrón. Mi brazo derecho rozó unos sillones grises que lucían un tanto desgastados. Pude observar una gran y pesada mesa de madera con cuatro sillas. Era evidente, era mi casa. Traté de patalear, sujeté los muebles, pero era inútil. En mi desesperación algo hecho de vidrio cayó al suelo y estalló.
[Ring, ring]
Adele se sobresaltó. Sus pensamientos le inquietaban, pero su mente se detuvo y su corazón se encogió al ver quién la llamaba.
- ¿Aló?
- ¿Dónde estás? Te dije que Abigail desapareció, ¿por qué aún no vienes a casa?
- …
- Será mejor que vengas rápido. Tu madre está desesperada, acabamos de llegar de la estación de policía.
- ….
- ¿¡Me escuchaste!?
- … sí
Nada de lo ocurrido tenía sentido
-Abigail, ¿qué te ocurrió?
Adele apenas alcanzó a murmurar sin muchas fuerzas y de pronto una imagen apareció en su mente. Era nítida, tan vívida que casi pensó que era real. Pudo ver a su secuestrador, parado frente a ella. Vio sus ojos, sus enormes y oscuros ojos, sus labios pomposos, que se alargaban sin disimulo para mostrar una sonrisa perfecta, su nariz larga y afilada y sus pómulos pronunciados y rojos. Adele se estremeció, no tenía dudas, pudo verse a sí misma o, mejor dicho, pudo ver a su hermana gemela, Abigail.

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