Érase una vez en un pueblo muy lejano escondido entre las montañas, una joven admiraba curiosa el único puente que había, lo único que los conectaba con el exterior, y lo único que estaba prohibido pisar.
Umbra era esa joven, claro que podía ver claramente los señalamientos alrededor de él, tenía tres ojos con los cuales podía leer muy bien cada uno de ellos, pero la curiosidad era mayor que cualquier cosa, y había planeado ese día desde que tenía memoria, ella solo quería saber cómo era allá afuera, era doloroso dejar a todos atrás, pero se había prometido, y les prometió a todos en la carta que había dejado junto a su cama, que volvería dentro de una semana, estaba lista, llevaba todo lo necesario, lo único que faltaba era ponerse en marcha.
Respiró profundamente, contó hasta tres mentalmente y saltó el pequeño límite de maleza que se detenía en el puente de piedra, dio tres pasos y miro hacía atrás, entre los árboles aún distinguía las casas que conformaban el pueblo, negó un poco con la cabeza, el volver no era una opción y lo sabía, si no lo intentaba tan siquiera una vez, se arrepentiría siempre.
Saco la brújula que llevaba en su equipaje y lo colgó en uno de sus collares, sabía que el lugar al que debía ir estaba al norte, en las historias siempre se encontraban al norte esos desconocidos lugares, y su hogar siempre estaría en el sur, así que solo debía seguir la dirección contraria que le marcaba su brújula. Un plan sencillo, que seguramente no tenía fallas en ningún lugar.
Y así, comenzó su camino, avanzo por el puente sin hacer ruido y con los nervios a flor de piel, no era la primera vez que estaba en ese lugar, pero si la primera que había decidido atravesarlo. Justo en ese momento el recuerdo paso por su mente, era pequeña, usaba el cabello mas largo y era la primera vez que se acercaba al puente, su mejor amigo; Thomas, la acompañaba ya que se encontraban jugando, pero ese día se habían sentido lo suficientemente valientes como para acercarse, ya que siempre se contaban historias de terror sobre aquel lugar, hablaban de una mujer que aparecía por las noches, alguien con la piel clara, dos ojos y el cabello claro, pero ellos sabían que solo eran historias de la hoguera, nada más, la maleza ya había hecho su hogar ahí y era lo que más se veía, ellos conocían muy bien todas las hierbas que crecían cerca del pueblo, ya que era algo que les enseñaban en la escuela, así que les pareció algo extraño ver algunas que se encontraban del otro lado del puente, pero antes de que pudieran cruzarlo por completo, uno de los adultos del lugar llegó para llevarlos lejos de ahí y darles una buena reprimenda y recordarles, “nunca deben cruzar el puente”.
Umbra se detuvo al recordarlo, ¿realmente quería hacerlo, realmente estaba lista para hacerlo o realmente era importante? si, claro que sí, ahora se encontraba más motivada que antes así que siguió caminando sin volver a mirar atrás.
Ya algo alejada de la entrada del pueblo sacó la brújula para empezar a seguir un camino, llevaba lo suficiente para sobrevivir una semana, y si por alguna razón llegaba a perderse, sabría sobrevivir en la naturaleza, siempre los habían preparado para eso, algo extraño porque los aldeanos no pensaban salir, pero en parte razonable ya que vivían rodeados de ella, y para ellos, la naturaleza era una parte importante de su vida, habían aprendido a cuidarla y a vivir de ella. así que cuando Umbra vio un camino pavimentado se sorprendió, sabía que había caminado mucho pero no estaba lista para ver algo así tan pronto, miro hacia los lados algo preocupada, había un letrero frente a ella que advertía a las personas sobre los posibles monstruos que podrían habitar aquellos parajes.
Umbra se sorprendió y los nervios empezaron a aparecer, ¿monstruos?, ella nunca había visto algo parecido, ¿eran peligrosos?¿debería estar preocupada?
Disipó esos pensamientos y se fijó en el siguiente letrero que había, una flecha que indicaba el camino al pueblo, suspiró un poco aliviada y avanzó hacía donde la flecha indicaba. Por todo el tiempo que tenía caminando Umbra estaba agotada, y a parte de todo la tarde había caído y pronto dejaría de haber iluminación natural, así que debería apresurar el paso para poder llegar al pueblo lo más pronto posible y buscar un lugar en el cual descansar.
Pasaron algunos minutos y no parecía llegar al pueblo, la noche llegó y era difícil ver por dónde iba, estaba muy agotada así que se detuvo a descansar unos momentos, las piernas le temblaban, el no haberse detenido durante todo el trayecto que llevaba ahora le recriminaba. Miró hacía los lados buscando algo que le dijera que estaba cerca del pueblo, alguna pequeña señal, pero nada parecía indicar cuánto le faltaba.
Umbra agarro fuerzas y emprendió su camino nuevamente, siguió unos minutos más y empezó a notar algo extraño, la maleza y los árboles empezaban a disminuir y una extraña iluminación empezaba a aparecer. Se sorprendió por la vista que se presentaba ante ella, no mas verde, solo gris y postes muy altos que iluminaban las calles de aquel extraño lugar, se veía obviamente más grande que su pequeño pueblo, y era algo aterrador para ella, pero no se detuvo, siguió caminando y entro a la ciudad, todo se veía muy… cuadrado, las casas parecían ser las mismas, el mismo tono, solo parecía cambiar el número, y aunque el sol se había ocultado, aún habían habitantes fuera, ella podía verlos claramente, todos ellos se parecían a los monstruos y fantasmas de las historias que contaban en el pueblo, tan parecidos que un escalofrío recorrió su espalda y se escondió entre dos casas, ahora, lo único que le quedaba era decidir su siguiente movimiento.
¿hablar con ellos? y si... ¿eran tan aterradores como se decía?...
Una difícil decisión y su primer problema había aparecido en su camino. ¿Cuánto tiempo le tomaría a Umbra darse cuenta que ese lugar no era para nada como su pequeño y tranquilo pueblo?

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