―Me parece que su tío sospecha. Nunca habíamos ido a esa parte del nivel tres. La verdad sólo habíamos visitado planetas pequeños y a juzgar por el código vibratorio espacial diría que el planeta donde está el reino es bastante grande.
―¿Cómo puedes saber eso sólo con el código? ―Preguntó Yatm curioso.
―Puede saberse muchísimo más sólo con el código, pero hay que saber leerlo.
―Y tú sabes leerlo. ―Agregó Yetm.
―No totalmente, sólo algunos fragmentos. Nadie lo ha descifrado por completo.
―¿Ni siquiera Roshu? ―Preguntó Yatm.
―Ni siquiera Roshu.
Los hermanos estaban sorprendidos. No conocían a nadie tan entregado al estudio de esos otros mundos como su tío. Que hubiera algo que él no pudiera hacer los preocupaba, pero recibir la ayuda de Endekaiser y de su tío era un alivio. Dejaron de lado cualquier motivo de discusión y motivados por el apoyo recibido, pidieron tacos a domicilio y planearon estrategias de combate por si otra feroz bestia aparecía.
Planeando, las horas pasaron, la callada noche los cobijaba, delgados rayos de luna atravesaban la rendija de la ventana del dormitorio de los hermanos, pero un furtivo az se escabullía por la ventana de la sala y se posaba sobre Endekaiser, que yacía dormido en el sillón. Recibido el código vibratorio espacial y las coordenadas, sabía dónde encontrar a los chicos en el otro mundo. Yetm dormía destapado y con el abanico frente a él; Yatm, al contrario, tapado con dos cobijas. Endekaiser, por su lado, descansaba plácidamente en un mueble de lujo color rojizo. A lo lejos, el débil sonido del vaivén de coches arrulló su sueño y pronto visitó el otro lado, ese donde las aventuras suceden.
Silencio nocturno, oscuridad total. De pronto, sus mejillas fueron acariciadas por una delicada briza con aroma floral. Abrió los ojos y alcanzó a ver la entrada del reino, colosal, imponente, elegante, y probablemente cubierta de hermosos detalles arquitectónicos que ignoraría al pasar junto a ellos, si tan sólo el reino no estuviera a varios kilómetros de distancia. Él no era una persona paciente, no quería tener que caminar todo ese trayecto. Para su buena suerte, él había dedicado gran parte del tiempo de dominio del poder onírico en la rama de invocación. Así que simplemente hizo un movimiento con la mano e invocó a un extravagante caballo esquelético. Pasaron tal vez diez o quince minutos, hasta que fue detenido en la entrada.
Lección 1: En las dimensiones oníricas se puede tomar la apariencia deseada y resguardar la identidad. Sin embargo hay leyes "naturales" que limitan este acto.
Endekaiser era una persona social, pero su apariencia era tan amigable como una daga clavada en un ojo. Vestía una gruesa y pesada armadura negra, con un cráneo en cada hombro, rodilla, y en la parte frontal de la cadera. Además, su casco tenía dos grandes cuernos como de bisonte, que daban un aire malévolo. Los guardias, en tono soberbio, le exigieron que se identificara, desgraciadamente la manera de socializar de Endekaiser consistía en, como él lo diría, una prueba de fuerza combativa. O sea, pelea a muerte. Pronto su enorme guantelete llego al mango de la espada en su espalda, diez arqueros le apuntaron con sus flechas y veinte guardias desvainaron en su contra. Entonces decidió no blandir su espada.
―¿Qué estoy haciendo? ¡Yo vine a protegerlos! Jaja. Me conocen como Endekaiser, es un placer conocerlos. Tengo entendido que los caballeros Aquax y Magmund se encuentran aquí. Me...
Fue interrumpido por diez flechas que pasaron alrededor de su cabeza.
―¡Dinos la verdad! ¡¿Cuáles son tus intenciones?!
―Eso estaba a punto de decir ―Explicó tratando de calmar su impulso de pelea y continuó ―Me solicitaron como apoyo para averiguar el origen de una bestia que estuvo devorándolos.
―¿Él es el apoyo que nos dijeron que vendría? No puede ser, no le confiaría ni mis petunias.
Después de un breve cuchicheo entre guardias, decidieron dejarlo pasar. Lo llevaron escoltado hasta la taberna. Pasaron por la avenida principal, cruzaron las primeras dos glorietas y llegaron a la esquina.
―Que bonito lugar tienen aquí, y no me refiero sólo a la taberna, es bonito aquí de verdad. ¿Por qué no hay nadie?
―Todavía es muy temprano, es apenas mediodía. ¡Ah! Supongo que pensaste que estabas en la parte diurna de la ciudad. Como sea, se corrió el rumor de que los caballeros reales reclutarían mercenarios para una misión suicida, y al parecer, hasta los más locos tienen miedo. Después de ver el estado en que los campeones del reino terminaron, es lógico que teman por sus vidas.
―¿Así que los campeones del reino, he? Esta tarde me enteré de su gran prestigio y poder, sin embargo... resultaron gravemente heridos en combate. Hace tiempo yo no enfrento a alguien digno, espero poder enfrentar a un rival competente.
Los guardias se hartaron de su presunción y lo abandonaron en la taberna. Por fortuna, los hermanos llegaron a la taberna antes que Endekaiser buscara pelea con el tendero.
―¡Aquax, Magmund! Ya era hora, me estaba desesperando aquí. Puedo ver que todavía no recuperan sus extremidades, ni han sanado del todo las demás heridas. Eso toma un tiempo, se los digo por experiencia.
―¿Cómo lo sabes? ―Preguntaron los hermanos mientras buscaban donde sentarse.
―¡He! ¿Por qué no vienen aquí a la barra? Acabo de hacer un nuevo amigo, dijo que no era necesario que le pagara. Que agradable sujeto. Me agradas, Steve.
―Me llamo Stan.
―Eso dije. En fin, ¿cuándo nos vamos?
Los hermanos tuvieron que recordarle que no podían irse sin Roshu, además todavía faltaba esperar que se unieran mercenarios a su empresa suicida. Yatm, sabiendo lo impaciente que era su amigo se le ocurrió que su hermano podría llevarlo a dar una vuelta por el reino y cuando llegara Roshu, lo llamaría por telepatía. Una habilidad que a veces utilizaban, sin embargo, debido a la gran dificultad que presenta, solamente podían enviar dos o tres mensajes cortos por sueño. Aun así, en una ocasión lograron utilizar la telepatía en el mundo "real". Endekaiser accedió interesado y salió de la taberna con grandes pasos.
Lo primero que vio al salir fue al grupo de guardias, hacían un circulo emocionados. Al parecer uno de ellos había comprado una botella de un liquido amarillo fosforescente y estaban entusiasmados por beberlo. Los vio quitarse el casco, creyó que vería una gran sonrisa en ellos pero... tenían cabeza de hormiga. Se dio cuenta entonces que su armadura era en realidad un exoesqueleto, sólo el casco era removible. Se preguntó porqué no había conocido ese reino antes, luego recordó que las aventuras en que acompañó a sus amigos fueron en otros mundos.
Pocos después, Endekaiser y Yetm recorrían la ciudad capital del reino sobre un ciempiés gigante que viajaba en lo que parecía ser vías de tren, pero estas vías no estaban en el suelo, sino en el aire y daba la impresión de ser una montaña rusa, pues llegaba a grandes alturas, daba vueltas y se retorcía.
―Magmund, hay algo que quiero preguntarte.
―¿Qué ocurre? ¿No te gusta el paseo?
―No es eso, es sólo que en los mundos en los que he estado casi siempre hay una anormalidad física, me sorprende que aquí no sea así.
―Bueno... eso nos ha ocurrido solamente en el nivel uno punto cinco, pero rara vez hemos estado ahí.
―¿El nivel uno y medio? Ahí es donde suelo estar. ¿Eso significa que conocen los niveles pero no sabían que están en el tres?
―No sabíamos qué pensar, creímos que sólo era un lugar apartado.
―Sin duda este nivel es impresionante, pero... te contaré un secreto. Se dice que en el nivel uno y medio se encuentra la sabiduría absoluta y que además, ahí están las puertas de acceso a los sueños y mentes individuales.
―No puede ser. ¿Es en serio? Eso suena a controlmental.
― Sólo son rumores. ¿Ya te conté de la vez donde luche con una alpaca bárbaro? Fue en el nivel tres, y había una irregularidad física, esta consistía en que de vez en cuando algunas zonas de césped eran disparadas como navajas. En ese entonces mi armadura no era tan gruesa y la alpaca casi me gana la batalla.
―Si ya nos lo contaste, y también contaste que te pareció injusto que su suave pelaje absorbiera el césped y curase sus heridas.
Endekaiser enloquecía al recordar esa pelea, pero algo captó su atención, algo que lo obligó a ponerse serio.
―¿Aquí tienen muerciélagos-araña?
―No para nada. Ni siquiera hemos visto uno.
―Creo haber visto uno, aunque... no salen de día.
―Quizá te confundiste con las gaviotigres, de esas hay muchas, ya no sabemos qué hacer con ellas. Un día están satisfechas con semillas y al otro se comen al ganado... pobres vacavestruces, ponen tan buenos huevos y dan excelente leche.
Las criaturas que Endekaiser había visto en el reino fueron demasiado para él, se sentía mareado. El nivel uno y medio era muy diferente. Entre tantas extrañezas que vio, pronto el sol estaba por desaparecer, las sombras se engrandecían y lo cubrían todo. Mediante telepatía los hermanos confirmaron que no había señales de Roshu, pero cinco mercenarios aguardaban para unirse a la aventura.
Ya en la taberna fue explicada la situación. Ahora todos ellos sabían que los hermanos debían evitar usar sus poderes si querían sanar pronto. Esto dejaba a los mercenarios solos con Endekaiser y Roshu para desentrañar el misterio de la bestia. Después de la formalidad, Endekaiser consideró que era tiempo de brindar por una nueva aventura.
La taberna era de tamaño medio chico y estaba hecha de piedra y madera, pero ambos materiales de la mejor calidad, además el diseño era acogedor. Si no oliera tanto a néctar fermentado casi parecería restaurante familiar. Los hermanos eran los únicos sin beber. Los mercenarios, Endekaise e incluso el tendero bebían. Eran los únicos en el lugar. Entre risas y bromas de guerreros; los mercenarios festejaron por esa nueva empresa que prometía una recompensa colosal. Siguiendo con los chistes uno de ellos narró:
―Un mercenario y un espía entran en un bar...
Mientras tanto, el exterior ya estaba oscuro y más silencioso de lo normal. La alegría de la taberna escapaba y resonaba en la pequeña calle. Bajo la luna menguante, pasó volando un murciélago-araña hasta posarse sobre un guantelete, que descansaba apoyado en un gran mazo de madera con enormes clavos incrustados. Desde el techo en contra esquina de la taberna, vigilaba paciente, una especie de trasgo, de piel verde grisáseo, con colmillos en lugar de dientes, y enormes y puntiagudas orejas y nariz. Su cuerpo era sumamente delgado, pero musculoso; tenía extraños tatuajes negros, que más bien parecían símbolos arcanos fundidos en su carne junto a un puñado de cicatrices. Vestía con una especie de falda protectora, como una escarcela cubierta con un taparrabo, asemejándose a un gladiador; también tenía un cinturón táctico con bolsillos, y botas cafés, Además de una cadena amarrada en a la cintura.
De un bolsillo sacó diez pequeñas esferas verde oscuro, viscosas y palpitantes. Era casi imperceptible, pero también había en ellas un extraño símbolo negro. Las arrojó a la calle y al romperse una luz negra escapó. Destruidas las esferas, un liquido verdoso salió de ellas, en medio del liquido, se retorcían lo que parecían ser gusanos. Con el paso de los segundos, los gusanos absorbieron el extraño liquido y se transformaron en algún tipo de iguana, pero con el tamaño de un perro mediano y con cabeza de algún tipo de planta carnívora.
Dentro de la taberna, las risas seguían, la importante reunión se había animado. El mercenario terminó su chiste:
―...y entonces dijo "¡No es una princesa, es mi hermana!" ― y echaron a reír todos, excepto los hermanos.
―No entiendo. ― Comentó Yetm.
―¿Qué tiene de gracioso? ― Preguntó Yatm.
―Lo entenderán cuando sean mayores. ― Respondió su amigo.
Mientras tanto, afuera las monstruosidades olfateaban el lugar, de sus bocas salía una larguísima lengua azul que se movía sutilmente, como la cola de un gato. De pronto, uno de los tatuajes del trasgo brilló con una luz negra, aquellas extrañas bestias soltaron un agudo aullido y de un salto entraron al lugar destrozando las ventanas y silenciando la feliz reunión.
―¿¡Iguacas, aquí!? ―Preguntaron al unísono los hermanos, sorprendidos.
―¿Qué es una iguaca? ―Preguntó Endekaiser.
―La combinación de una iguana y una planta carnívora. ―Explicó Yatm.
―¿¡No estás viendo!? ―Reclamó Yetm.
Los mercenarios corrieron por sus armas. Uno de ellos llevaba siempre consigo su espada, fue el primero en desvainar contra una de las bestias, pero la extensa lengua azul lo tomó del brazo con que sostenía su espada y esta cayó junto a una silla. Otro mercenario era una chica amante de las hachas, lanzó una de ellas y cortó la lengua, liberando al atrapado.
―¿Qué te sucede? ¡Recoge tu espada!
―¡N-no... no puedo mover el brazo!
―Ese es el problema de enfrentar iguacas, sus lenguas son tan rápidas como látigos y si tocan una parte de tu cuerpo la inmovilizan por más de una hora. ―Explicó Yatm y agregó ―Pero también usan su lengua para llevar a sus presas hasta su boca, si te muerden puedes darte por muerto.
―Es una de las bestias más peligrosas contra las que hemos luchado. ―Confesó Yetm.
―¿Hay alguna manera de vencerlas? ―Preguntó un mercenario con ballesta.
―Luchando a distancia, y en caso de no ser opción, más vale llevar armadura. ―Respondió Yetm.
―Perfecto.
De los cinco mercenarios, solamente él llevaba armadura y arma a distancia. Las bestias los acorralaron a todos en un círculo.
―¿Crees poder encargarte de esto? ―Preguntó Yatm a Endekaiser.
―¡Claro! ―Afirmó como tratando de convencerse.
Fuera del local, otro de los tatuajes del trasgo brilló, entonces dio un gran saltó hacia la taberna, y todavía en el aire, incrementó su tamaño a seis metros. Su ropa y arma crecieron con él, y con el mazo, mientras aterrizaba, destrozó el techo y la puerta de entrada. La sorpresa de todos fue evidente. Sus ojos completamente abiertos, hundidos y ensombrecidos, aterrorizados. Nadie había visto nada igual.
―¿Y... de eso? ―Yatm le preguntó de nuevo.
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