Cuando Ming Chen abrió la puerta el olor a quemado entro como un ola en aquella casa. Afuera, la aldea había sido tomada por monstruos humanoides deformes con la piel pálida y con cuatro brazos dos de ellos mas pequeños como los de un niño y totalmente deformados y con unas largas uñas. Ming Chen salió rápidamente y le lanzo un tajo a una de esas criaturas cortando uno de sus brazos. Esta chillo y se abalanzo sobre el tarándole al suelo. Ming Chen se quedo inmóvil y sin posibilidad de hacer nada debido al peso de aquella criatura que casi doblaba el suyo. Ming Chen pronto se quedo sin aire y su vista se empezó a nublar cuando vio que una hoz atravesó la boca de la criatura y esta lanzo un chillido horrible al aire. Ming Chen aparto el cuerpo del monstruo y se levanto rápidamente. Busco su espada por unos segundos y cuando la diviso en el suelo no muy lejos de donde estaba la recogió rápidamente. Cuando giro la vista a su lado vio que el viejo había sido el que le había salvado de la muerte.
—Son demasiados—dijo el viejo jadeando.
Ming Chen cerro los ojos se concentro por un momento. De su cuerpo salió un aura azul que se disipo en un estallido golpeando a todos los monstruos del área y tumbándolos al momento.
Eres un bendecido—dijo el viejo—Pensaba que os habías extinguido.
—Todos no—contesto Ming Chen.
ras varios minutos las criaturas se volvieron a levantar con un aura roja rodeándoles y atacando con aun mas rabia que hace unos instantes. Ming Chen siguió luchando con ellos pero en aquel estado aun cortándoles la cabeza los monstruos seguían levantándose y seguían atacando a los aldeanos. El viejo le señalo a una dirección y Ming Chen giro la cabeza hacia alli. Por fin entendió que había provocado el incendio en la aldea y que le estaba dando poder a esas criaturas. Era una niña con un vestido blanco sucio y roto su largo cabello le tapaba la cara y tenia los pies llenos de sangre por caminar sin zapatos.
—Solo es una niña—le grito el viejo—Una niña ha provocado este desastre.
—No es una niña—contesto Ming Chen—Es caos.
—¿Puedes luchar contra ella?
—Solo no—contesto Ming Chen mirando directamente a los ojos del viejo.
—Entonces sube a tu caballo y vete yo luchare—le ordeno el viejo—Pero hazme un favor llévate contigo a mi hija.
Ming Chen asintió y el viejo fue a la casa a buscar a su hija. La saco a rastras y la llevo hasta el donde estaba el caballo. Ming Chen acabo de preparar al animal y ayudo a la chica a subirse a el para luego subir el.
—Huye bendecido huye y no mires atrás—le dijo el viejo con lagrimas en los ojos—Adiós margarita mía—dijo mirando a la chica.
Ming Chen le dio un golpe al caballo y salieron a toda velocidad de allí esquivando casas, escombros y algún que otro monstruo que se abalanzaba sobre ellos. Cuando salieron de la aldea Ming Chen volvió a ponerse de camino a su ciudad natal, tendría muchas cosas que contar a su tío.

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