Cuando se alejaron unos kilómetros de la aldea Ming Chen aligero la marcha y hecho la vista atrás para ver el estado de la chica. Estaba con la cara sucia menos debajo de los ojos donde se la habían formado dos carriles hasta la mejilla donde no había ceniza debido a las lágrimas. La chica seguía llorando, pero ahora en silencio cuando se dio cuenta que la estaba mirando. Lo único que se veía a aquella distancia de la aldea era una humareda y unas llamas gigantescas de más de quince metros.
—Tranquila puedes llorar—dijo Ming Chen volviendo la vista hacia delante.
Lo siento, es que todo lo que ha pasado—contesto la chica secándose las lágrimas.
—¿Parece algo de cuento verdad? —le interrumpió Ming Chen—Tranquila en la ciudad estaremos a salvo el gobernador es mi tío tendrás una habitación propia y yo me asegurare de encontrarte un trabajo para que puedas mantenerte cuando yo me vaya.
—¿No te vas a quedar? —pregunto la chica.
—Nunca he sido de quedarme en un sitio mucho tiempo me
gusta viajar, por cierto ¿cómo te llamas?
—Me llamo Luna—contesto la chica.
—Pues encantado Luna yo soy Ming Chen.
—¿Y qué lugares has visitado? Yo
nunca he salido de la aldea mi padre nunca me ha dejado—Luna se quedó callada
esperando una respuesta de Ming Chen—¿Podemos hablar?
—Claro, habla—contesto Ming Chen.
—Contesta a mi pregunta entonces—dijo Luna enfurruñada.
—No me gusta hablar de mis viajes quizás algún día tu puedas viajar y vivirlo tu misma—contesto Ming Chen.
—¿Contigo? —pregunto Luna con los ojos bien abiertos y con un gran destello de esperanza en los ojos.
—Bueno no soy de los que viaja con compañía, pero no estaría mal—contesto Ming Chen—Me lo pensare, pero tendrás que demostrarme que eres fuerte y útil.
El viaje siguió en silencio hasta por fin Ming Chen avisto las murallas de la ciudad y en el centro la alta torre del gobernador donde reside su tío y su familia. En la puerta se acumulaban carros con mercancía, pero ser vendidas en el mercado, pero debido a las guerras los bienes y productos a vender eran muchos menos. Ming Chen y Luna esperaron durante una hora hasta que llegaron al portón y pudieron acceder finalmente a la ciudad. Fueron con rapidez hasta la torre y se acercaron hacia los guardias que había en la puerta.
—Menudos guardias más vagos—dijo Ming Chen acercando-se hacia ellos.
—Y que hombre mas feo—contesto uno de ellos.
—Te veo viejo Yong—dijo Ming Chen mientras le daba un abrazo.
Yong era un hombre fuerte y ancho con cicatrices en su cara y con algunas canas en su pelo.
—Veo que vas bien acompañado—dijo Yong mientras echaba la vista a Luna—¿Es tu mujer?
—No—contestaron Ming Chen y Luna al unisonó.
—Vale tranquilos tan solo era una broma—dijo Yong sonriendo.
—Necesito hablar con mi tío y necesito que tú también vengas.
—Esta bien, acompañadme—contesto Yong.

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