Así fue como pasaron un poco más de 5 años viviendo juntos. 65 seguía siendo una joven animada y sincera. Ya no lloraba tanto como antes, solo cuando tenía mucha hambre, si estaba muy cansada o si alguno de sus compañeros se lastimaba. También se asustaba de los guardias y aunque ya era mucho más habilidosa para realizar diferentes trabajos, 64 seguía siendo sin duda el mas rápido y ágil. Por otro lado, 66 era sin duda el más fuerte, no le interesaba agilizar su paso ni poner a prueba sus habilidades, era un tipo relajado. Aunque llevaban un poco menos de dos años de conocer a los gemelos 63 y 62, Lewis y Héctor, al ser los menores del grupo les agarraron cariño rápidamente. Especialmente por ser un par tan bromista y singular.
66, 65 y 64 habían tenido "suerte" de haber permanecido allí durante cinco años. Habían tenido buenas relaciones con el anterior 63 y también con el 67 pero se fueron, o como dirían algunos, pasaron a mejor vida. 63 murió por un accidente de trabajo en la construcción, pero a 67 lo mataron los guardas, o eso pensaban los presos. Su castigo, no se hizo público, se lo llevaron a algún lugar y nunca regresó. Igual que algunos otros prisioneros, había intentado escapar. Justo después de la jornada de trabajo en lugar de regresar a la celda se escabulló con unas llaves, que le habría quitado a algún guardia, hacia los niveles superiores del edificio donde probablemente estaba la salida de aquel lugar. Sin embargo, como muchos otros, fue descubierto, atrapado y su muerte fue avisada a través de las pantallas de la prisión.
Un tiempo después de eso, llegaron los gemelos. Dos pequeños traviesos llenos de energía y bastante listos, ya que a pesar de sus travesuras lograban salirse con la suya con facilidad sin ser notados por los guardias la mayoría del tiempo. Los gemelos tenían 11 años de edad, ambos tenían el cabello marrón chocolate y la piel un poco bronceada. Es fácil dejarse engañar por ellos debido a su belleza. Tenían el cabello un poco largo con el que se tapaban; uno de ellos el ojo derecho y el otro hermano el ojo izquierdo. Sin embargo al entrar a la prisión se les cortó el cabello. Así fue visible para todos que tenían ojos de distintos colores. Un ojo era color miel y el otro ojo era azul. Los dos eran inteligentes, traviesos y habladores pero 63 era el más serio, de mente calculadora, mientras que 62 era más amable y seguía a 63 en todo lo que hiciera. A veces tenía el hábito de esconderse detrás de 63 después de haber hecho alguna travesura o simplemente por afecto. Dónde más se diferenciaban uno de otro era a la hora de trabajar. Los dos eran demasiado inteligentes, pero 63 era definitivamente más rápido y más serio, causando a veces una apariencia mucho mayor a la de un niño. Por esta misma cualidad, parecía llevarse mejor con 64 que cualquier otro, se entendían fácilmente y ambos tenían un amplio conocimiento de diversas cosas.
La amistad entre ellos había crecido a pesar de las pocas horas al día que tenían para compartir. La jornada de trabajo de 8 horas, luego duermen y comen en 8 horas y trabajan 8 horas de nuevo. Al empezar cada jornada, son despertados una hora antes ya con comida en frente, la que había sobrado del día anterior. Salen de sus jaulas, y pasan la lista. El trabajo empezaba a la hora exacta y de no habían descansos hasta el terminar las 8 horas. De ser necesario se les permitía una bebida energética. Al terminar, de camino a sus jaulas se pasaba lista y cada uno era desinfectado por una una máquina que esparcía una especie de vapor que tenía el guardia a cargo. Entraban a la jaula y había comida nueva, justo dos porciones, la que debían comer en ese momento y la que debían dejar para la siguiente jornada. Así se repite el ciclo.
Dentro de ese lugar no había ni día ni noche como las conocían, solo luces encendidas o luces apagadas. Entre ellos se referían al tiempo de comer y dormir como “noche” y desde que despertaban a hasta que volvían a sus jaulas “día”. Lo único que podían suponer era cuando era invierno, ya que siempre había una época en la que sentían frío por la temperatura baja. El uniforme era un jumper que se abría por una cremallera en el centro de la camisa con mangas cortas, pantalones anchos y todo de color beige. En la manga izquierda, que era el brazo donde llevaban tatuado su número de identidad, tenían una serpiente dibujada alrededor de la manga, dándole la vuelta completa. Aunque no era suave, era cómodo y ligero. En invierno les dejaban una manta junto con la comida en las noches dentro de las jaulas y a la hora de trabajar se les daba una chaqueta larga y gruesa la cual debían regresar al terminar la jornada. Lo único que conservaban eran los zapatos que se les daban con medias extra gruesas, a cambio de las sandalias de goma negras que usaban la mayoría del tiempo. Esto se les quitaba cuando la temperatura subía nuevamente. También sabían que era obligatorio comerse todo lo que les dejaban en la celda. Si no comían, a la noche siguiente no recibían comida, y así sucesivamente hasta que se comieran su comida vieja o murieran.
Mientras trabajaban no podían conversar mucho pero bastaba para por lo menos intercambiar algunas palabras. Siempre hallaban la manera, como en el descanso diario entre las jornada de trabajo o cuando debían trabajar en la construcción del edificio contiguo. También traían consigo comida desde la celda y la compartían en secreto cuando podían o se entendían a través de señales y miradas. No todos hablaban sobre ellos mismos, en especial 64 no comentaba mucho sobre su vida antes de llegar a aquel lugar, pero sólo el hecho de que todos estaban allí era suficiente para sentirse unidos de alguna manera, sin importar quién hubiera sido qué en su vida antes de la prisión. Por otro lado, las “noches" eran los momentos donde estaban en sus celdas en la oscuridad, pero se habían acostumbrado a hablar de diferentes temas antes de irse a dormir. Pero había alguien en particular al que todos querían escuchar justo antes de dormir: 64. Aunque era reservado en temas personales, se notaba que había aprendido muchas cosas antes de llegar a la prisión. Entre esas, historias. 64 había leído tantos libros que había perdido la cuenta, y aunque pasara el tiempo, era bueno para recordarlos. Se levantaba en el centro de su celda y empezaba a contar algo mientras se movía como si mirara hacia todas las celdas de alrededor. Hacía gestos con las manos y variaba el tono de voz para mantener a todos introducidos en su narración. Justo antes de dormir, normalmente había alguien que le pedía que contara algo. Sus historias sobre el mundo o sobre fantasías eran disfrutadas no solo por los del grupo 60 si no por otros presos de los alrededores también, quienes contaban las historias de 64 a sus compañeros más cercanos y así se iba corriendo la voz para que más personas pudieran entretenerse con ellas.
Una noche de regreso del trabajo, 62 estaba tosiendo bastante. Habían pasado trabajando afuera ya que pronto se iba a terminar la construcción de la segunda torre, gemela a la torre donde ellos vivían, y tal vez por haber recibido tanto polvo de la limpieza le había quedado un poco de tos. Cada vez que alguien se enferma es un tema. Nadie se quiere resfriar, y desde luego el enfermo debe curarse rápido. Hay una medicina general para gripe que le dan a todo aquel que muestra algún síntoma pero eso es todo. Los guardias no se podían dar el lujo de tener a alguien enfermo y que enfermara a los demás, pase lo que pase el trabajo no puede parar, así que no dejan a nadie enfermo por mucho tiempo. Si se tornaba indomable, el paciente era desechado. Pero afortunadamente, era una tos leve que acababa de empezar.
-Os, nos contarías una historia para que Héctor se pueda dormir? -pregunta 63 a 64.
-Mmm.. ¿quieres que se distraiga de su tos?
-Si y quiero que se duerma temprano para cuidar que no empeore.
-Hermano de que hablas … esta tos no es nada…-dijo 62 intentando no toser.
-Desde luego que no es nada y por eso quiero mantenerla así, más te vale cubrirte bien la garganta al dormir o mañana te haré hacer mi parte del trabajo..mmm… o puedo hacer que un guardia te castigue… -dijo 63 intentando molestar un poco a su hermano.
-Cómo hicimos la vez pasada … -dijo 62.
-No es gracioso, ya les dije que meter en problemas a los demás prisioneros solo les traerá problemas -dijo 64 irritado.
-Ya sabemos, no nos metemos con los demás prisioneros eso sólo fue contigo el primer día que te conocimos -dijo 63
-Si ya sé, solo porque querías saber qué tan “habilidoso” podía ser para zafarme de esa situación con el guardia.
-Y lo lograste. No voy a olvidar cómo me miraste a mi y a ese guardia enojado… jaja te veías tan furioso que hasta él se asustó de tu mirada. En serio, hasta creí que ibas a quitarte las esposas con tu mana, sacabas chispas desde tus man…-
-Shhh. No podemos hablar sobre la luz, ¿recuerdas?. De todas formas nadie tiene un nivel de mana tan fuerte como para zafarse las esposas. -Lo interrumpió 64
-Si bueno… como digas, en cualquier caso yo tenía razón, desde ese día comprobamos que eras alguien interesante que podía razonar como nosotros. Te calmaste de inmediato y le dijiste al guardia que si no te castigaba trabajarías 3 veces más ese día… en serio… quién hace eso.
-De todas formas fui golpeado con su arma… -64 suspiró -tu sólo querías probar tu punto de que era alguien “digno de hablar contigo” o eso fue lo que dijiste aquella vez. Al final no eres más que un mocoso arrogante- dijo 64 en son de burla. En las celdas de los alrededores ya nadie se preocupaba de escuchar a estos dos discutiendo. Este tipo de cosas se habían vuelto tan cotidianas que ni 65 intervenía o se preocupaba de que se pelearan. Esos dos, aunque diferentes, eran muy listos y se llevaban bien a su manera.
-Ya sé, ya sé… ¡ey! ¡no me digas mocoso! -antes de discutir más, 62 dijo que no pelearan y después de toser un poco continuó con la voz un poco ronca
-Lo importante es que al final del día somos amigos, ¿no?
Después de un corto silencio 63 lanzó una pequeña risa
-Después de haber pasado esa prueba supongo que fue aceptado para ser mi amigo, ¿no es así, Os?
64 se alegró de escuchar la respuesta de 63, aunque debió haber sido algo evidente.
-¿Si ya sabes la respuesta para qué me preguntas? En serio ser amigo de ustedes dos es más agotador de lo que parece.
e hizo una pequeña pausa y siguió -Por cierto ¿No me dijiste que les contara una historia? …Qué les contaré hoy…mmm.. Hace mucho tiempo…-
Oslac empieza a contar una de las historias sobre las aventuras de Mister R. Era el protagonista de la mayoría de historias que contaba. En este caso, Mister R, después de un largo camino había llegado a la montaña de los pozos. Una montaña oscura por la vegetación tupida que tenía y donde vivían de los animales más peligrosos. Le tomó noches completas para poder llegar a la cima y en ella encontró una cueva que llegaba hasta abajo. Allí, con ayuda de su inseparable amigo, un cuervo negro, descienden a la cueva para encontrar un gran tesoro. Sin embargo, lo que encuentra es un mapa de cómo desbloquear las puertas para hallar eso que tanto anhelaba, por lo que su aventura debía continuar.
-Os, ¿quién es Mister. R? - le pregunta 63 a 64 - ¿es alguien que conozcas?-
-Mmm no. Es un personaje ficticio de mis libros favoritos de aventuras, “Las aventuras de un viajero”. Mr. R es el protagonista de esas historias. Se supone que es una trilogía, pero casi no hay copias de esos libros. Donde yo vivía solo estaba el primero y el segundo así que nunca pude leer el tercero.- 64 suspira mientras se acuesta y ve al techo - Es una lastima, lo que acabo de contar es sobre el último capítulo del segundo libro, así que nunca supe cómo continuaban sus aventuras. ¿Qué habrá tenido que hacer para obtener el tesoro? ¿habrá vuelto a su hogar?
-Probablemente si. En esas historias de aventuras normalmente los finales son buenos, ¿no?
-Si por buenos te refieres a felices si, yo diría que si. Oye Lewis, ¿Héctor se durmió?
-Si, gracias por la historia- a los pocos minutos de estar en silencio - Os, ¿estás despierto?
-Sí, ¿por qué?
-Os, ¿alguna vez has pensado en salir de aquí?
-¿De qué hablas?
-¿No te gustaría salir de aquí y leer el tercer libro?
-Pues.. supongo que si. Por supuesto que me gustaría leer el tercer libro… ¿por qué preguntas?, eso suena un poco obvio para preguntar viniendo de ti. Sabes que no podemos escaparnos ¿verdad?
-Pero, ¿te gustaría? Te gustaría escapar…
-Prefiero no pensarlo. ¿Por qué la inquietud?
-No por nada, me voy a dormir -dije 63, y se dio media vuelta para dormir.
Esa noche otra vez, 64 se fue a dormir pensando en muchas cosas y sobre todo en las últimas palabras de 63. “Escapar”. Realmente, ¿qué haría si escapara?, pensaba 64 para sí mismo cuando se quedó dormido.
* * *

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