Cuando 64 había logrado sobre calentar sus esposas, derribó con la vara a uno de los guardias y la puso entre las manos de 63, quien había logrado escabullirse de los brazos de los guardias, y agarró la vara con fuerza. Al sobre calentarse sus esposas salió corriendo hacia donde ya había observado que podría apagar los transmisores. Mientras tanto 64 peleaba contra cualquiera que se le acercara. 63 subió por una pequeña escalera y puso sus manos sobre unos tableros de circuitos en un muro. Frederick que lo había estado observando lanza sus cadenas contra él pero, 63 usó su mano rápidamente y en cuestión de segundos cortó la energía, pero una de sus manos se vio atrapada por las cadenas de Frederick y cayó hacía el suelo. El apagón llenó aquella habitación de oscuridad pero, no lo suficiente como para que no se pudieran ver. En ese momento mientras 63 forcejeaba para quitarse a Frederick de encima, alguien llegó desde atrás y agarró al oficial de un hombro para ver su cara y dirigir su puño directo hacia ella. Frederick aflojó las cadenas que sostenían a 63 para poner sus manos sobre su perfilada nariz, mientras 63 era levantado del suelo por el atacante, era 66.
-Rubí fue tras Héctor -le dice 66
-Llévame con ellos
-¿Cuál es el plan?
-Llegar a subir al nivel más alto y salir de aquí. -Le dice 63 a 66 mientras lo lleva cargado en la dirección de 65. Sin embargo, el camino era caótico. No solo para encontrar a 65 y 62, sino para salir de esa habitación. El apagón había causado pánico. Algunos presos habían salido corriendo, otros, habían empezado a pelear contra los guardias. Se había creado el caos.
-¡Héctor! -grita 63 al ver a 62 en brazos de 65 que tenía una mano colocada sobre la frente de 62 con una luz verde saliendo ella. Al escuchar la voz de 63, 65 termina y 62 se pone de pie. 66 coloca a 63 en el suelo y 62 grita -¡Lewis!- mientras corre a abrazar a su hermano que inmediatamente le pregunta -¿Estás bien?
-Si. Rubí me bajó la fiebre
-Salgamos de esta habitación ahora -dice 63 mirando a 62 y a 65. Todos asienten con la cabeza y se dirigen hacia la salida. Ya casi en la puerta 63 se vuelve a separar de 62 -¿A dónde vas? -le pregunta 62
-No veo a Oslac, tenemos que salir de aquí antes de que vuelva la energía
-Yo voy por él -le dice 65
-Tu ve con Héctor y 66, para que 66 los proteja, yo iré rápido hacia Oslac.
En ese momento Ronald, que no había movido un dedo en toda la situación estaba esperándolos justo en la entrada, recogiendo su cabello rojo en una cola baja. -Así que todos se encontraron. ¡Magnifico! -exclama mientras se quita su capa blanca. Seguidamente saca dos dagas, una en cada mano. 66 se pone al frente de los demás para protegerlos -Rubí, saca a los niños de aquí -y después de estas palabras empieza a pelear contra Ronald. 65 por su lado, agarró las manos de 63 y se las curó rápidamente con su mana. -Ve por Oslac y nos vemos afuera.
Acto seguido, toma a 62 de la mano para dirigirse hacia la puerta, pero Frederick viene detrás de ellos y lanza sus cadenas hacia 63, pero en ese momento llega 64.
-Te dije que iría detrás de ti -dice dirigiendo sus palabras a 63. Por un segundo 63 se sintió aliviado nuevamente. Pero al ver las manos de 64 heridas mientras agarra las cadenas regresa en si. -No te quedes peleando, ¡salgamos de aquí ya! -dice corriendo hacia 62 y 65. En eso 64 suelta la cadena de Frederick y corre detrás de 63. Frederick intenta atacar de nuevo pero no logra usar su arma entre la multitud de presos. Suelta sus cadenas y corre detrás de ellos. Pero en eso llega de nuevo la energía y el transmisor se encienden con más fuerza que antes. Todos los presos son atraídos hacia el transmisor. Menos 63 y 64 quienes habían sobre calentado sus esposas. Por otro lado, ya casi en la puerta, 65 empuja a 62 para que este caiga fuera de la puerta, mientras ella es jalada hacia atrás por el transmisor.
-Héctor, ¡termina el plan! -Le grita 65 a 62 forcejeando para no ser arrastrada pero es inútil. Incluso 62 fuera de la habitación sentía la fuerza magnética del transmisor. La fuerza era tan grande que atraía también las varas de los guardias y los oficiales de un mayor rango Frederick y Ronald, obligando al segundo a soltar sus dagas. Por otro lado 66 y 65 ya estaban de nuevo pegados a los transmisores. 64 y 63 salen a toparse con 62 -¿Qué ocurre con el transmisor? -pregunta 62. -Debieron subirle la potencia, si esto sigue así atraerá todo lo que tenga mana -dice 63
- - ¿Dónde están 65 y 66? -pregunta 64 mientras los busca.
- - Los volvió a atraer el transmisor -dice 62 mientras empezaba a ser jalado por el transmisor también.
- -Lewis, ve con Héctor y hagan lo que tengan que hacer. -dice 64 mientras entra de nuevo en la habitación.
En ese momento 63 toma a 62 de las manos y comienza a halarlo para ayudarlo a caminar hasta estar fuera de la zona del transmisor.
-Hermano, ¿qué hacemos? -dice 62
-Explotaremos el lugar, ¿tienes explosivos?
-Si, pero solo tengo uno, ¿podemos hacer una explosión en cadena?
-Exacto, es más que suficiente, acerquémonos al techo lo más que podamos-
-Sé hacia dónde ir -dice 62 y se pone a correr con 63 en dirección al sitio donde detonarían la explosión.
* * * * *
La fuerza del transmisor no paraba de aumentar. Los presos estaban pegados a él con manos y pies junto con otras armas. La esfera de energía ya se había empezado a formar y crecía rápidamente, tanto, que algunos de los presos ya se habían empezado a desmayar. 64 ya había visto a 66 y a 65 y se dirigió hacia ella. Por otro lado algunos de los guardias estaban en el suelo golpeados y otros se habían ido. Por su parte, Ronald decide salir de la habitación para ir tras 63 y 62, además de alejarse de la esfera de energía, ya que no le daba buena espina quedarse cerca a ella. Mientras, Frederick decide quedarse ya que había visto a 64 y no podía tolerar que los presos se estuvieran saliendo con la suya.
-¡Os! Sal de aquí -dice 65 a 64 quien no sabía qué hacer para quitarle las esposas. No podía tocar el transmisor o sus esposas se activarían de nuevo, y no podía utilizar ninguna vara para sobre calentarlas porque todas estaban pegadas a los transmisores.
-¡Cuidado! -grita 65 y en ese momento Frederick lanza un puño, que 64 logra esquivar. Los dos empiezan a tirar golpes. La energía de los transmisores sube y la esfera de mana negro se hace cada vez más grande. Esto hizo que el transmisor se empezara a sobre cargar, la cantidad de presos y energía eran demasiado para el transmisor y empezó a sobre calentarse dejando caer algunas de las varas de los guardias. En ese momento 64 va tras una de la varas esperando que funcionara y poder liberar a 65. En ese momento escucha un grito de 65. Frederick había agarrado uno de los cuchillos de Ronald y se lo había clavado a 65 en su brazo izquierdo.
-¡Ven, 64! -le ordena Frederick dejando a un lado su porte de alto oficial mientras perdía poco a poco la cordura. - Únete al resto de los presos, ¡ahora! -ordenaba Frederick mientras apuntaba ahora a la garganta de 65.
-Yo estaré bien, de veras…-65 no podía hablar con el cuchillo en la garganta, cualquier cosa que dijera pondría a 64 en aprietos. Sabía que 64 no se iría sin ellos. Podía sentir sus esposas calentarse, un poco más… solo un poco más y podría salir y ayudarlo.
Pero lo que 65 no sabía es que ya era demasiado tarde para ayudar a 64. Todos sus recuerdos sobre todo aquello que lo había lastimado, todo aquello que lo había llenado de ira, todo a lo que temía había estallado dentro de él en el momento en que Frederick la lastimó a ella. El momento en que él, fue demasiado lento para llegar a Rubí primero, el momento en que se dio cuenta que Lewis estaba equivocado, nada era un juego. El momento en que Rubí le decía que estaba bien cuando no era cierto. El momento en que quería que 66 peleara con él, pero no estaba. Todo era una mentira. La prisión nunca debió haber sido un lugar especial para èl, pero otra vez había fallado. Se había convencido por completo de que perdería todo. La imagen de destrucción lleno su mente y como una gran explosión, todo el rencor, el temor y la ira que había intentado borrar explotó.
-¿¡no vas a venir!? -dice Frederick con la daga sobre el cuello de 65.
-¡Largo! -grita 64, -¡Váyanse!… ¡váyanse todos! -grita 64 mientras empieza a sacar chispas negras desde sus esposas, llevando grandes cantidades de energía hacia la vara. En ese instante Frederick mueve la daga para matar a 65, quien en ese momento de desesperación logra liberar una pierna y golpea a Frederick en la rodilla haciendo que se incline un poco hacia abajo y en ese momento, ve pasar frente a sus ojos, como un rayo, una vara que atraviesa el pecho de Frederick haciendo que caiga por la baranda. 64 había lanzado la vara con todas sus fuerzas. 65 voltea a verlo. En ese momento se escuchan pequeñas explosiones fuera de la habitación, seguido de pequeñas explosiones en una pared y en el techo sobre ellos. Por primera vez en años se asomaba la noche dentro de las torres. 62 y 63 habían logrado explotar parte del piso 1 y el techo para salir a la superficie. 63 y 62 estaban corriendo por el piso de arriba y llegaron al lugar que habían explotado para bajar una escalera para que los presos pudiesen salir. Pronto vendrían más guardias por ellos, eso era lo que pensaban, debían darse prisa.
Los presos ya había logrado safarse del transmisor debido a que se habían sobre calentado las esposas. 65 también ya se había logrado liberar totalmente y 66 venía hacia ellos desde el otro extremo de la habitación.
65 después de haberse liberado ve a 64. Estaba cubierto en una luz negra palpitante con los puños cerrados mirando fijamente al suelo después de haber atacado a Frederick. La luz que emanaba el cuerpo de 64 era igual a la luz que salía de la esfera de mana negro detrás de 65.
La esfera, que se había creado durante esos minutos, se había vuelto tan grande como la de la de la otra torre y seguía creciendo, cada vez atrayendo más objetos hacia ella. Las paredes, las pantallas, todos los sistemas por donde corría la energía negra empezaron a volar hacia la esfera. Pedazos de la torre y materiales que estaban por la construcción habían empezado a volar hacia ella hasta que finalmente rompió la pared que daba frente a la otra torre. En ese momento, las esferas de ambas torres empezaron a crecer en conjunto, sintonizadas, empezaron a absorber todo el mana que había alrededor creando una gran presión.
-¡Hay que salir de aquí! ¡ahora! -gritan los gemelos que acababan de entender la situación, todo ese sitio explotaría. Las esferas estaban fuera de control, en algún punto la energía acumulada se disiparía en una explosión. Las deducciones de los gemelos habían sido correctas. Las dos torres estaban bajo el mar y la superficie era una pequeña isla artificial con un puente que la conectaba a tierra firme. Si eran atrapados por la explosión morirían por ella o por la inundación que ahogaría las torres.
Mientras los gemelos gritaban arriba de la escalera para que salieran, salían otros presos que seguían con vida en esa habitación, pero no los que ellos esperaban.
-¡Os! ¡Vámonos de aquí! ¡Os! -gritaba 65 mientras se acercaba hacia él con pasos temblorosos y cansados.
No había caso, 64 no los quería cerca de él. Levantó la mirada para ver a 65 -Largo… vete de aquí -le decía con una mirada punzante y llena de ira y dolor.
-Os, vámonos ya. Puedo ayudarte y a mi también, vámonos… los gemelos nos esper…
-¡No! -grita 64 y su cuerpo expulsa una mayor cantidad de luz negra, como electricidad que empieza a resonar con las esferas. El cuerpo de 64 también se estaba sobre calentando con grandes cantidades de mana, que se mezclaba con el mana de las esferas y aumentaban su poder simultáneamente.
65 finalmente alcanza a 64 y le extiende su brazo derecho invitándolo a ir con ella. Estaba asustada pero, si tan solo pudiese llegar él, podría ayudarlo, y escaparían juntos. Pero 64 no reaccionaba ante sus intenciones, todo lo contrario, lo llenaba más de ira. En lugar de darle la mano a 65, como si no supiera el poder que expulsaba en ese momento, 64 intenta empujarla con su brazo, pero con esa fuerza le habría causado mucho más daño que sólo hacerla retroceder. Para sorpresa de todos, 65 no fue quien recibió el daño. Abrazando a 65 por el lado derecho, la estaba cubriendo 66, quien había llegado a tiempo para protegerla. Esto le costó la destrucción de su brazo derecho, que había perdido tras recibir el golpe de 64.
Al ver lo que había hecho, 64 se sorprende, pero en seguida retoma su posición y vuelve a gritar -¡Largo! -las luces del lugar empiezan a parpadear y las paredes empiezan a destruirse por completo. 64 sigue gritando y sin posibilidades de acercarse, 66, quien había caído de rodillas al suelo, se levanta y carga a 65 con su brazo izquierdo la apoya sobre su hombro y espalda para correr en dirección a los gemelos.
-¡Os! -grita 63 pero 64 solo voltea a verlo con ojos llorosos llenos de ira. 63 toma impulso para bajar a buscarlo pero el caos alrededor estaba desatado y las explosiones no eran la excepción. Los gemelos, aunque quisieran ir por 64 ya no podrían acercarse más a esa habitación, ya nadie debería estar cerca de esa gran masa de energía. Pero 63, perdiendo su razonamiento lógico por un segundo decide lanzarse a sacar a 64. Para su suerte, 62 lo detiene halándolo del brazo hacia él justo a tiempo cuando una explosión ocurre en frente de ellos. Finalmente el muro que rodeaba las torres empieza a romperse y el agua empieza a entrar fuertemente. 64 que estaba en el centro de todo eso expulsa su poder con todas sus fuerzas y lo último que escucha es a 65 - No lo hagas… ¡Os!
La energía concentrada en las esferas y en 64 fue liberada en forma de explosión. Debajo de la superficie del mar, los muros se destruyen y el agua arrasa con todo. Mientras tanto, la isla en la superficie, se agrieta y el mar se agitaba con fuerza. De los barcos, oficiales y guardias de los alrededores, algunos todavía estaban en plena huída. Por otro lado. Algunos presos salieron a la superficie, otros sobrevivieron entre los escombros de la explosión, pero muchos no lo habrán logrado. Después de ese gran estruendo, como si nada lo hubiera agitado, el mar se calma, la tierra no se mueve y todo vuelve a silenciarse bajo la luna. Sobre algún lugar de lo que quedaba de aquella isla, yacía el cuerpo de 64, boca arriba, empapado, cubierto por el brillo de la noche, por un instante pudo ver el cielo estrellado que había estado sobre ellos todo ese tiempo. Tal vez estaba soñando, pensó, y cerró los ojos.

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