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Leyendas & Mitos de una Selkie Enamorada

Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (4)

Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (4)

Dec 15, 2022

En cuanto vio la tienda, Johannes supo que era un error entrar ahí.
Lucía como una tienda de magia, con un enorme ventanal cuyas ventanas se encontraban ligeramente difuminadas, de manera que podías ver lo que se encontraba pegado a ellas, pero si querías ver dentro de la tienda misma, tenías que acercarte tú mismo y asomarte a través de tu reflejo. La madera de los marcos, de la puerta, estaba desgastada y oscurecida. Las paredes tenían manchas sospechosas, pero no grafitis. El nombre de la tienda, Calígene, se encontraba anunciado en un cartel de madera colgando de una varilla de hierro, marcado en tinta morada y rodeado de vapores blancos que salían de un caldero negro.
Johannes odiaba la magia. Era así de simple y así de complicado en un mundo donde la magia existía y era regida por tus creencias.
Si algo lucía mágico, era muy probable que lo fuera, hasta cierto punto. Al observar una vez más el papel con la dirección anotada, Johannes tuvo la impresión de que probablemente era la única razón por la que había logrado encontrar la tienda.
Al abrir la puerta, una campanilla se dejó escuchar. Al mirar arriba, Johannes se sintió aliviado de que, en efecto, había una campanilla común y corriente para sonar. El interior de la tienda no desafiaba expectativas: llena a rebosar, a la derecha habían varios libreros no sólo con tomos antiguos, inflados por el agua y arrugados por el tiempo, sino también distintos objetos sin ton ni son para su posición, cubiertos en polvo o sobrepuestos de ahí donde los habían tomado y no se habían molestado en volver a buscar su lugar. Del otro lado, varias mesas estaban pegadas las unas a las otras en dos hileras, una más alta que la otra, para mostrar con mayor comodidad todos sus artilugios. En una esquina se encontraba el aparador con la caja registradora, un arco que llevaba a la parte de atrás estaba sólo cubierto con una cortina deshilachada en los bordes.
No había nadie para recibirlo y Johannes no llamó.
En su lugar, se dirigió hacia los libros.
Si podía encontrar lo que necesitaba sin consultar a nadie, mucho mejor para él.
Ni diez minutos habían pasado cuando escuchó una voz tras de sí.
—¿Qué crees que estás haciendo?
Al darse la vuelta, Johannes encontró a una niña. O, más bien, a una adolescente que no debía ni llegarle a la barbilla, además de que su suéter hecho a mano con agujeros por todas partes, cayéndole por un hombro, puños ensanchados, usando una camiseta de manga larga por debajo y pantalones de mezclilla desgastados en las rodillas no ayudaban a su impresión. Cualquier comentario que estuviera dispuesto a dar murió en sus labios cuando vio que los mechones teñidos de rubio en su cabello cambiaban de color frente a sus ojos, pasando a verde, azul, morado y progresivamente de vuelta.
Bruja, pensó con amargura.
—Estoy buscando información. —La niña sólo hizo un gesto impaciente con la mano. Johannes frunció el ceño.— Preferiría hablar con un adulto, si no te molesta.
Por su expresión ofendida, lo hacía.
—Yo soy la que organiza todo aquí, para tu información. No hay libro dentro de esta tienda que no responda ante mí —le dijo, elevando el rostro de manera altanera—. Puedo encontrar lo que sea que me digas en cuestión de minutos.
Johannes cerró con un golpe el libro entre sus manos y lo volvió a dejar en su lugar, encarando a la niña en un reflejo de su postura, brazos cruzados y barbilla alzada.
—Muy bien. Quiero información de las selkies.
Eso detuvo a la niña, quien se le quedó mirando con la boca boquiabierta unos segundos, antes de que una furia absoluta se apoderara de su rostro. Johannes retrocedió, de la sorpresa.
—¿Qué quieres con ellas?
Por segunda vez ese día, Johannes intentó responder, pero nada salió. ¿Por qué nadie podía tomar simplemente su palabra y decirle lo que necesitaba? Nadie hacía tantas preguntas en las—
No, no iba a estar pensando en esos términos.
Johannes respiró.
—Nada. ¿Puedes entregarme lo que necesito o no?
La niña le siguió mirando con el ceño fruncida, antes de darse la vuelta y comenzar a caminar hacia el mostrador.
—No tenemos nada de eso —empezó, sentándose detrás de la caja registradora con un pequeño salto. Johannes la siguió, sin creerle realmente, cuando la chica continuó—, algunas cuantas entradas por aquí y por ahí —acompañó eso azotando dos libros forrados en piel de distintos tamaños, uno detrás de otro, azotando un cajón que Johannes no podía ver desde su posición para volverlo a cerrar—. Las selkies sólo tienen un mito básico en la cultura popular. Lo suyo es más de… ramificaciones. Tienes a las selkies, a las rusalkas, melusines, nixis, incluso los finnfolk son considerados no-equivalentes cuando se trata de sus mythos. Incluso sus bestias, como los kelpies, están más asentados que ellas. Nada que ver con las sirenas. Así que, ¿qué quieres con ellas?
Cuando le preguntó en esta ocasión, le miró directamente a los ojos, nada de la furia novicia e irreflexiva de antes que se había escapado antes. Había un frío control en su expresión.
Johannes hizo tiempo, acercando uno de los libros hacia sí. Vio una de las manos de la chica empezar a moverse como si quisiera detenerlo, pero se detuvo casi al instante.
Johannes pasó las hojas con parsimonia, pensando.
No importaba que tan reciente fuera un libro de magia, si se convertía en un verdadero libro de magia, se desgataría rápidamente. No sabían si era consecuencia natural del peso de la magia, o porque la gente creía más en ellos de esa forma. Las hojas de este libro eran cafés, ilegibles a primera vista, a menos de que te detuvieras y prestaras atención, algo que Johannes no planeaba hacer. Incluso así, la tinta de sus ilustraciones todavía brillaba. Johannes se detuvo en una verde esmeralda, un marco cuyas figuras narraban una transformación paso por paso. Cuando se dio cuenta de que estaban comenzando a moverse, Johannes cerró el libro.
—Estoy siendo acosado por una —se decidió. Claramente no era lo que la niña esperaba.
—¿Acosado?
Johannes apretó ambos de sus párpados por detrás de sus lentes. Había estado tan absorto en la sensación de la magia que lo rodeaba que había olvidado su dolor de cabeza inicial, pero hablar del tema había vuelto a traer consigo toda la tensión que le provocaba el tema.
—¿Aparentemente hay un nuevo contrato? Un… —intentó recordar las palabras de Laine— le devolví su piel y al parecer sólo eso fue necesario para meternos a ambos en una especie de matrimonio. Ahora ella puede saber donde estoy todo el tiempo y- dice que no puede romperlo, pero no estoy dispuesto a soportar esto lo haga o no, así que quiero saber si acaso hay mitos sobre ello, porque jamás había escuchado sobre-
Pero cuando Johannes finalmente volvió a abrir los ojos, encontró a la niña mirándolo con la boca abierta.
—¿Tienes una selkie de esposa? ¡¿Y quieres deshacerte de ella?!
Johannes frunció el ceño.
—No es como si hubiera sido consensual.
Si acaso, eso la dejó todavía más confundida, abriendo y cerrando la boca como si no pudiera decidirse por donde empezar.
—¡Jamás ha sido consensual! Todo el mito de las selkies se basa en lo poco consensual que es el asunto, usualmente en su contra. —Tras decir eso, lo volvió a mirar con sospecha— ¿Qué es lo que realmente estás buscando?
Johannes quiso golpear la mesa en su frustración, pero el hecho de que estuviera frente a una niña, más que su magia, le detuvo.
—¡No quiero que sepa donde estoy todo el maldito tiempo! —explotó.
La niña le observó sin expresión alguna por otro momento.
—Es- es parte del contrato, aparentemente —quiso explicar. —Ella sabe donde estoy, es así como me encontró después de que le devolviera su piel. No quiero este matrimonio, pero hasta que no encuentre una manera de solucionarlo, tampoco quiero tener nada que ver con ella. ¿Puedes o no ayudarme con alguna de esas cosas?
La tienda, Johannes se dio cuenta, no estaba en completo silencio. Algo goteaba en uno de los tantos anaqueles del lugar y la arena se movía dentro de relojes que giraban por su cuenta. Golpeteos constantes, marcando el ritmo de objetos desconocidos. El incienso ardía en círculos infinitos y humos de distintos colores salían desde pequeñas lámparas a lo largo de todo el lugar.
Era un espacio que creía y Johannes se dio cuenta de su error al estar ahí, pero era demasiado tarde para dar marcha atrás.
Una voz profunda se escuchó desde detrás de la cortina.
—Puedes hacerlo, ¿no es así, Cerys?
La niña saltó sobre su lugar, dándose media vuelta todavía en su asiento y con ambas manos apoyadas sobre el aparador para no caer.
—¡Maestro-!
—Eso es, si está dispuesto a pagar.
El hombre que apareció en la puerta era viejo y estaba cansado, fue lo primero que pensó Johannes. Torso ancho, con un estómago colgando por delante de él, brazos grandes dejados a la vista por una camisa de tirantes gris y cabello cortado casi al ras que aún así mostraba las canas que habían reemplazado el color negro que todavía se asomaba por algunos lugares. Tenía los inicios de una barba, arrugas entre las cejas y miraba a Johannes con total indiferencia. Se recargó contra el marco de la puerta, una botella sin etiqueta en su mano derecha.
—Tengo dinero —seis meses pagando sólo lo indispensable le dejaron responder con cierta confianza.
La chica se volvió a girar hacia él, frunciendo los labios. Su maestro debió de haberlo visto, porque rió entre dientes antes de volver a hablar.
—Vamos, Cerys. ¿No sientes curiosidad? Tú contra un verdadero mythos. Incluso uno tan joven como este sería un verdadero logro.
Johannes no pudo hacer nada más que observar con aprehensión al hombre instigando a la niña, incluso si era en su beneficio. La niña había bajado la vista hacia sus manos todavía sobre el mostrador, cerradas en pequeños puños.
—Sólo necesito información —le dijo, pero la niña negó con la cabeza.
—No tengo información para ti. Como dijo mi maestro, es un mito muy joven. Yo no había escuchado- —tenía el ceño fruncido y hablaba sin mirarlo, aunque sonaba más normal de lo que Johannes hubiera podido esperar. Finalmente volvió a alzar la vista, decidida—. Haré el hechizo. Él te cobrará —terminó, antes de desaparecer en la parte de atrás.
El hombre sólo rió, antes de recargarse contra la mesa y soltar la suma por el servicio de su aprendiz.
Johannes pagó por transferencia.
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Sun Rys

Creator

Hay una tienda y hay una bruja. En un mundo donde las historias son reales, Johannes todavía tiene que pagar con tarjeta electrónica.

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Johannes está seguro de que puede cambiar la historia, re-escribir el mito y regresar a su vida tal como era antes, pero eso es lo más curioso de la magia… jamás escucha el deseo que esperas.
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