Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (5)
Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (5)
Dec 15, 2022
—Muy bien —le dijo la niña, Cerys, al regresar. Llevaba cargando consigo un delgado libro de cuentos de hadas para niños antes de dormir y una pequeña caja rectangular, dentro de la cual se encontraba una simple ramilla de madera, como cualquier otra que pudieras encontrar en el parque, excepto que ésta estaba delicadamente colocada sobre un cojín moldeado a su forma—, lo que necesitas es un hechizo anti-rastreo, ¿cierto?
—Uhm…
—Un encantamiento requiere de un objeto de enfoque —empezó, deslizando con cuidado el libro sobre el mostrador y la cajita a un lado—, algo que siempre tengas contigo. Si te lo quitas, te encuentran. Mayor flexibilidad y el riesgo de que algo salga mal es menor, pero también es más complicado otorgarle la fuerza suficiente para combatir un mito. Así que un hechizo. Lo pondré sobre ti directamente, pero si quieres deshacerte de él, tendrás que usar a una tercera parte. Ya sea que regreses aquí o encuentres a alguien más poderoso que yo —tras decir eso, le lanzó una mirada áspera, como si Johannes fuera quien lo hubiera sugerido en primer lugar.
—Regresaré aquí. Pero no voy a querer que lo levanten.
Cerys le dirigió una mirada dudosa, pero no le corrigió.
—Y será anti-rastreo, que es distinto a un hechizo anti-localizador. Porque eso es lo que quieres, ¿no? Que dejen de saber donde estás desde donde sea que ellos estén.
—¿No sirven para lo mismo? —Johannes se removió, notando por el rabillo del ojo como el maestro de la chica se había acercado más tras escuchar eso.
—Un hechizo anti-rastreo crea una ruta, de principio a fin. Un hechizo anti-localizador es más como encender una luz a la distancia para marcar un lugar. ¿Sabes cómo te encontró en primer lugar?
—Dijo que la magia nos había unido, que podía sentir mi presencia.
Johannes tragó. Por un momento, la niña le miró de una manera sumamente triste.
—¿Estás seguro de que quieres hacer esto?
¿Seguro? Claro que estaba seguro. Al ver su expresión, Cerys apartó la vista. Se giró hacia su maestro, quien tan sólo se encogió de hombros y regresó a su lugar recargado contra la puerta.
Johannes no tenía dudas sobre lo que quería: dejar todo este asunto atrás, no tener nada que ver con una selkie o con ser su esposo. Incluso así, cuando Cerys salió de su lugar detrás del mostrador y se paró frente a él, pidiendo silenciosamente una de sus manos, Johannes se congeló.
Él odiaba la magia.
Odiaba estar rodeado de ella. Sentirla sobre su piel. Hablar sobre ella.
En un mundo que creía, Johannes era el monstruo.
Y Cerys era una bruja, alguien que creía en la magia con tanta fuerza que era capaz de canalizarla para sus propios medios. Cuando finalmente se cansó de esperarlo, su tacto lo sobresaltó. Su mano era caliente donde él se encontraba sudando frío. Si ella lo notó, no se molestó en mirarlo a los ojos ni le volvió a preguntar si estaba seguro.
Cerys le dijo, al llegar, que no había libro que no respondiera a ella en ese lugar, como si fueran sus amigos o como si tuviera un derecho especial sobre la tienda. Johannes no la había tomado en serio, porque era una niña o porque no la veía manchada con rastros de historias como tantos otros que se habían dejado consumir. Incluso si la había reconocido como bruja, una parte de él se había negado a creer.
Fue cuando Cerys comenzó con el encantamiento que Johannes recordó el nombre de la tienda.
Calígene.
Otro nombre para la bruma y las tinieblas, aquello que existe antes del Caos.
Su voz reverberaba, sonando dos o tres veces más profunda de lo usual, haciendo de sus palabras algo ininteligible. Su piel se iluminó desde el interior, eliminando sombras, creando un aura que agitaba su cabello y hacía a sus colores cambiar tan rápido como para volverlo casi opalescente. Una neblina comenzó a surgir de entre sus manos y brazos, extendiéndose lentamente hasta Johannes. La sintió arrastrándose sobre él y Johannes luchó contra ella por instinto, pero fue en esos momentos que Cerys abrió los ojos. Ocupado como estaba pronunciando el conjuro, no podía decirle nada, pero Johannes entendió el mensaje a la perfección: “Deja de resistirte.”
Johannes le sostuvo la mirada por otros instantes y finalmente aceptó que esto era algo que necesitaba pasar. Cerrando los ojos, respiró profundo, visualizando lo mejor que pudo todo su miedo, todo su estrés y toda su tensión, reuniéndolas dentro de su pecho y pulmones, sosteniéndolos ahí un momento antes de dejarlos ahí con su próxima exhalación.
Necesito hacerlo un par de veces antes de que pudiera sentir a la magia comenzar a hundirse dentro de él.
Cuando volvió a abrir los ojos, Cerys se encontraba completamente concentrada en su mano y la neblina no había viajado más allá de su muñeca.
Lentamente, la luz que nacía de ella comenzó a receder, así como la neblina. Cuando Cerys le dejó ir, Johannes observó la marca que la magia había dejado en su mano. Le sorprendía lo poco intrusiva que se sentía. Era como su hubiera sumergido la mano en un bote con agua y pintura blanca sin diluir, o le hubiera caído blaqueador encima.
Le parecía un poco irónico que la marca creada para protegerlo de la selkie luciera igual que las manchas que le había visto sobre la piel y la marcaban a ella como una.
—¿Todo bien? —la voz de Cerys le sacó de su contemplación. La niña se encontraba observándolo con ojos entrecerrados, como retándolo a juzgar su trabajo.
—No me siento distinto —fue lo único que se le ocurrió, porque era cierto e inesperado.
La niña bufó.
—Es un hechizo, no un conjuro. Nada en ti ha cambiado. También necesitarás regresar para que sea renovado eventualmente, pero por la fuerza necesaria para sobre-escribir el mythos, no debería ser muy pronto. Sólo mantente atento a la marca en tu mano y cuando creas que se comienza a desvanecer, o tu selkie comienza a encontrarte de nuevo cuando no la estés esperando, regresa aquí.
Johannes le agradeció, sin saber si ya podía irse, pero la niña sólo le despidió con un gesto indiferente de la mano y recogió sus cosas del mostrador, antes de desaparecer en la parte de atrás.
Su maestro se había movido a la esquina de la tienda detrás del mostrador. A solas y sin nadie más mirando, no parecía tan dejado como antes.
Johannes sabía cuál era su papel en esta situación. Cualquier otra persona había preguntado sobre Cerys, sobre su magia, sobre su talento, sobre su persona. Y su maestro podría responder de manera clara y al punto o, más probablemente, ser todo evasivo y misterioso, tal como lo había sido hasta el momento.
El hombre le miraba con la misma sonrisa burlona que antes, así que Johannes hizo sólo lo sensible: se marchó sin pronunciar ni una palabra más.
No un encantamiento ni un conjuro, un hechizo. No anti-localizador, pero anti-rastreo. Y una adolescente siendo condescendiente con él. Ha sido un día muy largo para Johannes.
En un mundo donde los cuentos de hadas son reales, Laine es una selkie y Johannes un simple humano con un disgusto particular por las leyes de la magia.
Cuando un simple acto de bondad los convierte en marido y mujer, Johannes tendrá que aceptar en su vida el poder de las historias para poder encontrar la manera de romper el contrato que los une. Tener una selkie como esposa es un privilegio por el que muchos estarían dispuestos a sacrificarlo todo y mientras Laine esté a merced de los impulsos que los atan juntos, ninguno de los dos estará a salvo.
Johannes está seguro de que puede cambiar la historia, re-escribir el mito y regresar a su vida tal como era antes, pero eso es lo más curioso de la magia… jamás escucha el deseo que esperas.
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