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Leyendas & Mitos de una Selkie Enamorada

Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (6)

Página 1 –. Donde el mar conoce a la tierra... (6)

Dec 18, 2022

Cuando al día siguiente su hora de café llegó y se fue sin ninguna sorpresa innecesaria, Johannes comenzó a creer que tal vez realmente había funcionado.
En el trabajo, se aseguró de darle las gracias a Arnelle por la dirección, al tiempo que ocultaba con su termo la marca que le había quedado. Cuando le preguntó a su compañera cómo había tomado Kaitland su súbita desaparición, Arnelle le dijo que simplemente había puesto los ojos en blanco y asumido lo peor, que Johannes se había arrepentido del tema.
Johannes no creía que esas hubieran sido sus palabras exactas, pero no iba a contradecir a Arnelle cuando sabía que sólo intentaba ser amable.
—¿Y cómo es la tienda? —le preguntó Arnelle, antes de que Johannes pudiera desaparecer dentro de la cabina.
—¿Qué?
Arnelle intentaba parecer desinteresada, pero sus manos estaban jugando con un lápiz y sus piernas estaban abiertas, como si estuviera preparándose para saltar de su lugar en cualquier momento.
—Kaity nunca me deja entrar en las raras ocasiones en que tiene que visitar de improviso —le aclaró, sonriendo innecesariamente—. Dice que estoy mejor sin saber.
Le miraba con tanta esperanza, pero una parte de Johannes no pudo más que estar de acuerdo con Kaitland en ese punto. No se había sentido como un lugar peligroso, pero Johannes había sabido a lo que iba, lo que quería, incluso si no sabía cómo obtenerlo. Ir por simple curiosidad era la peor manera de acercarse.
—Creo que es mejor así, la verdad. Yo sólo quiero dejar todo ese asunto atrás —le dijo, encogiéndose de hombros.
Arnelle se dejó de remover en su lugar y aunque su expresión no cambió, la falta de movimiento hizo que su expresión pareciera súbitamente vacía. Con un asentimiento, Arnelle regresó la vista a su consola.
—Por supuesto. Claro. ¿Qué tal si…? —le señaló el interior de la cabina, sin otra palabra.
El resto del turno fue un eterno silencio incómodo, sólo interrumpido por los comentarios obligatorios que Johannes debía dar entre sets de canciones. Entre semana, Johannes era sólo un nimio DJ, ahí para llenar el espacio entre las noticias del mediodía y las de la noche. Arnelle llegaba a la misma hora que él y se iba más tarde, a medio turno de Kaitland. Cuando llegó, Noreen había intentado involucrarlo más en todo el asunto, diciendo que Johannes tenía una voz que a la gente le encantaba escuchar, pero él ya tenía suficiente con tener que fingir cada quince minutos que era todo un placer estar ahí con todos ustedes, nuestros oyentes, en esta bonita tarde de inserte-día-de-la-semana-aquí, con los últimos éxitos de ayer, hoy y mañana. Más allá de eso, verdadera interacción con otras personas, y Johannes acababa perdiendo la paciencia, con su actuación cayéndose a pedazos.
Cuatro horas después, Kaitland todavía no había llegado y Arnelle se encontraba en su celular, ignorándolo, incluso aunque ya era hora del final. Johannes intentó hacer contacto visual al despedirse, pero Arnelle sólo soltó un gruñido en su dirección.
Era por esto que no le gustaba pedir ayuda, pensó saliendo del edificio. Todo se convertía en una transacción.
Tan ocupado estaba pensando en eso que no se dio cuenta de quién le estaba esperando al otro lado de las puertas de cristal de la estación hasta que fue muy tarde: la selkie estaba ahí.
Laine estaba ahí.
¿Por qué?
Se le quedó mirando con la boca abierta. Era claro que la selkie no se encontraba feliz, con los brazos cruzados y la chaqueta de piel que había empezado todo esto colgando por encima de uno de ellos, mirándolo a través de ojos enrojecidos e inflamados. Johannes tuvo un momento para sentirse culpable por ello antes de que la selkie comenzara a caminar hacia él y él finalmente recordara que no se suponía que ella estuviera aquí.
—¿Qué estás haciendo aquí? —dijo antes de que Laine pudiera empezar, porque parecía lista para empezar.
Su rostro se limpió de emoción por unos instantes, antes de volver a fruncir el ceño en su dirección.
—Sé que aquí es donde trabajas. Asumí que, dado que ya no puedo encontrarte de la manera sencilla, lo único que me quedaba era esperarte en el único lugar que era seguro ibas a estar.
Eso sólo le hizo enfurecer ahora todavía más a él.
—¿No sabes rendirte? ¿De cuántas maneras tengo que decírtelo? —le espetó, mostrándole su mano derecha, la que tenía la marca del hechizo— Lo que sea que tengas para mí, no lo quiero. Rompe el compromiso o encontraré la forma de hacer esto todavía más permanente.
Comenzó a caminar hacia la estación, pero la mujer sólo le siguió.
—¡No es tan sencillo y-! ¿Qué es lo que tienes ahí? —intentó tomarlo de la mano, pero Johannes la apartó de su alcance sin detenerse— Es- mira, es cierto que tal vez esto haya sido mi culpa, acepté el compromiso antes de pensar en las consecuencias, ¿pero no podemos hablarlo? Debe haber algo para ti en todo esto. ¡Si me conocieras-!
—¡No quiero conocerte! —le gritó a la cara, deteniéndose en medio de la calle y casi obligándola a chocar contra él. —Deja de seguirme, o involucraré a la policía.
Eso la hizo mirarlo con los ojos entrecerrados, enderezándose en su lugar. Así, le llegaba apenas por debajo de la frente.
—Estarías perdiendo el tiempo. Esto es magia, magia selkie. Terminarán derivando el asunto a mi gente y ellos… —se detuvo, de repente bajando la mirada y cambiando su centro de gravedad de un pie a otro— te obligarían a tomarme como esposa. Es la ley.
Johannes se sintió lleno de nauseas, así que siguió caminando.
—¡John-!
—No- —empezó, pero no continuó. Laine le volvió a alcanzar, casi corriendo para poder mantenerse a su lado.
—Lamento no poder romper el compromiso, ¿pero podemos llegar a un acuerdo? Por ejemplo, si deshaces lo que sea que esté bloqueando el vínculo-
—¿Por qué no puedes romper el compromiso? —le volvió a interrumpir, pero esta vez no se detuvo— ¿Tan siquiera lo has intentado?
Su intención era sonar petulante, pero cuando se dio cuenta casi inmediatamente que la chica se había detenido esta vez por su propia cuenta, Johannes miró hacia un costado suyo y luego hacia atrás, donde se había quedado de pie en medio de la calle.
Incluso bajo las luces de la calle y de los negocios a su alrededor, incluso con los metros que los separaban, Johannes podía ver lo roja que estaba.
Johannes no volvió a preguntar.
Aún así ella le respondió.
—Es- es porque no quiero, ¿está bien?
—¿Qué?
Laine levantó la vista. Se volvió a acercar a él. La chaqueta colgaba frente a ella en el ángulo que formaban ambas de sus manos unidas.
—No quiero dejar de ser tu esposa, y la magia lo sabe. Cualquier cosa que pudiera hacer para intentar romper este compromiso por mi cuenta, sólo causaría un rebote que nos terminaría dañando a ambos. —Con cada palabra que había dado, se había ido poniendo más y más roja, hasta que ya no había podido mirarlo a los ojos, intentando ocultar el rostro en su hombro.
—¡¿Y qué hay de lo que yo quiero?!
Aún roja, le miró, ofendida.
—Tus intenciones fueron puras cuando me devolviste mi piel, ¿no es cierto? —Johannes no respondió— Eso es lo único que le importa a la magia: un gesto puro, la posibilidad de decir “no.” Y yo dije “sí,” un verdadero sí.
—No sabía lo que estaba haciendo, ¿cómo es que eso no influye en mi decisión de regresarte tu piel?
Laine se encogió de hombros.
—Magia.
Johannes odiaba la magia.
Frustrado, se dio la vuelta para seguir camino, pero Laine se colocó frente a él.
—Al menos toma mi piel —le dijo, ofreciéndosela una vez más, pero ahorrándose el teatro de la vez pasada, lo cual le hizo sentir ligeramente agradecido, incluso si no menos incómodo.
—¿Por qué?
—Es- ¿me ayudaría a sentirme mejor?
Johannes la miró, incrédulo.
—No —fue lo único que pudo soltar, pasando a su lado, pero no sin antes detenerse una última vez— Y deja de seguirme. No necesito que sepas también donde vivo.
La chica todavía no parecía haberse recuperado de su último rechazo, siguiéndolo con ojos abiertos y brillantes, así que Johannes aprovechó la oportunidad para finalmente soltársela de encima.
Cinco minutos después, se encontraba en un vagón del metro camino a casa.
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Sun Rys

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Podías decir que no, excepto cuando no podías. Debías querer quererlo, excepto que no querías. Johannes odiaba la magia por una razón, excepto cuando eran varias razones.

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