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El umbral de la luz de la luna

Capitulo 19

Capitulo 19

Apr 29, 2024

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Abuse - Physical and/or Emotional
  • •  Physical violence
  • •  Cursing/Profanity
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Federico regresó a casa después de un largo y agotador día de trabajo, con hambre y cansancio. Al entrar en su hogar, se sorprendió al encontrarse solo con Lucinda y Dani.
"¿Dónde está Elizabeth?" Preguntó Federico, confundido.
"Se ha ido", dijo Lucinda con voz fría.
Federico quedó perplejo y preguntó: "¿A dónde se fue?"
"No lo sé. Se fue", respondió Lucinda.
Federico intentó comprender lo que estaba sucediendo y preguntó: "¿Por qué se fue?"
"No lo sé. Se fue porque quiso irse", dijo Lucinda.
La confusión de Federico aumentó y preguntó: "¿Por qué querría hacer eso?"
"No lo sé. No le hice nada", respondió Lucinda.
Federico estaba preocupado, no podía creer que Elizabeth se hubiera ido de casa. Preguntó a Lucinda si había intentado hablar con ella, pero ella respondió que no había tenido éxito.
Desesperado, Federico buscó a Elizabeth en su habitación, pero no estaba allí.
Mientras tanto, Elizabeth había encontrado refugio con su madre, Elizabeth II. Durante su caminata juntas, Elizabeth II preguntó por qué había abandonado su hogar. Elizabeth explicó que Lucinda no la trataba bien, la ignoraba, la insultaba, e incluso la había golpeado. Elizabeth II se enfureció al escuchar esto y abrazó a su hija.
"No tienes que volver", le aseguró. "Siempre estarás a salvo conmigo".
Federico se levantó del sofá, sorprendido por la revelación que acababa de escuchar.
"No lo puedo creer", dijo con incredulidad. "¿Hay algo que me estás ocultando?"
Lucinda permaneció en silencio.
"Es verdad", finalmente admitió. "Le pedí que se fuera".
Federico estaba confundido. "¿Por qué harías algo así?"
Con tristeza en sus ojos, Lucinda respondió: "Porque ella no era mi hija".
El dolor y la traición inundaron a Federico. "¿Cómo pudiste hacer algo así? ¡Ella es mi hija!"
Preocupada por Federico, Elizabeth II decidió visitarlo en su casa, consciente de que estaba enojado con Lucinda y temía que pudiera cometer un error que luego lamentaría.
Al llegar, presenció a Federico golpeando a Lucinda.
"Federico!" exclamó.
Federico se volteó y se encontró con la mirada de Elizabeth II.
"¡Vete de aquí!" gritó, exaltado.
"No", dijo rotundamente Elizabeth II. "No voy a permitir que le hagas daño".
Federico se acercó."No te metas en esto", dijo él."No me importa", respondió. "No voy a dejar que le hagas daño a Lucinda".
La furia de Federico se intensificó.
"¿Estás defendiéndola?" preguntó con ira.
"Sí", respondió Elizabeth II. "A pesar de que ella me odie, es mi amiga".
Federico soltó a Lucinda, quien cayó al suelo. Elizabeth II se acercó a ayudarla a levantarse y le preguntó si estaba bien. Lucinda asintió, agradeciendo la ayuda.
Mientras tanto, Elizabeth II miró a Federico, quien se sintió avergonzado y confesó estar muy enojado. Ella entendió su frustración, pero le recordó que no debía lastimar a Lucinda.
Federico se disculpó y abrazó a Lucinda, pidiéndole perdón por haberla golpeado. Lucinda aceptó sus disculpas y lo abrazó. Los dos se miraron a los ojos, perdonándose mutuamente.
"No puedes perdonarlo, es un hombre violento", le dice Elizabeth II con rabia. "Cuando estuve contigo, me golpeaba".
""Creí que habías cambiado", expresó Lucínda.
"No ha cambiado", respondió  Elizabeth II. "Te lastimará de nuevo".
Lucinda se distanció de Federico, sin embargo, él se acercó a ella y le pidió disculpas.
"Por favor, perdóname", suplicó Federico. "No volveré a cometer el mismo error".
"Te perdono, porque te amo", respondió Lucinda.
"Sigue siendo un hombre débil" Dice Elizabeth II a Lucinda "Y te lo mostrare" Con sus ojos atrae a Federico
Lucinda se quedó en shock. No podía creer lo que estaba viendo. Federico estaba respondiendo.
"¿Qué estás haciendo?" preguntó Lucinda.
"Demostrando que sigue siendo un hombre débil", respondió Elizabeth II. 
Federico se quedó aturdido, incapaz de resistirse a su encanto.
Federico cerró los ojos y se dejó llevar por el momento.
Lucinda sintió un dolor punzante en el corazón. No podía creer lo que estaba viendo. Su peor pesadilla se estaba haciendo realidad.
"Deberíamos irnos y criar a nuestros hijos juntas, olvidando a los hombres. Todos son iguales", expresó Elizabeth II, en un intento por encontrar una solución para su situación.
Elizabeth II la abrazó, tratando de consolarla.
"Ya no lo amas, ¿verdad?" preguntó Elizabeth II.
Lucinda asintió.
"No puedo creer que te haya dejado volver a él", dijo Elizabeth II. "Te dije que no había cambiado".
"Pensé que lo había intentado", respondió Lucinda. "Pensé que habíamos superado todo".
"No lo habías superado", dijo Elizabeth II. "Él sigue siendo el mismo hombre que te golpeó".
"Tengo que irme", dijo. "Tengo que alejarme de él".
"Te acompañaré", dijo Elizabeth II.
Las dos mujeres salieron de la casa de Federico.
Elizabeth y Dani se sentaron a la mesa de niños en el restaurante de la plaza del pueblo.
Elizabeth estaba emocionada de pasar el día con su hermanastro Dani. Habían pasado mucho tiempo sin verse, y tenía muchas ganas de ponerse al día.
Se sentaron y empezaron a comer.
"¿Qué tal estás?" preguntó Elizabeth.
"Estoy bien", respondió Dani. "Un poco triste por lo que pasó con mi papá, pero estoy bien".
"Yo también estoy triste por ti", dijo Elizabeth. "Pero estoy aquí para ti, lo que necesites".
"Gracias", dijo Dani. "Eso significa mucho para mí".
Continuaron comiendo y hablando. Hablaron de sus vidas, de sus sueños, y de todo lo que les había pasado en los últimos meses.
Mientras tanto, Elizabeth II y Lucinda estaban en una tienda de juguetes.
"¿Qué te parece este?" preguntó Elizabeth II, mostrando un peluche de un unicornio.
"¡Es perfecto!" exclamó Lucinda. "Lo quiero".
"Yo también", dijo Elizabeth II. "Lo compraremos para los dos".
Las dos mujeres pagaron los juguetes y salieron de la tienda.
Mientras tanto, Elizabeth y Dani habían terminado de comer.
"¿Qué te apetece hacer ahora?" preguntó Elizabeth.
"¿Por qué no vamos al parque?" sugirió Dani.
"¡Me encanta!" exclamó Elizabeth.
En el parque, los dos niñas jugaron en los columpios, en el tobogán, y en la casita de madera.
Elizabeth II y Lucinda llegaron al parque y vieron a las dos niñas jugando.
"Se ven tan felices", dijo Elizabeth II.
"Sí", respondió Lucinda.
Las dos mujeres se sentaron en un banco y miraron
Estaban contentas de que sus hijos pudieran pasar tiempo juntos.
Una tarde, Nicholas fue a visitar a Federico a su casa.
"Hola, Federico", dijo Nicholas. "¿Cómo estás?"
Federico se veía mal. Tenía los ojos rojos y la cara hinchada.
"No muy bien", dijo Federico. "Lucinda se ha ido de mí".
Nicholas se sorprendió.
"¿Qué pasó?" preguntó.
Federico suspiró.
"Lo siento, Nicholas", dijo. "No puedo hablar de eso".
Nicholas miró a Federico a los ojos. 
"No tienes que mentirme, Federico", dijo Nicholas. "Puedo leer tu mente".
Federico se agachó la cabeza.
"Lo siento", dijo. "No sé qué me pasó".
"No hay excusa para golpear a una mujer", dijo Nicholas. "Eres un monstruo".
Federico levantó la cabeza y miró a Nicholas.
"Lo sé", dijo. "Y me odio por ello".
"¿Qué vas a hacer ahora?" preguntó Nicholas.
Federico suspiró.
"No lo sé", dijo. "Creo que necesito ayuda".
Nicholas y Federico se abrazaron.
"Espero que puedas superar esto", dijo Nicholas "Los que golpean una vez, lo harán siempre", le susurró en el oído.
Federico se separó de Nicholas.
"¿Qué quieres decir con eso?" preguntó.
"Quiero decir que la violencia doméstica es un problema serio", dijo Nicholas. "Y una vez que alguien ha golpeado a su pareja, es muy probable que lo vuelva a hacer".
Federico se quedó en silencio.
"Lo sé", dijo finalmente. "Y me da miedo".
"No tienes que hacerlo solo", dijo Nicholas. "Hay personas que pueden ayudarte. Puedes ir a terapia, o unirte a un grupo de apoyo".
Federico asintió.
"Lo haré", dijo. "Gracias por tu ayuda".
"De nada", dijo Nicholas. "Estoy aquí para ti".
Nicholas miró a Federico con ojos brillantes, tentando con su poder a acercarse a sus labios.
Federico sintió el deseo de Nicholas, no puede evitarlo.
"Somos monstruos, tú eres un monstruo, mírame a los ojos", susurra Nicholas.
Federico siente una fuerte atracción hacia Nicholas. Al mirarlo a los ojos, se siente rendido ante su dominio.
"Soy un monstruo", admite Federico. "Y al parecer tú también lo eres".
Nicholas sonríe.
"Exactamente", responde. "Somos monstruos, pero juntos".
Nicholas y Federico se besan apasionadamente, sus lenguas se entrelazan.
Después de un momento, se separan, jadeando.
"Gracias, Nicholas. Eres un verdadero amigo, lo necesitaba.
"De nada", responde Nicholas. "Estoy aquí para ti."
Pero Federico sabe que no es solo amistad lo que siente por Nicholas. Hay algo más, algo más profundo. No sabe lo que es, pero lo siente en su corazón.
"¿Por qué siempre terminamos besándonos?" pregunta Nicholas.
Federico no sabe qué decir. No tiene respuesta para esa pregunta.
"No lo sé", dice finalmente. "Pero no quiero que lo dejemos de hacer."
Nicholas sonríe.
"Yo tampoco", responde.
Se besan de nuevo, esta vez con más intensidad. Federico se siente como si estuviera flotando. No quiere que este momento termine nunca.
Pero finalmente se separan, sabiendo que tienen que volver a la realidad.
Federico responde a la pregunta: "Creo que nos atrae lo que somos, dos almas en penas, vampiros que somos monstruos. Somos criaturas de la noche, condenados a vivir en las sombras. Ambos sabemos lo que significa ser rechazados y odiados. Ambos sabemos lo que significa ser diferentes."
Nicholas responde: "Sí, eso es cierto. Somos dos monstruos que se han encontrado en la oscuridad. Pero no somos solo monstruos. También somos seres humanos. Tenemos corazones y almas. Podemos sentir amor y compasión. Podemos sentir dolor y alegría."
Federico comenta: "Sí, eso es cierto. Y creo que eso es lo que nos une. Somos dos monstruos que se han encontrado en la oscuridad, pero también somos dos humanos que necesitan amor y comprensión."
Federico responde: "Somos amigos. Somos dos hombres que se han encontrado en la oscuridad y que se han apoyado mutuamente. Nos entendemos. Nos respetamos. Nos queremos."
"Es cierto, somos amigos, pero somos mucho más que eso. Somos almas gemelas, dos personas que se encontraron en la oscuridad y que encontraron luz en el otro", dijo Federico.
"Sí, eso es cierto. Somos almas gemelas. Y creo que nuestro beso es una muestra de ese amor. Es una forma de decirnos que nos importamos, que nos queremos". Agrega Nicholas
"Ambos somos hombres que no sentimos atraídos el uno por el otro. Somos amigos. Nos entendemos. Nos respetamos. Nos queremos". Continua Federico
"Somos amigos. Y estoy orgulloso de nuestra amistad. Es una amistad especial, una amistad que es más que solo amistad". Nicholas confirma.
"Te amo, Federico. Te amo por lo que eres, por tu fuerza y coraje, por tu corazón y tu alma."
Federico responde:
"También te amo, Nicholas. Te amo por ser mi amigo, por estar ahí para mí, por entenderme."
Los dos se besan de nuevo, esta vez con más ternura, y se abrazan, conscientes de que su amor es real.
Nicholas promete:
"Nunca te dejaré, Federico. Siempre estaré aquí para ti."
Federico responde con igual sinceridad:
"Yo tampoco te dejaré, Nicholas. Siempre estaré aquí para ti."
Con el pasar de los días, Nicholas y Federico se acercaban cada vez más. Se veían todos los días y sentían una conexión especial entre ellos.
A pesar de que Federico seguía luchando con su pasado, Nicholas lo apoyaba incondicionalmente. Le animaba a buscar ayuda profesional y lo acompañaba a sus sesiones de terapia.
Nicholas también tenía sus propios demonios internos que lo atormentaban. Su pasado como vampiro lo hacía sentir que no merecía el amor de Federico.
Federico, por su parte, le aseguraba que lo amaba y que nada cambiaría eso.
Una noche, mientras ambos miraban las estrellas en la terraza de la casa de Nicholas, él sintió la necesidad de decirle algo muy importante.
"Quiero decirte algo, Federico", dijo Nicholas.
"¿Qué es?", respondió Federico.
"Te amo, eres unos de los mejores amigos que he tenido", dijo Nicholas.
"Yo también te amo, amigo", respondió Federico.
Se besaron con un deseo y pasión que nunca antes habían sentido.
Alejandro estaba preocupado por Lucinda. Había pasado una semana desde que se había ido de su casa, y no había sabido nada de ella.
Un día, Alejandro estaba caminando por la calle cuando vio a Federico. Se acercó a él y le preguntó por Lucinda.
"Federico, ¿has visto a Lucinda?"
"No, Alejandro. No la he visto".
Alejandro no le creyó. Sabía que Federico estaba mintiendo. "No me mientas, Federico. Sé que la has visto Sé que la golpeaste, Federico. Y sé que por eso se fue de tu casa".
Federico se quedó callado. Sabía que Alejandro lo sabía todo.
"¿Por qué lo hiciste, Federico? ¿Por qué la golpeaste?"
"No sé, Alejandro. No sé lo que me pasó".
"Lucinda es una buena mujer, Federico. No merecía lo que le hiciste".
"Lo sé, Alejandro. Lo sé".
Alejandro se sintió impotente. No sabía qué hacer. Quería ayudar a Lucinda, pero no sabía cómo. "¿Dónde está ella, Federico?"
"No lo sé, Alejandro. Se fue".
¿No la has buscado?"
"Sí, Alejandro. La he buscado, pero no la he encontrado".
Alejandro se dio cuenta de que Federico no iba a contarle nada más. "Bien, Federico. La encontraré. Y cuando la encuentre, le contaré todo, lo de Nicholas y tu".
Federico lo miró con miedo. "No lo hagas, Alejandro. No le cuentes nada".
"Lo haré, Federico. Y no hay nada que puedas hacer para detenerme".
Alejandro se dio la vuelta y se alejó. Federico lo miró alejarse, con una expresión de desesperación en su rostro.
Alejandro buscó a Lucinda por todas partes, pero no pudo encontrarla. Un día, mientras estaba caminando por el parque, vio a una mujer que le resultaba familiar. Se acercó a ella y le preguntó si era Lucinda.
La mujer lo miró y sonrió. "Sí, soy Lucinda", dijo.
Alejandro estaba aliviado de haberla encontrado.
Alejandro y Lucinda se sentaron en un banco del parque. Alejandro tomó una bocanada de aire y comenzó a hablar.
"Lucinda, tengo algo que decirte", dijo. "Es algo importante, y no sé cómo decirte".
Lucinda lo miró con preocupación. "¿Qué es, Alejandro?", preguntó.
"Sé lo que pasó", dijo Alejandro. "Sé que Federico te golpeó".
Lucinda se quedó sin palabras. No podía creer que Alejandro lo supiera.
"¿Cómo lo sabes?", preguntó finalmente.
"Federico me lo contó", dijo Alejandro. "Me dijo que estaba arrepentido, y que quería que lo perdonaras".
"¿Por qué te lo contó?", preguntó.
"Porque sabía que estaba mal", dijo Alejandro. "Porque sabía que tenía que hacerse responsable de sus acciones".
Lucinda se quedó en silencio, procesando lo que Alejandro acababa de decir.
"¿Hay algo más que sepas?", preguntó finalmente.
Alejandro asintió. "Sí", dijo. "Sé que Federico está teniendo una relación con otro hombre".
Lucinda se quedó sin aliento. No podía creer lo que estaba escuchando.
"¿Con quién?", preguntó.
"Con Nicholas", dijo Alejandro.
niweja5803
niweja5803

Creator

Federico y Nicholas se encontraban en medio de una relación compleja y apasionada, luchando contra sus propios demonios internos. A medida que la verdad salía a la luz, Alejandro buscaba a Lucinda para contarle todo lo que había descubierto. Finalmente, la encontró en el parque y le reveló tanto el abuso que Federico le había infligido como su relación con Nicholas. Lucinda quedó abrumada por esta avalancha de información y se enfrentó a la difícil decisión de cómo proceder.

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La pequeña Elizabeth entra en sus vidas y las transforma para siempre.

Todos los derechos reservados, no debes ser imprudente, la publicación no puede ser copiada ni en parte o en todo presente. No debes registrarla ni transmitirla por ningún medio o sistema, ni electrónico ni magnético, ni mediante fotocopia o algo similar. No lo hagas sin permiso previo, por escrito de la editorial, no seas imprudente ni osado, o enfrentarás un gran mal.
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