Capítulo III (Parte 1)
Al día siguiente, desperté con mucha energía. Como siempre, lo primero que hice fue enviarle un mensaje a Ana: "¿Estás?". Era nuestra forma de decirnos que ya estábamos despiertas. Cuando vivíamos juntas, había veces que me quedaba dormida y llegaba tarde al colegio. Ana siempre me obligaba a hacerlo, así que seguí con la costumbre. Después de mi saludo matutino, fui a ducharme. Mi cabello, corto y práctico, se secaría naturalmente de camino al colegio. Hoy era mi turno de preparar el desayuno, así que bajé rápidamente después de la ducha para hacer un café cargado con tostadas para mamá y un batido de frutas para mí. No tenía muchas ideas, así que hice lo primero que se me ocurrió. Dejé todo listo y regresé a mi habitación para ponerme el uniforme.
—Buenos días, mamá —dije, bajando las escaleras apurada.
—Buenos días, cariño —respondió ella, con su sonrisa habitual. —¿Qué tal dormiste?
—Esta vez mi cuello no me molesta, así que bien —mencioné, jugueteando con ella.
—Me alegro, cariño —dijo, riendo.
—¿Estarás para el almuerzo? —pregunté, antes de tomar mi batido.
—Oh, no. Hoy llegaré tarde, así que comerás solo con Sachi y Masita —respondió, con un tono un poco triste.
—De acuerdo, Luci. No te saltes las comidas solo porque estás ocupada con el trabajo —dije, con voz seria.
—Lo prometo —respondió Luci, sonriendo.
Antes de despedirme de mamá y salir hacia el colegio, dejé las porciones de comida para mis mascotas junto con agua para todo el día. Finalmente, me fui de casa.
Tomé el bus que me llevaba directo al colegio, tardando unos 15 minutos. Tenía unos 20 minutos libres antes de que comenzaran las clases, así que caminé lentamente hacia mi salón, con mis audífonos puestos como siempre.
En los pasillos me encontré con Marcos. Lo asusté apoyando mis manos sobre sus hombros. Él suele ser bastante educado, así que es raro escucharlo decir groserías, pero esta vez no se contuvo.
—¡Mierda! ¿Qué pasa contigo? —gritó, casi saltando. —Dios santo, ni siquiera te escuché acercarte, Victoria.
—No pensé que reaccionarías así —dije, con tono burlón. —El amable y respetuoso Marcos desapareció —añadí, suspirando.
—Idiota, si hiciera lo mismo contigo, reaccionarías igual —respondió.
—Sorry, te vi muy solito.
Después de darle un pequeño susto a Marcos, fuimos juntos al salón. Allí ya estaba Ana.
—Tan puntual como siempre —dije, mirándola.
—Lo raro es verte a ti llegando tan rápido —respondió Ana, burlándose.
—Incluso me asustó mientras caminaba por el pasillo, ¿lo puedes creer? —añadió Marcos, suspirando.
—Llegar rápido tiene sus ventajas —dije, sonriendo.
Las clases comenzaron sin incidentes. En medio de una de las horas, llegó la chica que había conocido el día anterior, Liz, para devolver mi suéter. Estábamos en el descanso entre clases, y se quedó charlando un poco conmigo antes de irse.
—Vine por tu suéter —dijo Liz, sonriendo. —Gracias por prestármelo ayer, fue de mucha ayuda.
—De nada, después de todo ni siquiera lo estaba usando —respondí, devolviéndole la sonrisa.
—Oye, eres amiga de Ana Herrera, ¿verdad? —agregó, con curiosidad. —Ayer recordé que tu cara me resultaba familiar.
—Oh, sí. Es mi mejor amiga —dije, asintiendo.
—Eso pensé. De todos modos, gracias por el suéter —respondió. —Me tengo que ir, adiós.
—Adiós, Liz.
Entré al salón e inmediatamente Ana fijó su mirada en mí, como si estuviera viendo a un delincuente.
—¿Conoces a Lizbeth? —preguntó Ana, levantando una ceja.
—La conocí ayer. Estaba lloviendo, así que le presté mi suéter —respondí.
—Mmmm... un nuevo personaje en la vida de Victoria Montalvo —añadió, sonriendo pícaramente.
—Cállate, el profesor ya llegó —dije, desviando la mirada al frente.
Las clases del primer periodo terminaron, y pensé en ir al bar del colegio por una botella de agua. Ana ya me había dicho que estaría en la oficina del consejo estudiantil, así que hoy pasaría el receso con otros amigos.
—Vamos al bar —dije, mirando a Marcos.
—Me invitarás algo, ¿verdad? —respondió, bromeando.
—No te compraré nada, interesado.
—Aaaah, bien. Vamos —dijo Marcos, casi reprochando.
De camino al bar, recibí un mensaje: "Lizbeth dice que quiere verte, ve al bar". El mensaje me sorprendió, pero también me alegró saber que iba a ver a Liz de nuevo.
—Marcos... saldré con alguien más —susurré. —¿Te molesta si voy?
—Invítame algo en el bar y te perdonaré por este abandono —respondió, frotándose el estómago.
—Lo haré.
Al llegar al bar, mis ojos buscaban a Liz entre todos los estudiantes. Era fácil distinguirla entre la multitud, con su cabello rizado y sus ojos color miel. Finalmente, la vi, y cuando nuestras miradas se encontraron, me saludó con la mano. Después de encontrarla, le dejé algo de dinero a Marcos y me acerqué a Liz.
—Ana dijo que querías verme —dije apenas llegué con ella.
—Sip, solo quería saber cómo podía encontrarte en Instagram. Le pregunté a Ana, pero ella me dijo que te lo preguntara directamente —dijo Liz, jugueteando con su cabello.
—Ah, perdón, no uso esa aplicación —respondí, sonriendo. —Parece que Ana quería que habláramos a fuerzas —suspiré.
Noté que su cara se sonrojaba, era bastante evidente por su tono de piel.
—Te puedo dar mi número —agregué, bromeando con la situación.
—Si no te molesta, está bien —respondió Liz, aún ruborizada.
Cuando terminé, Liz me presentó a una chica que la estaba esperando, Gabriela Fuertes. Me quedé todo el receso con ellas, aunque sentía la mirada recelosa que su amiga me lanzaba. Cada vez que Liz me hablaba, Gabriela fruncía el ceño como si intentara descifrar si ocultaba algo. Tal vez no le agradaba, pero no sabía qué había hecho para provocar esa reacción. En fin, no se puede agradarles a todos. El receso terminó y regresé a mi salón. Haber hablado con Liz fue algo relajante y agradable.
Al llegar al salón, vi a Ana hablando con Marcos. Parecían estar discutiendo sobre unas tareas. Apenas los vi, me acerqué a ellos.
—Oye, Ana. Le mentiste a Liz —dije, sentándome junto a ellos. —Su cara parecía un tomate cuando le dije que no usaba Instagram.
—Eh, realmente te lo preguntó —respondió, desviando su mirada hacia mí.
—¿Quién es Liz? —agregó Marcos, confundido. —Por esa tal Liz me abandonaste.
—Te invité algo en el bar, no exageres —respondí, mirando mi celular.
—Le di mi número, parece que quiere ser mi amiga —añadí, mirando de nuevo a Ana.
—Mmmm... parece que sí. Sé amable, ella no sabe de tus cambios de humor —dijo Ana, burlona.
—No prometo demasiado —respondí, riendo.
—Lo digo en serio, Tori —agregó Ana, con un tono más serio.
—Bien, bien. Seré amable —respondí.
—Yo no estoy entendiendo nada. ¿Me pueden explicar qué pasa? —dijo Marcos.
—No —respondimos Ana y yo al mismo tiempo.
Después de terminar las clases, Ana dijo que iría acompañada por ese chico del otro salón, Abel. Parece que las cosas entre ellos están avanzando más rápido de lo que esperaba. Tendré que ir sola a casa. Cuando llegué, lo primero que hice fue acariciar a mis queridas mascotas.
—¿Por qué son tan lindos? —dije, mientras los acariciaba. —Esperen un momento, les daré su comida.
—Hoy mamá no estará, así que comeremos solos.
Después de darles la comida a mis mascotas, preparé una comida ligera para mí. Fui directo a ducharme y hacer las tareas pendientes para el día siguiente. Terminé en dos horas exactas. Me recosté un momento en la cama con Sachi y Masita a mi lado. Ana y Liz me habían enviado mensajes. El de Ana era solo uno diciendo: "Art quiere ver a tu gata, y yo quiero una de Sachi". Respondí con una foto de mí junto a mis dos mascotas.
Después de responderle a Ana, revisé el mensaje de Liz. Decía: "Tendremos que charlar más seguido. Por cierto, déjame ver a Masita". Le respondí con la misma foto que le envié a Ana. En comparación con ella, Liz respondió casi al instante, diciendo:
"aaaah, ese perrito es tu otra mascota, ¿verdad?"
"todos son muy fotogénicos :p" Cuando vi que respondió tan rápido, sentí que debía responder de igual forma, ¿no?
"Es Sachi, está durmiendo ahora, qué envidia."
"si tienes envidia, deberías dormir" respondió Liz, con unos emojis de caritas enojadas. Parece que los usa bastante.
"Lo haré después, tengo que ir al gimnasio."
"Practicas boxeo, ¿no?" preguntó Liz, junto a un emoji de carita pensativa.
"¿Ana te lo contó?"
"Vi las fotos que ella publica en Insta, hay un montón de fotos de ti boxeando" respondió Liz, esta vez con unos emojis de caritas burlonas.
"Mmmmm... probablemente salgo bien en todas esas fotos" comenté en tono burlón.
"Tal vez... hay muchas fotos de ti y su hermano publicadas en su Insta" respondió Liz. Luego añadió: "Te dejo de distraer, hablamos luego, ¿okey?" Acompañado de un emoji de carita sonriente.
"Hablamos luego" respondí.
Ella parecía ser igual de habladora en el chat. Tuvimos un ligero intercambio de mensajes, y al despedirme, me preparé para ir al gimnasio. No quería que Adrián me pusiera otro castigo.

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