Después de prepararme, me despedí de Sachi y Masita.
—No hagan nada malo mientras estoy fuera, mamá podría enojarse —dije, mirándolos seriamente.
Después de recomendarles que no hicieran nada indebido, salí de casa. Faltaban unos 30 minutos para la hora de entrenamiento, así que decidí trotar para empezar a calentar mi cuerpo. De camino al gimnasio, Ana me llamó. Yo estaba con mis audífonos puestos, así que respondí de inmediato.
—¿Qué pasa, Ana? —respondí.
—Quería preguntarte qué te pareció hablar con Lizbeth —dijo, con un tono burlón. —Por cierto, Sachi sigue igual de lindo, como siempre. Art también dijo que tu gata estaba linda.
—Deberías haberle dicho que no uso redes sociales. La pobre se moría de la pena cuando le dije eso —respondí, con un tono burlón.
—Me lo imagino. Ayer preguntó por ti —dijo Ana. —¿Estás corriendo? —agregó, curiosa.
—Voy de camino al gimnasio —respondí, deteniéndome para tomar un respiro. —Ayer la conocí después de encontrar a Masita.
—Mmmm... bien. Te dejo, suerte con el entrenamiento —dijo, con su voz dulce de siempre.
—Te veo mañana, Ana —respondí.
Al llegar al gimnasio, lo primero que hice fue dejar mi pequeña mochila que siempre llevo a los entrenamientos, sacando solo una toalla para secarme el sudor. En ese momento, me encontré con el padre de Adrián.
—Oh, buenas tardes, señor López —dije, seria.
—Hola, Vic. No es habitual verte aquí tan temprano —respondió, sorprendido.
—Adrián está poniendo más castigos de lo habitual —mencioné, sonriendo levemente.
—Ya veo. Él aún está en su habitación preparándose. Puedes esperarlo o ir a darle un susto a su habitación —dijo, riendo.
—Creo que haré lo segundo.
Después de saludar al señor López, fui directo a acatar la idea que me había dado el padre de Adrián. Como ya sabía cómo era la casa de él, fui directo a su habitación con todas las intenciones del mundo de asustarlo. Cuando estaba frente a la puerta de su habitación, la abrí de golpe sin pensarlo.
—¡Hey, Adrián! —grité. —Aún duermes, ¿verdad?
En el momento en que entré, vi a Adrián completamente desnudo. La sorpresa me la llevé yo.
—¡Tonta! —gritó Adrián, casi desesperado. —¡Cierra la puerta, estaba cambiándome!
Después de que mi pequeña broma no saliera como esperaba, esperé a que él saliera con algo de ropa. Sinceramente, no me esperaba eso, pero supongo que es mi culpa por entrar sin previo aviso.
—Ya estoy listo —dijo Adrián, apenas salió de su habitación. —¿Por qué entraste de la nada, idiota? —agregó, evitando el contacto visual.
—Era una broma. Llegué rápido, así que vine a asustarte —dije, suspirando. —Ahora quiero borrar esa imagen de mi cabeza —suspiré de nuevo.
—Voy a fingir que nada pasó —dijo, forzando una sonrisa. —También quiero borrar ese recuerdo de mi mente —agregó, suspirando.
—Bien, eso hagamos —respondí, asintiendo con la cabeza.
Después de ese momento vergonzoso, hicimos nuestro entrenamiento con normalidad. Adrián, como siempre, nunca se contenía, ni siquiera porque soy mujer. Al finalizar, mis piernas me estaban matando. El entrenamiento de hoy se centró más en las piernas.
—Mañana ni siquiera podré sentarme —dije, secando mi sudor.
—Haz masajes en tus piernas mientras te duchas, eso disminuirá el dolor —respondió, mirándome.
—Lo haré.
—¿Qué pasa contigo? —agregó, levantando una ceja. —Pareces más feliz, incluso llegaste puntual.
—Nada en especial —respondí, sonriendo.
—Esa sonrisa no es por nada. Algo pasó —mencionó Adrián, desviando la mirada. —Incluso después de ver mi maravilloso cuerpo, no me contarás lo que pasa.
—Prometimos no hablar de eso —respondí, frunciendo el ceño al recordar aquella escena.
—Entonces dime por qué estás más alegre hoy —dijo, cruzando los brazos.
—Una chica, hice una nueva amiga —agregué, dando un suspiro.
—Eeeh, parece que la pequeña Tori sale del caparazón —mencionó, sonriendo.
—Cállate.
Después de esa pequeña charla con Adrián, me retiré a casa. Mamá ya había llegado y estaba preparando la cena. Olía rico, el aroma de la comida llenaba por completo la casa.
—Hola, Luci —dije, apenas la vi. —¿Qué tal tu día?
—Hola, cariño —respondió, desviando su mirada hacia mí. —Estuve casi todo el día con un cliente bastante molesto. Piensa que los procesos jurídicos avanzan más rápido solo por ser alguien ligeramente importante —agregó, soltando un gran suspiro.
—Vaya día. Espero que lo hayas echado de tu oficina —mencioné, sonriendo.
—Ojalá lo hubiera hecho —respondió Luci, riendo. —¿Cómo estuvo tu día?
—Normal. Hoy hablé con la chica que te mencioné ayer —respondí. —Resultó ser amiga de Ana.
—Mmmm... ¿y qué tal? —preguntó Luci, con una sonrisa leve.
—Es Linda, parece que quiere acercare a mí —respondí.
—Ya veo. Parece que esta chica llamo tu atención. —comentó Luci.
—Bueno, me gustó mucho. —afirmé.
—¿Gustar románticamente? —dijo Luci, con una cara sorprendida.
—No lo sé, probablemente me guste como amiga. —propuse.
—Tendrás que descubrir eso mientras la vas conociendo. —menciono Luci, sonriendo ampliamente.
—¿Por qué sonríes? —dije, al ver la expresión de mamá.
—Por nada, cariño. —contesto, desviando la mirada.
Al terminar de charlar con mamá, la ayudé a poner la mesa. Terminamos de comer, y era mi turno de lavar los platos. Apenas terminé, fui a ducharme, siguiendo el consejo de Adrián de hacer masajes en mis piernas para que mañana no me dolieran tanto.
Después de la ducha, apenas toqué mi cama, me quedé dormida. Parece que mi cuerpo estaba muy fatigado por el entrenamiento de hoy.

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