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El llamado de los dioses

El llamado del destino parte 2

El llamado del destino parte 2

Mar 28, 2025

This content is intended for mature audiences for the following reasons.

  • •  Blood/Gore
  • •  Mental Health Topics
  • •  Physical violence
  • •  Cursing/Profanity
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Corrieron hacia el edificio mientras el dragón de luz mantenía a raya a los demonios. Al llegar, el abuelo hiroto giro una figura de un guerrero y una brillante luz azul comenzó a envolver el dojo, formando un escudo translúcido que emitía un leve zumbido.

—¿Qué es esto? —preguntó Kenji, mirando cómo la barrera los rodeaba.

—El dojo está protegido por el legado de Seiryū —respondió Hiroto, con una leve sonrisa—. Este lugar es un santuario. Aquí los demonios no podrán entrar.

En ese momento, uno de los demonios más grandes se lanzó contra la barrera, rugiendo con furia. Su garra golpeó la luz , pero al contacto, su carne comenzó a desintegrarse como si fuera ceniza. El demonio aulló de dolor antes de desaparecer por completo.

Kenji dejó escapar un suspiro de alivio, aunque todavía sujetaba su arco con fuerza.

—Eso fue… impresionante.

El aire en el dojo estaba pesado, impregnado con una mezcla de tensión y agotamiento. Afuera, las sombras de los demonios seguían acechando, pero la brillante barrera azul que envolvía el edificio los mantenía a raya. El zumbido bajo de la protección mágica resonaba suavemente, un recordatorio de que estaban seguros, al menos por ahora.

Ryu cayó de rodillas, sus manos temblorosas apoyadas en el suelo mientras jadeaba con fuerza. Su cuerpo entero parecía arder, como si el poder que acababa de desatar hubiera drenado cada gramo de su energía.

—Esto… esto es demasiado —susurró, sin levantar la vista.

El dragón de luz que lo había rodeado momentos antes se desvaneció en motas de energía, y el amuleto de jade que llevaba colgado del cuello volvió a emitir solo un tenue brillo, casi imperceptible.

Hiroto se acercó a su nieto, arrodillándose a su lado. Colocó una mano firme en su hombro, su expresión grave pero comprensiva.

—Te advertí que este poder no es fácil de manejar, Ryuhoshi. Pero es tuyo, y solo tú puedes aprender a controlarlo.

Ryu levantó la vista hacia su abuelo, su rostro una mezcla de agotamiento, incredulidad y frustración.

—¿Controlarlo? Apenas puedo mantenerme en pie, abuelo. Y tú… ¿esperas que haga esto otra vez?

Hiroto asintió lentamente.

—No solo otra vez. Muchas veces. Porque si no lo haces, este poder te consumirá, y no habrá esperanza para ninguno de nosotros.

Kenji, todavía sujetando su arco con fuerza, se acercó con pasos cautelosos.

—Pero, abuelo Hiroto… ¿cómo puede aprender a usar este poder si ni siquiera entiende qué significa todo esto? Yo tampoco lo entiendo.

Hiroto suspiró y se puso de pie, observando la barrera azul donde los demonios continuaban merodeando. Uno de ellos intentó atravesarla nuevamente, pero su carne comenzó a desintegrarse en cuanto tocó la luz.

—Porque el Pacto se ha roto —dijo finalmente, su voz cargada de una gravedad que hizo que ambos jóvenes se quedaran en silencio—. Lo que una vez estuvo sellado, ahora está libre. Y Ryuhoshi, nuestro linaje… tu linaje, desciende directamente de Seiryū, el Dragón de las Estrellas. Este poder es tu herencia, pero también tu responsabilidad.

Ryu negó con la cabeza, intentando ponerse de pie mientras el cansancio pesaba sobre cada músculo de su cuerpo.

—Abuelo, ¿escuchas lo que estás diciendo? Esto… esto suena como uno de esos cuentos que siempre nos contabas para asustarnos de niños. Demonios, dragones, pactos… Todo eso no puede ser real.

Hiroto se giró hacia él, con una mirada que era al mismo tiempo severa y llena de paciencia.

—¿Y qué más necesitas para creer, Ryu? ¿No bastó con ver a los demonios? ¿Con sentir el poder del dragón en tu propia piel?

Ryu abrió la boca para responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Sus manos temblaban ligeramente mientras apretaba los puños. La lógica le decía que todo esto no tenía sentido, pero su corazón sabía que no podía negar lo que había visto y sentido.

Kenji rompió el silencio.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora, abuelo? Si lo que dices es cierto, y esto apenas comienza, ¿cómo podemos prepararnos?

Hiroto asintió con aprobación hacia Kenji antes de responder.

—Nos dirigiremos a Shinjuku. Cerca de allí hay un santuario, un lugar donde los mortales y los dioses pueden conectarse. Ryu necesitará esa conexión para entender su poder… y aprender a controlarlo.

Ryu alzó la vista, su incredulidad volviendo a la superficie.

—¿Shinjuku? ¿Quieres que vayamos hasta allí… caminando? ¿En medio de todo este caos?

—No tenemos opción —respondió Hiroto, su voz firme—. Aquí estamos seguros por ahora, pero esta barrera no durará para siempre. El santuario es el único lugar donde podremos encontrar las respuestas que necesitamos.

Ryu dejó escapar una carcajada amarga, sacudiendo la cabeza.

—Esto es una locura… ¿Hablar con un dragón? ¿Pedirle consejos? ¡Esto no puede estar pasando!

Hiroto dio un paso hacia su nieto, colocando ambas manos en sus hombros.

—Ryu, sé que esto es difícil de aceptar. Sé que esto desafía todo lo que creías, pero no podemos darnos el lujo de dudar. No ahora.

Kenji, aunque igual de nervioso, puso una mano en el hombro de Ryu.

—Ryu, ya estamos en esto. Si no fuera real, ninguno de nosotros seguiría aquí. Vamos juntos.

Ryu los miró a ambos, su corazón debatiéndose entre la duda y la necesidad de avanzar. Finalmente, asintió con un suspiro.

—De acuerdo… Pero esto no significa que crea en dragones.

Hiroto dejó escapar una leve sonrisa y tomó su bastón.

—No importa si crees o no. Lo importante es que estés dispuesto a caminar este camino. Ahora, descansen. Partiremos al amanecer.

Los tres miraron hacia la barrera azul una vez más, donde los demonios seguían merodeando, incapaces de entrar. Shinjuku parecía un destino imposible, pero era su única esperanza.

 


Sara estaba en un tren que cruzaba a Tokio, pero el paisaje a su alrededor era un reflejo del caos. Ciudades enteras estaban en ruinas, y los gritos de las personas resonaban incluso desde la distancia. Sara miraba por la ventana, con el diario de su madre en las manos.

"La conexión se encuentra donde el sol se oculta y el dragón despierta."

Las palabras resonaban en su mente mientras intentaba entender su significado. De repente, el tren se detuvo bruscamente, lanzando a los pasajeros al suelo.

—¿Qué está pasando? —preguntó alguien.

Sara salió al pasillo y miró por la ventana. Afuera, un grupo de demonios estaba atacando el tren. Eran criaturas enormes, con piel escamosa y ojos que brillaban como carbones encendidos.

—No… no ahora… —murmuró Sara, sintiendo el miedo apoderarse de ella.

En su mente, la voz de Perséfone resonó.

—Sara, no temas. El poder que llevas es suficiente para enfrentarlos.

—¿Qué poder? —preguntó Sara, casi desesperada.

Las flores negras comenzaron a brotar a su alrededor, envolviendo sus manos. Sara salió del tren, enfrentándose a las criaturas. Extendió las manos, y las flores se transformaron en látigos que golpearon a los demonios, deteniéndolos en seco.

—Esto… esto no puede estar pasando… —susurró.

Pero en su interior, algo le decía que estaba exactamente donde debía estar.


En china, Kael conducía su moto a toda velocidad, siguiendo las indicaciones de Érebo. La grieta en el cielo parecía perseguirlo, y las sombras a su alrededor se alargaban como si lo protegieran.

—¿A dónde me llevas? Ya hasta tome un puto avión—rebuzno Kael, con los dientes apretados.

—Hacia tu destino —respondió Érebo—. Hacia los otros.

Kael frenó bruscamente al llegar a un cruce de caminos. Frente a él, un grupo de demonios lo esperaba. Kael bajó de la moto, imbuyendo su espada de sombras.

—Si quieren pelear, adelante —dijo, con unos ojos llenos de ira .


Mientras el mundo caía en el caos, los caminos de los protagonistas comenzaban a entrelazarse. Aunque aún estaban separados, el destino los empujaba hacia un encuentro inevitable, uno que decidiría el futuro de la humanidad y el papel de los dioses en este nuevo conflicto.

 

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El destino siempre encuentra la forma de alcanzarnos… pero, ¿se puede huir de él? ¿O es mejor enfrentarlo de frente?

¡Gracias por leer!
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El mundo está al borde del colapso. Demonios han cruzado el umbral entre dimensiones, desatando el caos y la destrucción. Ciudades enteras arden, y la humanidad se aferra a una última esperanza: los Paladines, guerreros bendecidos por los dioses y las antiguas bestias.
Entre ellos se encuentran tres almas marcadas por el destino:
Ryuhoshi Hoshino, el último descendiente del Dragón de las Estrellas, con un linaje tan poderoso como maldito.
Kael Noctis, portador de las sombras, un hombre que ha perdido todo y cuyo único propósito es la venganza. Sara Blanc, hija de la muerte y la vida, atrapada entre su propio pasado y el despertar de un poder que no comprende.
A medida que sus caminos se cruzan, se enfrentarán a los cuatro jinetes del Apocalipsis, sectas demoníacas y horrores más allá de la comprensión humana. Pero más allá de la guerra y la sangre, deberán luchar contra sus propios demonios internos.
La profecía ha sido escrita. El fin del mundo se acerca.
Pero la pregunta es…
¿Serán estos guerreros los salvadores de la humanidad… o sus heraldos de la destrucción?
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