El Dia que un (No)Elegido Conoció al Hijo de Geos III
El Dia que un (No)Elegido Conoció al Hijo de Geos III
Mar 26, 2025
Cuando regresó Slaen, volvió con una gran criatura alada, de un precioso color turquesa claro que intentaba su plumaje con varias y diminutas manchas blancas rodeando su cuerpo; las plumas recorrían su esbelto cuerpo, desde su alargada cola, que se meneaba de un lado para otro hasta sus delgadas y largas patas. La única parte que carecía de este plumaje era su pálido rostro. Este era plano y redondeado de color gris claro, con pequeñas fosas nasales rosadas y con largos ojos almendrados color oscuro que daban una impresión terrorífica que podía acrecentarse con el abrir de su boca que, a pesar de su pluma, no poseía pico alguno y daba la sensación de una burlesca y siniestra sonrisa. A los lados de su cabeza, sobresaliendo entre el plumaje, tenía unos pequeños cuernos que levemente estaban torcidos.
Cuando estuvo enfrente del pequeño, la criatura se levantó de sus cuatro patas y se irguió con la ayuda de las dos traseras, haciendo notar su tres enormes garras. A ello, el umbra estiró su largo cuello y se aproximó a Eliedas, a quien miró fijamente. Inspeccionando, bajó la cabeza de manera cautelosa. Luego la ladeó en un ademán de curiosidad.
El pequeño quiso dar un paso hacia atrás ante la presencia de la extraña criatura, pero resistiendo la idea de huir. Slaen susurró un «todo está bien». Su tutor pasó su mano y empezó a masajearla por debajo del espeso plumaje del cuello. Se notó que le gustaba mucho, pues cerró los ojos disfrutando del tacto, emitió un chistoso gorjeo y posó sus patas delanteras nuevamente al suelo. Cuando Slaen se detuvo de acariciar, tomó nuevamente al chico por debajo de los brazos con la intención de subirlo al lomo del umbra, pero la criatura gruñó al tiempo que apartaba su cuerpo. El joven, ante ello, pataleó aterrorizado e involuntariamente, golpeó la rodilla de Slaen con su pie herido. El diedra lloriquea ante el ardor de su pie por el golpe, y por el susto que se había llevado. Fue soltado, tembloroso, miró a su cuidador. Después pasó a mirarse la rodilla y se sintió acongojado sin atreverse a mirar.
—Fue mi culpa, disculpa —declaró Slaen poniéndolo a su altura nuevamente, aunque con esto dejó ver una mueca de dolor al flexionarse—me precipite.— Pasó de soslayo a mirar a la criatura al lado. —No pensé que te tendría miedo.
—¿Miedo?— expresó el pequeño.
—Eres algo nuevo, es normal que actúe con hostilidad. —Sacó de su bolsillo un pedazo de carne seca que ofreció al pequeño—. Dáselo, intenta acariciarlo conmigo mientras se lo come, eso ayudará a que te tome confianza o, por lo mínimo, lo distraerá.— Eliedas extendió su mano con las palmas abiertas mostrando el alimento y el animal se acercó cauteloso y algo curioso. No pudiendo resistir el olor de la comida, bajó su cabeza haciendo que el cuello rozara la tierra; luego la elevó y lentamente tomó el alimento y comenzó devorarlo, azuzado por Slaen que juntó su mano acariciando el suave plumaje. Eliedas lentamente y conforme sentía su piel pasar por cada tramo de plumas, se iba entreteniendo y relajando, destensando su cuerpo. Lo mismo pasaba con el umbra, que, al inicio, mientras probaba su comida, se mantuvo cauteloso y mirando al diedra inquisitivamente. Pero conforme más comía más se perdía en ello y se veía más cómodo con la presencia del chico.
—¿Estás listo? —preguntó Slaen a Eliedas, quien, no muy convencido, asintió permitiéndole ser nuevamente cargado y puesto, esta vez, en la montura de la criatura, seguido por Slaen que montó en la espalda, quedando detrás de Eliedas a quien ayudó a acomodarse y a sujetarse de las riendas que tomó y que estaban atadas a los cuernos del umbra.
El pequeño Eliedas es el último de su especie: los diedra, una antigua raza considerada por los karnantes la especie más antigua y cercana a su deidad Geos, pero tan amada como odiada por los karnantes. El joven Diedra deberá abandonar Sortoloxia, el hogar donde fue criado, y dejar a su tutora, la gobernante de aquel país, ante las tensiones que han ido en aumento por su presencia. Ahora, hasta que la situación mejore o se encuentre una solución para su regreso, estará al cuidado de una criatura conocida como una emanación.
Mientras unos desean que rija su futuro por el camino de un guerrero, otros, por el de un soberano. Incluso por el de una divinidad están otros, deseosos de su muerte. Es solamente aquella emanación quien desea que pueda disfrutar su infancia y poder darle un futuro.
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