Eliedas pasó sus primeros días aprendiendo acerca de su nuevo hogar. Con ayuda de Slaen, quien explicó algo del pasado de Silvanem. El nuevo hogar de Eliedas fue hace décadas un punto de comercio entre distintos pueblos, la interacción entre Karnantes y los humanos era algo heredado de aquella época de gloria. Sin embargo, las guerras, los pleitos por el poder, sumado el deterioro de la región, Silvanem alejo a las naciones y lo condeno al olvido. Su época de gloria termino cuando aquella nación que fuese una tierra verde fue convirtiéndose en un inmenso desierto. Pero aquello no significo su muerte, sino un renacimiento para estas tierras y su pueblo. —Con el golpe de su cola emergieron las montañas, su aliento concedió vida nueva a los árboles y plantas. Con su grito llamó a los animales e insectos; con su andar creó los ríos y los lagos.
Slaen se detuvo de relatar, observando con una sonrisa enternecida al pequeño, sentado con sus piernas cruzadas y escuchando sin quitar la vista de su tutor. Tras unos segundo de silencio continuo con la Lectura. —Dijo Mirrael que los tiempos de gloria para Silvanem habían llegado a su fin. Sin embargo, no por ello el pueblo de Silvanem debería perecer. Así que, cedió un bosque y sus montañas para que su gente pudieran sobrevivir y proveerse de ellas, sin embargo, puso condiciones: prohibió construir sus hogares en las profundidades de los bosques, el nuevo hogar de los karnantes y de los humanos debía estar en el corazón de las montañas y jamás intentar traer al bosque de regreso al enorme decierto que los rodeaba, pues ahora el desierto serviría a un bien mayor. Mirrael sería su guardián, Mirra y Rajel sus amos.
—Mmm, entonces, no puedo entrar al bosque —dijo Elieadas. Slaen sonrió. —Para nada. Si quieres que vayamos algún día, te llevo. —No… no es eso —dijo entre tartamudeos Eliedas agitando sus manos en zigzag. —No está prohibido, lo dije hace poco. ¿Oh, no? Solo en el corazón de Silvanem está permitido que habite su pueblo. —Cierto, perdón por no prestar atención. El pequeño se encogió de hombros y encorvó su espalda, pero la palma de la mano de Slaen empujó con un leve toque su columna, la espalda de Eliedas se irguió recta. —Derecha esa espalda, nada de encorvarse pequeño que no me he molestado. —Perdón —. Dijo el Eliedas. —Nada de perdón, no has hecho nada malo. Lo importante es que tienes preguntas… hazlas con confianza. —Bueno, usted, ¿Cómo lo sabe? Es decir, ¿así fue creada esta tierra? No es que no crea que fue así. ¿Así renació? —Eliedas se agarró el mentón pensativo—. ¿Estuvo allí, señor Slaen cuando Mirrael creó Silvanem? —No soy tan viejo Eliedas — Dijo Slaen fingiendo estar ofendido —, ni siquiera habían nacido mis padres cuando ocurrió. Eso fue hace un par de siglos y es un relato muy común de la gente de aquí. Un relato que llegó a oídos de mi madre en su juventud. Slaen se inclinó recargándose sobre sus rodillas—. Sin duda escucharás la versión de tus maestros cuando entres a los grupos de nidos. —¿Entrar a grupos de nidos? —Es como nombran donde se educan a los más jóvenes, aunque creo que en la época de mi madre lo llamaban de otra forma… a saber qué pasó para alterar el nombre —Iré a una escuela —dijo lento Eliedas a la par que sus brazos se quedaban estáticos en el aire y bajaba el rostro mirando hacia sus piernas cruzadas a las que se aferró segundos después.
—Te ha incomodado. Si es por los humanos, puedo incluirte en un nidal que sea solamente de karnantes mientras te acostumbras a los humanos, pero… —dijo Slaen mientras con su dedo Slaen palmo sus labios pensativos—. Generalmente, aquí se prefiere que la crías de karnantes y humanos interactúen para fomentar la sana convivencia entre ambas especies y no crezcan en conflicto.Eventualmente pediran que te unas a grupos mixtos. —No tiene que hacer tal cosa —, comentó Eliedas tomando la tela del cuello de su ropa y ocultando con ella la mitad de su rostro. —Iré donde me indiques. Solo me sorprendió. Es que yo he sido educado por los mayores, no con otras crías. —¿En serio?, ¿Nunca? ¿Nunca, Eliedas? Eliedas recordó como los más ancianos hablaban que correría el riesgo de manchar su pureza si dejaban que cualquier individuo tuviera contacto con el joven diedra. Los altos cargos rechazaron la propuesta de su dominus Kara de sacar a Eliedas del país, hasta que la dominus mencionó quién sería su nuevo tutor. Para los ancianos, si una criatura que era el propio Geos, como Slaen, iba a cuidarlo, esa pureza no correría riesgo. —Los ancianos sugirieron que me mantuviera al margen de otros infantes. Decían que podía atrofiar mi desarrollo con malas influencias. Eliedas se esperanzaba que si contaba lo que pensaban sus antiguos cuidadores, su nuevo tutor por respeto al pueblo de Sortoloxia desistiría de la idea de llevarlo a los denominados nidos. Si mal no recordaba, Slaen nació allí, o eso entendió el diedras cuando su tutor habló con la dominus.
El pequeño Eliedas es el último de su especie: los diedra, una antigua raza considerada por los karnantes la especie más antigua y cercana a su deidad Geos, pero tan amada como odiada por los karnantes. El joven Diedra deberá abandonar Sortoloxia, el hogar donde fue criado, y dejar a su tutora, la gobernante de aquel país, ante las tensiones que han ido en aumento por su presencia. Ahora, hasta que la situación mejore o se encuentre una solución para su regreso, estará al cuidado de una criatura conocida como una emanación.
Mientras unos desean que rija su futuro por el camino de un guerrero, otros, por el de un soberano. Incluso por el de una divinidad están otros, deseosos de su muerte. Es solamente aquella emanación quien desea que pueda disfrutar su infancia y poder darle un futuro.
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