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El Destino de Proteus

Un Castigo Negado II

Un Castigo Negado II

Mar 28, 2025

Al final fue una decepción para Eliedas, pues no pudo escapar de la educación. Slaen solicitó quedarse los primeros días para acompañar a su protegido en sus clases. Era algo permitido el que los padres de las crías se quedarán en los nidos durante las clases, para hacer menos estresante la separación de los jóvenes más nerviosos y tímidos, con la condición de que en manera gradual los padres tendrían que disminuir su presencia durante las clases. En ese primer día, Eliedas se mantuvo casi pegado a su tutor, aunque manteniendo la distancia. Estaba deseoso de sujetar su mano y buscar la calma con la cercanía de la emanación, pero su mano la endurecía cerrándola en puño que temblaba por contener sus anhelos, diciéndose a sí mismo, el diedras, que el contacto con aquella piel era desagradable.
Todos estos jóvenes humanos y karnantes de casi su misma edad se encontraban rodeándolo, sentados en una hilera que formaba un círculo, atentos al joven diedra, quien intentaba lucir solemne con su espalda recta y expresión rígida. A pesar de tenerlos enfrente, no existía para él la imagen de los alumnos, solo la voz del maestro, cuyas palabras eran inexistentes para la nerviosa cría. No podía más; su corazón se aceleró, sentía ahogarse, quería salir corriendo y escapar de todos los ojos que caían encima de él, no ayudó en su ánimo que su estómago comenzara a retorcerse recorriéndome una agrura desde el estómago hasta la garganta y que alcanzó su paladar. Ante esta estresante situación, su vista se le nubló, seguido de un mareo, luego una voz amable. —Respira hondo. Hablo Slaen. Luego su mano palpó la espalda de Eliedas quien sintió una sensación relajante que le recordaba al primer encuentro de ambos. El latido del corazón de Eliedas fue disminuyendo hasta volver a la normalidad. El aire fresco recorrió sus fosas nasales y alivió la pesadez en su pecho. El diedra suspiró aliviado, pero su voz la sintió seca como para poder agradecer a Slaen. No ayudaba el desagradable sabor que todavía le quedaba en su paladar, pero en su mente susurró aquel «gracias» tan ansiadas. Luego, la mano de su tutor pasó a colocarse sobre la cabeza de Eliedas, aunque no duró mucho, la emanación se percató de la incomodidad del pequeño, así que apartó su mano y dirigió una amable sonrisa. —Soy Ludos, seré tu maestro Eliedas. Ludos, era un karnante de color azul oscuro y escamas percudidas por la arena del entorno. Tenía los ojos almendrados y una complexión delgada, con una estatura algo más baja que el promedio de un karnante. Pese a ello, contemplando a su tutor en su forma humana y comparándolo con el señor Ludos, para Elíades, Slaen seguía siendo bajo en estatura y Ludos mucho más fornido y rígido, con una gruesa voz que lograba disimular con expresiones amables. —Bienvenido al nido pequeño.— Expresó Ludos inclinándose a la altura de Eliedas. —Preséntate, todos son buenos niños, claro que lo son —Comentó el karnante girando a ver a sus estudiantes. Y con voz llena de orgullo dijo en voz alta y presumida mientras miraba a Slaen: —yo los he educado a todos. No dudo que tú lo seas Eliedas, más sabiendo quién te ha criado. El hijo de una emanación, qué honor es tenerlos aquí. El maestro de Eliedas elevo su rostro mirando con emoción hacia Slaen, pero el karnante se cohibió con la expresión desinteresada de la emanación. Eliedas se sobresaltó y entre tartamudeos intentó aclarar que no eran parientes. —No es mi… padre es mi… mmm… Ludos parpadeó perplejo, mirando primero a Eliedas y después a Slaen, regresando la mirada una y otra vez sobre los dos individuos hasta que sacudió su cabeza. Slaen soltó una discreta risa que ocultó tras la palma de su mano. —Lamento el error, pensé que eran familia —, dijo Ludos apartándose de Eliedas, soltó un suspiro al sentirse apenado — por... ya sabe... lo que es usted señor Slaen, una...emana... emanación—intento aclarar entre tartamudeos el señor Ludos. —Soy su tutor —interrumpió Slaen dando un largo paso enfrente—. Pero eso no importa. Lo importante es Eliedas. El maestro asintió, dio un largo paso atrás, juntó sus manos pegadas en su estómago para después dejarlas caer con un semblante incómodo y agachó la cabeza, avergonzado, a lo que Slaen levantó la ceja extrañada por aquella acción.
Eliedas inició dando su nombre y su lugar de procedencia. Habló de su especie, que fue la parte más difícil, donde guardó silencio por unos instantes. Reflexiono sobre si debería mentir sobre su naturaleza, pensó que no era mala idea decir que era un híbrido, aunque al final decidió ser sincero. Su tutor nada había dicho que fuera mejor guardarlo, por lo que reveló que era un diedra. Varias crías ladearon confusas sus cabezas y murmuraron entre ellas, preguntándose qué eran los diedras. A Eliedas le provocó una sensación de vacío el ver que su gente era desconocida para todos estos extraños. «Es cierto, no hay otros como yo, qué tonto soy. La dominus estaría decepcionada», pensó Eliedas. Sin darse cuenta, Eliedas, tras quedar atrapado en sus pensamientos, se vio rodeada de todos los jóvenes que se acercaron de manera abrupta para hacerle muchas preguntas. —¿Cuál es tu edad? Yo tengo siete, pero en unos días tendré ocho —dijo una niña humana dando saltos continuos mientras alzaba sus dos brazos para que Eliedas contestara a sus preguntas. —¿Cuál es tu comida favorita? —preguntó un karnante que levantaba su mano, mientras ponía la otra sobre la boca. —¿Color favorito? Verde, amarillo, quizás... no me digas, déjame adivinar: el rojo, se nota en tu ropa o, ¿Solo puedes ver en blanco y negro? —Esta vez fue una hembra karnante que daba brincos en círculo alrededor de Eliedas —¿Tienes mascotas y cuántas tienes?, yo tengo cinco gallinas; antes teníamos seis, pero mi abuelo se la almorzó en un caldo —, dijo un niño humano que, de inmediato, se lanzó con otra pregunta— ¿Sabes jugar a las atrapadas? —¿Un diedras es tu creencia, tu pueblo, el nombre de tu familia? ¿Qué es? —preguntaron al mismo tiempo y de manera sincronizada dos crías karnantes. Preguntas como las anteriores lanzaron sin misericordia todos los infantes. Quizás abrumado era decir poco por cómo se sentía Eliedas al verse rodeado de aquellos niños, lanzando en manada sus dudas sobre su nuevo compañero, entre gritos chillones. Aparte, Eliedas estaba frustrado, decepcionado , en su mente, se decía a sí mismo: «¿En serio me van a preguntar cosas tan simples y banales? ¿Qué no me ven? soy un diedras». En Sortoloxia, muchos karnantes lucharían para tener una audiencia con Eliedas, desde la clase más baja hasta la más prestigiosa harían el intento. Por el mero hecho de verle, los afortunados saldrían fascinados y conformes de poder presenciar aquello que consideraban un ser superior, puesto que solamente los miembros más altos del gobierno, como la dominus, los ancianos dedicados a la fe principal del reino o algunos sirvientes, tenían permitido un contacto más directo y constante. Para cualquier otro era un privilegio que debía ganarse. Bueno, hasta ahora, Eliedas estaba en contacto con aquellos que jamás pensó estaría. Los niños jalaron de los brazos a Eliedas, queriendo sacarlo a jugar, aunque el diedras se negaba poniendo su cuerpo tieso y girando su cabeza en un gran no. Preguntaron algunos niños a su maestro si podían ir afuera a jugar con Eliedas. Ludos lo permitió. Con mucha energía, todos los pequeños salieron a las afueras con el pobre Eliedas quien miraba atrás a su tutor gritando en su mente un inútil auxilio. Slaen mostró una sonrisa divertida y le gritó a Eliedas que podía con todos.
yasmingarcia
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Mientras unos desean que rija su futuro por el camino de un guerrero, otros, por el de un soberano. Incluso por el de una divinidad están otros, deseosos de su muerte. Es solamente aquella emanación quien desea que pueda disfrutar su infancia y poder darle un futuro.
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