—Waze no ha aparecido en todo el día —confirmó Miltrón mientras salían del comedor, luego del almuerzo.
—Gabs tampoco, ¿Cierto? —agregó Chips.
Luego de su viaje a Perloneche no les quedó otra que cumplir con su jornada y asistir al resto de las clases, pero nada pudo evitar que pasaran las horas distraídos y cruzando los dedos para coincidir con Miltrón durante el almuerzo. Y efectivamente fue así.
Encontraron al felino blanco tomando lentamente un caldo mientras exhibía una cara digna del reflejo de un dolor producido por uno o dos puñetazos recientes en el estómago. Un dolor que tenía nombre para los estudiantes de La Universidad, Vielagris, el alcohol más barato y popular entre los marineros de peor monta de los muelles de Perloneche.
—No, no asistió a Lógica Difusa —respondió Jasques, quien era asistente del tutor de aritmética de la Universidad, por lo que frecuentemente lo sustituía dando algunas clases en los niveles más bajos.
Chips no tenía ninguna asignación con Gabs y mucho menos con Waze, a quien solo lo veían quienes tenían acceso a los salones de Historia de los Antiguos, como Miltrón, que trabajaba descifrando los pintados.
Durante el almuerzo, Chips había puesto en contexto a Miltrón, o al menos de todo lo que podía comentar sin arriesgarse a que lo escucharan diciendo nada comprometedor.
Le contó que la noche anterior se encontró con Waze saliendo de su dormitorio y que necesitaba que se reunieran en los jardines por la noche, un par de horas luego de la cena, para que lo ayudase a traducir un extracto algo extraño que terminó encontrando por accidente. Miltrón aceptó, pero solo había mostrado interés en el tema del extraño comportamiento de Waze. Que actuara como borracho era una cosa, que luego lo vieran donde no tenía nada que hacer y socializando con un estudiante a quien seguro ni conocía para luego desaparecer era otra completamente distinta. Además, lo encontraban al mismo tiempo en el dormitorio de otros estudiantes más jóvenes.
No tenían que darle muchas vueltas al tema para saber que indiscutiblemente algo raro ocurría.
Luego de comer tuvieron mucho tiempo para seguir hablando, por lo que se separaron para cada uno asistir a sus labores de la tarde. Sin embargo, Chips decidió pasar primero por los dormitorios para instalar rápidamente su nuevo candado y poder volver a guardar las páginas prohibidas en su dormitorio luego de mostrárselas a Miltrón en la noche. Jasques tenía razón en que era extremadamente peligroso haberlas guardado en su caja de herramientas, cualquiera podía abrirla por casualidad o por error y todo terminaría de inmediato. Lo único que le aseguraba a Chips que nadie las había encontrado aún era el hecho de estar caminando libre por ahí en lugar de encerrado en la oficina de los directores, recibiendo su castigo.
Chips le daba vuelta en la cabeza a este pensamiento mientras subía las escaleras al dormitorio y, justo en la entrada, se repitió la misma escena de la noche anterior, pero con otro personaje.
—¡Gabs! —exclamó Chips, al principió asustado, pero luego solo extrañado. Gabs tampoco dormía en este nivel de la torre —. ¿Qué haces aquí? Te estábamos buscando desde esta mañana.
Gabs, que miraba fijo al frente, de pronto pareció darse cuenta de que hablaban con él y le dirigió la mirada.
—Hola —respondió secamente —. Estaba durmiendo.
—¿Durmiendo? ¿Aquí?
Gabs tardó un segundo en responder, pero no desvió la mirada.
—Si. Me sentía mal.
—Pero…
—Si me disculpas —le interrumpió, y comenzó a avanzar, descendiendo las escaleras sin volverse.
“¿Estará borracho?” pensó Chips, eso le parecía.
Si el caso era que no durmió durante toda la noche y luego faltó a las dos primeras comidas del día por estar descansado, era probable que el efecto de la Vielagris aún estaba activo y Gabs solo se encontraba más perdido que un canino en un palacio felino.
“Pero ¿Por qué llegó aquí, a este dormitorio, y no al suyo, dos pisos más arriba?” reflexionó “Quizás es que contó mal… Pero, entonces, ¿Dónde durmió?”.
Le sorprendió la coincidencia con el suceso de la noche anterior, al encontrar a Waze. Le parecía extraño.
Sus sospechas incrementaron a índices impensables no más cruzar el umbral y ver su cama en el fondo del dormitorio.
El baúl estaba abierto y vacío, toda su ropa desperdigada sobre el colchón y en el piso. Esta vez ni un alma ocupaba el dormitorio, todos sus compañeros se debían encontrar trabajando o estudiando.
No había duda en que Gabs era el responsable de tal desorden.
Chips se debatió, tratando de encontrarle lógica. ¿Sería posible que estuviera aliado con Waze en algún complot extraño? No le hacía mucho sentido
“¿Gabs? ¿Waze elegiría a Gabs para hacer un complot?”
Se le vino a la cabeza que quizás era por eso por lo que Gabs se quería ir de la Universidad. Que quizás…
Cuatro campanadas rápidas ahuyentaron el silencio, seguidas de una larga y de nuevo cuatro rápidas.
Significaba que los profesores necesitaban a todos los alumnos en el comedor de manera urgente y obligatoria.
Chips guardó todas sus cosas como pudo en el baúl y lo cerró. No le dio tiempo de reparar la cerradura, así que no usó el candado nuevo y dejó allí él roto. Algo pasaba y tenía que ir a ver qué era lo más rápido posible.
Tardó tan solo diez minutos en llegar al comedor, pero éste ya se encontraba lleno por completo. Todos los aprendices y eruditos que normalmente no coincidían en su totalidad durante las horas de las comidas ahora se aglomeraban allí.
Chips tuvo que conformarse a llegar a la puerta y afinar el oído.
No tardó en localizar a Miltrón y a Jasques en el portón contiguo, pero sin Gabs.
—Me acabo de encontrar a Gabs, estaba en mi dormitorio… Dijo que se sentía mal, pero…
—Chips, al parecer eso no es lo más extraño de hoy, mira —le indicó Jasques, señalando al fondo del comedor, donde el rector sostenía una hoja de papel con un dibujo de un rostro que logró reconocer a pesar de la distancia.
—Lo encontraron —murmuró Miltrón, sin dejar de ver al rector.
—¿Qué pasó? ¿Qué dijo? —preguntó nervioso Chips a sus amigos.
Al parecer se había perdido la primera parte del anuncio y no llegaba a escuchar con claridad el resto del discurso.
—Encontraron a Waze en un río de Cartán —respondió Jasques, sombrío —. Lo encontraron muerto…

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