Maxxie estaba de acuerdo en que había cometido un error al no pedir más explicaciones, más información. Pero ellos, un grupo de bandidos, no podían decirle como hacer su trabajo.
“No saben cómo es estar en el ejército. No saben que es la honradez y el respeto. La confianza ciega. Si el comandante te dice que camines hacía el sur, tu tienes que caminar hacia el sur hasta que consigas a la princesa o te caigas del mapa”.
Estaba seguro de que el Imperio tenía algún motivo para enviarlo al sur. Podía ser que les habían asignado a otros grupos a ir en otras direcciones, así barrerían el terreno.
Ese pensamiento le sentó mal, se sintió inseguro y frustrado. Si habían asignado la labor a varios grupos entonces él no era del todo especial, solo uno más.
“Pero eso es lo que significa ser parte de un ejército” se dijo, regañándose por su egoísmo.
“Eres uno más, un eslabón adicional. Tienes que sentirte orgulloso por eso. Un eslabón en la cadena, sin importar que hubiese miles, es igual de importante que la cadena en sí. Sin ese eslabón no existiría la cadena” recordó que algo así le había dicho su padre alguna vez “¿O quizás la cadena solo sería más corta?”.
Bufó, burlándose de el mismo por su interrogante.
Estaba cansado y le empezaba a costar pensar con claridad. En pocos minutos tendría que ir a levantar a Bronco para que lo relevara en la guardia.
No le gustaba la idea de dormir mientras se encontraba rodeado por esos bandidos. No confiaba en ellos.
Pero no tenía alternativa, no podría viajar al día siguiente si no descansaba. Tenía que obligarse a confiar.
Igualmente dormiría con el puñal bajo la sabana.
Despertó a Bronco, quien se levantó sin rechistar. Era el más callado del grupo. Podía jurar que no lo había escuchado decir una sola palabra.
“Si tan solo Taco fuera así… Si tan solo…”.
Entonces sus pensamientos se desvanecieron y quedó dormido, apoyado al árbol de donde se acababa de levantar Bronco.
No duró mucho tiempo dormido.
—Despierta, despierta —escuchó decir en la lejanía —. Anda, naranjita, despierta, ahora es que comienza la diversión.
Identificó la voz aún en su estado de duermevela, era la de Taco.
Pero eso no fue lo que lo alertó lo suficiente para despertar de golpe como lo hizo.
La voz de Taco era molesta y su tono burlón, preocupante.
La sensación del hierro afilado en su cuello, aún más preocupante.

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