—Entonces tu no estabas en los puertos con él —repitió el profesor de Literatura.
El alguacil de Furilia estaba allí, representando la figura de la ley en la investigación del caso de posible homicidio. Sin embargo, no era el interrogador. Por petición del rector de la Universidad, el profesorado tomó la responsabilidad de llevar a cabo las entrevistas. “Ellos son como padres para estos muchachos” había dicho.
Aunque, sin importar que, el interrogatorio seguía siendo un interrogatorio.
El rector sí que tenía razón en algo, Chips prefería mil veces estar respondiendo preguntas formuladas por el profesor Leuthel, a quien veía casi todos los días y le debía todo el conocimiento adquirido en los últimos años, que por un enojado oficial de la ley.
—No señor —repitió Chips —. Luego de la cena pasé un tiempo con Gabs. En los jardines. Hablamos de… cosas. Nuestro rendimiento en clases y eso — No tenía razones para explicarle que hablaron sobre la idea de Gabs de abandonar la Universidad —. Luego me despedí y fui al dormitorio.
—¿Y luego? ¿No salió de allí ni sucedió nada extraño?
—No, señor, me dispuse a leer algo para que me entrara el sueño y dormir temprano.
Tampoco quería sacar a la relucir su encuentro con Waze. Pensaba que lo haría sonar sospechoso. Aún más. Si lo investigaban, de seguro encontrarían los documentos robados, y eso sí que sería el final.
—¿Alguien puede confirmar eso? ¿Hablaste con alguien? ¿Alguien te vio?
—Pues… no.
“Solo con la mismísima victima” pensó.
—Supongo que alguno de mis compañeros de dormitorio. Unos cuantos ya estaban allí cuando llegué, intentando dormir — O más bien completamente dormidos. Esperaba que nadie mencionara la visita de Waze y cómo había revuelto sus cosas —. Pero no sabría decirle nadie en específico, señor.
—Mmmm — el profesor comenzó a sobarse la larga barba rubia.
Era un pequeño pero corpulento gato exótico con un pelaje que ya comenzaba a perder el color, pero muy exuberante. Sus ojos de milagro se distinguían entre las enormes cejas.
—… El problema está, joven Nat, que no tenemos a nadie que lo haya visto a usted irse a sus habitaciones. Pero sí que varios alumnos atestiguan haberlo encontrado con el erudito Waze en los muelles de Perloneche…
—Lo que pasa es que… Este —Chips no quería vender a su amigo, pero si no mencionaba nada, estaría perdido —… Sabe de mi parecido físico con Gabs Muer. Mis amigos, Jasques y Miltrón, son parte de los testigos de mi persona caminando con Waze en los muelles. Pero ellos mismos dicen que pudo haber sido Gabs… Podría volver a preguntar y…
— Sí, también sospechamos eso. Para ser sincero, algunos dicen que lo vieron a usted, otros que al joven Muer — El alguacil gruñó en reprimenda. Parecía que no le había gustado que el profesor revelara eso. De seguro ocultar esa disyuntiva era parte de su plan para hacer sentir acorralado a Chips —. También resulta que el joven Muer tampoco ha aparecido en los recintos de la Universidad desde el día de ayer…
“¿Gabs no había vuelto? Pero si yo mismo acabo de encontrarlo saliendo del dormitorio”.
Prefirió ahorrarse ese detalle también. Al menos por ahora.
—Ni sus compañeros de clases, ni sus compañeros de dormitorio. Nadie lo ha visto —continuó el profesor —. Hemos pedido a las autoridades y a los pescadores de la zona que se mantengan atentos por si…
Se interrumpió. Volteó a mirar al alguacil, quien le dirigió una negación con la cabeza, y decidió dar por zanjado el tema.
—Bueno, joven Nat, lo hemos retenido mucho por hoy. Puede retirar…
El otro felino se aclaró la garganta. Se notaba cada vez más molesto. Frustrado.
—Sí, sí. Mañana tendrá que presentarse acá de nuevo a primera hora del día y luego cada dos horas, para mantenerlo en observación. Adicionalmente no podrá abandonar las instalaciones de la Universidad hasta que termine la investigación —agregó el profesor —. Lo siento, joven Nat, pero debe entender que es uno de los principales sospechosos en este caso. Me disculpo por el trato hacía usted por adelantando.
Chips se levantó cuando vio que ya ninguno de los dos tenía más nada por decir. Asintió y se despidió.
***
—Esto es una locura, ¿No nos dijiste que habías visto a Waze anoche? —exclamó Miltrón, parecía al borde de un ataque de pánico.
Luego del interrogatorio, Chips se reunió con sus amigos en los jardines, donde se habían citado durante el almuerzo para realizar la traducción de los escritos, solo que ahora Chips estaba muy nervioso para andar con los documentos por ahí, como si fuera cualquier cosa.
— Sí, al igual que ustedes lo vieron en los muelles con Gabs —respondió Chips.
—No tiene sentido… Ellos dicen que, según el estado del cadáver, podía llevar muerto entre tres a siete días —agregó Jasques, quien se veía un poco más tranquilo en comparación a sus compañeros, aunque la vara no estuviera muy alta —. Que haya estado bajo el agua todo ese tiempo lo hace aún más complicado de saber.
Según el informe policial, unos pescadores de Perloneche lo encontraron entre sus redes esa misma mañana. Dieron la alerta a las autoridades de inmediato y fue luego del mediodía que lo identificaron como un miembro de la Universidad.
Le resultaba increíble pensar que habían estado tan cerca del hecho. La probabilidad de que él y Jasques hubieran terminado topándose con los pescadores llevando el cuerpo a tierra tan solo con elegir otro puerto para hablar de los escritos era altísima.
—Quizás estaban borrachos. Él y Gabs. Y él pues… ¿Cayó al mar? —intentó racionalizar Chips. Aunque sabía que no tenía sentido.
—¿Y luego el mar, en un dramático y teatral capricho, lo descompuso lo suficiente para que pareciera muerto de tres a siete días? —preguntó Jasques, irónico.
—Bueno…
— Sí, sí, tranquilo. No es como que haya otra forma de explicar por qué lo vimos ayer… Aunque, quizás, podemos estar confundidos, ¿No? Es decir, ya confundimos a Gabs contigo.
—No, no lo pude haber confundido viéndolo frente a frente saliendo de mi dormitorio.
Sus dos amigos se quedaron observándolo. De pronto sintió que dudaban de lo que decía. No los culpaba. Si un día un manzano te daba una pera, sabías que algo andaba mal. No importaba si veías el fruto crecer tú mismo, de la mismísima rama del árbol. Sabías que algo raro ocurría. No podías aceptarlo, así como así. Y los hechos acá simplemente no encajaban. Sin embargo, tenía como defenderse.
—Ustedes también lo vieron —dijo entre murmullos, pensando.
— Sí, de lejos, como te decimos, confundimos a Gabs, pudimos…
—No —lo interrumpió Chips, ya con la idea lista —. En el comedor, ¿Recuerdan? Miltrón nos estaba hablando del pintado de las tortugas y Waze pasó a nuestro lado.
Sus amigos palidecieron por un instante.
Ese hecho les dejaba claro que Chips no estaba loco ni les ocultaba nada. Ellos mismos lo vieron con sus propios ojos en la hora de la cena. Es más, era muy posible que Miltrón coincidiera con él más veces durante la cuarta, mientras trabajaba.
—Tienes razón —concluyó Jasques —. Lo que debe estar mal entonces es el reporte de los oficiales. Quizás por el hecho de haber sido encontrado bajo el agua no pudieron identificar bien el estado del cuerpo.
—Quizás simplemente son unos ineptos —agregó Miltrón, volviendo en si —. Admítelo, al final de cuenta son solo militares. Están más acostumbrados a crear cadáveres que a identificarlos.
—No son militares, son policías, su formación y entrenamiento es distinto…
Miltrón descartó la idea con un movimiento molesto de la mano tan solo para hacerlo callar.
—De todas maneras, hay algo más importante. ¿Y Gabs?
—Puede que haya visto el accidente y decidiera huir pensando que lo iban a culpar —respondió Jasques rápidamente, como si ya hubiera pensando en ese argumento con anterioridad.
—No, lo dudo. Gabs no es así —intervino Chips, defendiendo a su amigo —. En el caso de no haber podido ayudarlo, de seguro acudiría a alguien que sí. No, Gabs seguramente no lo vio. Quizás ocurrió luego de que se separaran.
—Pero entonces el no estaría desaparecido también. No tendría motivos para estarlo.
—No está desaparecido. Yo lo vi hoy —reveló Chips. Sus amigos volvieron a observarlo, incomodos.
—Déjame adivinar —interrumpió Miltrón nuevamente, apático —. ¿Lo viste saliendo de tu dormitorio?
Chips se ruborizó. Ya comenzaba a notar que en efecto no le creían. Al menos Miltrón. ¿Qué ocurría? Eran sus amigos, pero ahora parecían tan…
—S-Sí —tartamudeó Chips.
No tenía nada más que responder, era la verdad. Sin embargo, se sentía nervioso, y que Miltrón refunfuñara y volteara la cara no lo ayudó. Supo que había perdido su credibilidad.
—Es… Es verdad, suena extraño, lo se. Pero sí, me lo encontré luego del almuerzo. Fui a cambiar el candado de mi baúl y me lo encontré saliendo del dormitorio…
—Justo como a Waze.
—Sí… Justo como a Waze.
Chips bajó la cabeza, para verse los pies tratando de huir del sentimiento de rechazo.
Estaban sentados en una de las jardineras más apartadas de las torres de aulas, en el ala oeste del magnífico jardín. La gran mayoría de los estudiantes debían estar cenando, otros quizás solo estuvieran muy asustados para andar paseando, por eso parecían estar completamente solos, aunque sabían que todos debían estar en la Universidad esa noche. Todos los ascensores se encontraban inhabilitados de forma temporal, por orden del alguacil, así que no tenían a donde ir.
—¿Te dijo algo? —preguntó Jasques finalmente, interrumpiendo el incomodo silencio.
—¿Ah?
—Gabs, ¿Te dijo algo?
—No en realidad —respondió, nervioso, cuidando sus palabras —. Claramente le pregunté donde había estado esa mañana… Me dijo que estaba durmiendo.
—¿En tu dormitorio?
— Sí, le pregunté eso, me dijo que sí. Como si no hubiera nada raro en eso. Como si lo hubiera encontrado en la entrada de su dormitorio, dos pisos más arriba. Sin embargo, se le escuchaba… Raro.
—¿Raro? ¿Raro cómo?
—Hablaba extraño, como si siguiera dormido. Me dijo que pasó mal la noche, que se sentía mal. Pensé que quizás fuera causa del alcohol, Miltrón también durmió hasta el mediodía por lo mismo —su amigo bufó junto a él, aún sin volver a dirigirle la mirada. Fingía estar concentrado en el cielo, observando a la Madre Celestial —. Pensé que por eso acabó equivocándose de dormitorio, quizás llegó muy borracho.
—Tiene un poco de sentido. No es normal que Gabs beba, al menos no tanto como Miltrón —añadió Jasques, intentando hacer un chiste para aligerar el ambiente, pero no fue bien recibido por ninguno de los dos —. Pudo haber bebido más de la cuenta y equivocarse de habitación, no parece un error tan extraño, y más si la diferencia son dos pisos.
—No estoy seguro en que litera duerme él en su dormitorio. Pero algo si es raro, fue directo a mi cama, mientras todas las demás estaban vacías.
Miltrón le volvió a dirigir la mirada. Ambos quedaron observándolo, expectantes.
—¿Por qué lo dices?
—Cu-Cuando entré al dormitorio —prosiguió Chips, pensando mientras formulaba la oración —… No más entrar vi que mi baúl estaba abierto y toda mi ropa estaba en el piso… Parecía… Parecía…
—Que estaba buscando algo —concluyeron sus dos amigos al mismo tiempo.
Aunque de seguro era producto de sus nervios, la noche comenzó a sentirse aún más fría. El viento rugió y llevó decenas de olores florales diferentes a sus narices. Sin embargo, ninguno de los tres pareció disfrutarlo, tenían los pelos de punta.
—Esto nos indica que sí estaba aliado con Waze de alguna forma… Pero ¿Cómo terminó Waze muerto en el mar?
—Habrán tenido una discusión y Gabs decidió sacarlo de la ecuación —dijo Miltrón.
—¡No! —exclamó Chips.
No podía creer que Miltrón sospechara que Gabs fuera capaz de eso. Miltrón, su amigo. Amigo de él y Gabs.
—Gabs no sería capaz de eso. Él…
—Evitando hacer juicios morales —interrumpió Jasques —. No importa si Gabs pudiera o no estar decidido a… descartarlo —. Se notó como evitó usar la palabra “matar” —, no tenía las agallas necesarias. Si tuviera que definir a Gabs de alguna manera, lo haría como cobarde.
» Lo siento, lo aprecio y todo, pero es la verdad —agregó al ver la mirada que le acababa de lanzar Chips.
—A menos que haya estado muy, pero muy borracho —acusó Miltrón.
—Bueno, tienes razón —respondió Chips, ignorando la última afirmación —. Pero eso también implica que no hay forma de que Gabs estuviera aliándose con Waze. Como dices, es muy nervioso para eso… No hay forma de que haya querido romper la ley así. Nunca se hubiera arriesgado a la…
—¿Expulsión? —interrumpió Jasques antes de que Chips terminara de formular su idea —. Tú mismo me dijiste que anoche hablaron sobre que planeaba dejar la Universidad. Que quería abandonar el camino del académico y dedicarse a algo más lucrativo. ¿Qué más lucrativo que la tarea del criminal?
Chips volvió a mirarlo de mala gana, pero esta vez Jasques no se disculpó. No terminaba de creerse que estuvieran pensando seriamente que Gabs podía ser un ladrón, un asesino.
—¿Robando documentos de los Antiguos? —preguntó Miltrón —. ¿Dónde los iba a vender? Dudo que nadie más que los eruditos de la Universidad le encontraran valor a algo como eso.
—Quizás algún coleccionista excéntrico en Miaurnia, sabes que allí hay todo tipo de millonario loco…
La tranquilidad de la noche se vio súbitamente interrumpida por los estruendosos sonidos de las campanas. Al primer retumbar, Chips pensó que se estaba anunciando el cierre del comedor. No le importaba haberse perdido la cena, no tenía estomago en ese momento para pensar en comida. Pero luego vino otra campanada, y otra, y otra, para un total de cuatro campanadas rápidas. Un segundo después, una campanada larga y luego cuatro rápidas.
“Oh no”.

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