Sus amigos y él se apresuraron a dirigirse al comedor. Como estaban cerca esta vez Chips pudo llegar antes de que el profesorado comenzara a dar la noticia y podía verlos desde más cerca.
Parecían preocupados, cansados, nerviosos. Al verlos, por la cabeza de Chips solo pasaban interrogantes ¿Qué habrá ocurrido ahora? ¿Darían ya con el culpable?
El rector se levantó. Era un ragdoll de pelo ya casi amarillento que se suponía era blanco varias décadas atrás. Tenía unas manchas negras alrededor de sus cansados ojos azules intensos, protegidos por un par de lentes redondos muy grandes.
Su voz era fuerte y autoritaria, pero al mismo tiempo amable y tranquila. Esa vez parecía nervioso. Chips solo tuvo que escucharlo las primeras palabras que pronunció para saber que venían malas noticias.
—Estimados miembros de la Universidad —dijo —. Los hemos reunido nuevamente acá para darles otra terrible noticia. Todos estarán al tanto que esta mañana las autoridades encontraron el cuerpo de nuestro estimado erudito Waze Ander en el mar de Perloneche… Los testimonios emitidos por los miembros de nuestra grandiosa institución indicaban que el compañero Ander había sido visto por última vez la noche pasada con un estudiante que también se encontraba desaparecido. Ahora, pocas horas después vengo a darles la terrible noticia de que dicho estudiante, el joven Gabs Muer, ha sido encontrado en las mismas condiciones. Un grupo de pescadores a quienes le solicitamos su apoyo en la búsqueda del muchacho encontraron su cuerpo sin vida en el mar, un sector más cerca a los muelles del que encontraron a Ander.
Todo el mundo en la sala comenzó a murmurar. Estaban asustados.
Chips no sabía ni siquiera que sentía. ¿Pena? ¿Miedo? ¿Confusión? Un montón de sentimientos se aglomeraron en su pecho en ese momento. Perdió su capacidad de atender a la realidad y el resto del discurso pasó volando. Cuando el rector los despidió, todos comenzaron a salir apurados del comedor, en dirección a los dormitorios. Chips se quedó en su lugar, aturdido.
No fue hasta que Jasques lo tomó por el hombro y lo obligó a moverse.
—Vamos, ya escuchaste al rector, tenemos que recogernos.
—Jasques, nada de esto tiene sentido ¿Qué está pasando?
—Lo sé, lo sé. Pero no es tiempo de hablar. El rector ha pedido que todo el personal se recoja por lo que sobra de noche. Las instalaciones ahora son peligrosas. Algo muy raro está pasando. Vamos.
Chips se dejó guiar por el jardín, camino a la torre dormitorio. Aunque los aposentos de Jasques no estuvieran en esa torre, si no en la contigua, éste lo ayudó a subir y lo dejó frente a las puertas abiertas de su dormitorio.
El pobre estudiante contempló la enorme puerta de madera con terror. Las dos últimas veces que había decidido atravesarlas se encontró con dos personas que no pertenecían allí. Dos personas que ahora estaban muertas.
Sin embargo, esta vez era diferente, había mucho movimiento, decenas de estudiantes entraban y salían, preparándose para encerrarse en su dormitorio asignado.
Chips prosiguió en silencio y se dirigió a su cama. Vio el baúl con el candado aún roto pero decidió ignorarlo. Esta noche no podía hacer nada más. No tenía energía para hacer nada más.
Se sentó en su colchón y dejó que el tiempo pasara. Al poco rato cerraron las puertas y cada estudiante comenzó a apagar sus velas, aunque nadie estaba muy dispuesto a dormir. El ambiente continuó inundado de ruidos de conversaciones en susurros un buen rato más. Todos estaban nerviosos.
Dos miembros de la Universidad encontrados muertos el mismo día. Chips intentó pensar si existían registros de algo parecido, pero no se le ocurrió nada. Ni siquiera había leído algo así en las crónicas de los tiempos del tirano Talion III.
“Estos se suponen que son tiempos de paz” pensó “En los tiempos de paz estas cosas no pasan”.
Chips se quedó dormido.

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