El silencio era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo.
Axel seguía frente a la pantalla del escáner, con las luces azules ya apagadas. Había sentido el zumbido recorrerle el cuerpo, como si lo hubieran pasado por una licuadora de energía... y luego, nada. Ni siquiera un pitido final. Solo la imagen proyectada:
[Rango Actual: F]
[Potencial: 3rr0r?...3rr?...3rr?...3rr?...C]
Francisco, que estaba a unos pasos detrás, dejó caer su mochila. James tragó saliva.
—¿Eh? —dijo apenas audible—. ¿C...? ¿Eso es real?
Los murmullos explotaron. Primero en voz baja, luego como una ola de ruido arrastrando asombro, confusión y hasta incredulidad.
—¡¿C?!
—¡Pero si eso es lo más alto que puede dar esta máquina!
—¡¿Cómo alguien con rango F puede tener Potencial C?!
—¿Y quién carajos es ese? ¡Ni apellido conocido tiene!
Axel miró sus propias manos, como si fueran ajenas. El zumbido aún retumbaba en sus huesos, pero lo que lo tenía congelado no era el resultado… sino que había conseguido lo que quería. El antes no estaba seguro, pero una luz que tenía en el fondo de su corazón se empezó a abrir paso.
Como si acabara de despertar a un monstruo dormido.
Francisco se le acercó y le susurró:
—Felicidades Axel. Solo ocho personas en el último año sacaron C en esta máquina. una de ellas está en el Top 30 actual.
—No puede ser —agregó James—. Yo pensé que eras un idiota que parecia un poco fuerte, pero esto es…
—trampa —interrumpió otra voz, seca y arrogante.
Luca Valentino.
Apenas unos pasos más allá, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido, como si el escáner le hubiera escupido en la cara.
—Esa máquina está mal calibrada —continuó—. Es imposible que un sujeto sin entrenamiento, sin apellido, sin historial, tenga Potencial C. Hubo un momento donde la máquina estaba mostrando un error en la parte de potencial, por lo que no tengo otra teoria de que sea mas que una trampa.
—¿Estás diciendo que hicieron trampa por mí? —respondió Axel con media sonrisa torcida—. Qué halago. No sabía que eras un fan obsesivo.
—Digo que esto es una falla —sentenció Luca—. Un error. Y si no lo es… entonces alguien está jugando con fuego.
Una figura apareció a un costado. Olivia Patricio. Su expresión, a diferencia de Luca, no era de desdén. Era de interés. Como quien observa un experimento interesante.
—No parece un error —dijo con tono tranquilo—. La máquina puede equivocarse en precisión, pero no inventa un resultado tan elevado sin datos que lo justifiquen.
Axel alzó la vista hacia ella. Por alguna razón, sintió que sus palabras pesaban más que el murmullo de los demás.
Fue entonces que se encendió una pantalla gigante al fondo del gimnasio. El rostro del Dr. Jan Pier Reblant apareció proyectado, acompañado por una voz grave y apagada:
—Atención. A partir de este instante, quedan actualizados los registros preliminares. cuatro estudiantes con Potencial C.
Una pausa. Reblant entrecerró los ojos frente a la cámara.
—No daremos nombres. Pero uno de los individuos con Potencial C será observado y su progreso será registrado por solicitud directa del Consejo Regional S.A.
James abrió los ojos como platos.
—¿Del Consejo? ¿Nos están observando ya?
Francisco temblaba como una hoja.
—Esto... nunca había pasado el primer día.
La multitud de estudiantes empezó a cambiar de actitud. Ya no era solo asombro o incredulidad. Era respeto. Y miedo.
—¿Tú lo sabías? —le susurró James al oído—. ¿Sabías que tenías ese potencial?
Axel negó con la cabeza, sin dejar de mirar la pantalla ya apagada.Y con eso, comenzó a caminar entre los pasillos del gimnasio, mientras los rumores se arrastraban tras él como sombras famélicas. Sabía que el juego había cambiado. Que todos los ojos, ahora, estaban sobre él.

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