El viento frío de Nueva Austral mordía al amanecer, pero Hernán no parecía notarlo. Estaba en medio de un cráter improvisado, lo que quedaba de una calle tranquila horas atrás. El asfalto estaba agrietado, una farola caída y parte de un puente cercano ligeramente hundido. El aire todavía olía a energía disipada y algo metálico quemado.
A su lado, Elliot tecleaba furiosamente en una tableta holográfica, su rostro iluminado por el brillo azul de la pantalla.
—La energía emitida por Igris Kraven era descomunal —repitió Elliot, confirmando datos que ya habían visto en la central de ASRA—. Más del doble de su último registro conocido. Probable rango S en potencia bruta, aunque no creo que fuera consciente de ello.
Hernán no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron el escenario con la fría precisión de un escáner. Su mutación de Control Cerebral Absoluto no solo le permitía procesar datos a una velocidad vertiginosa, sino también reconstruir escenas basándose en la evidencia física. Vio la trayectoria del ataque del villano, la fuerza titánica que destrozó el suelo. Luego, la respuesta. O, mejor dicho, la no-respuesta.
Recreó mentalmente al hombre de traje oscuro, Isaac Patricio, líder de Suits. Vio la calma antinatural, los movimientos mínimos que esquivaban ataques por milímetros. La bala de aleación dorada, una provocación anacrónica. La forma en que detuvo al monstruo de un solo golpe, dejándolo colgado del pilar como un adorno macabro.
—Ese idiota de barba —pensó Hernán con un resoplido apenas audible, recordando la arrogancia de Isaac. No había sido una pelea; había sido una demostración de lo que era capaz.
—Pero esto no fue solo la neutralización de un Nivel A —murmuró Hernán, su mirada fija en el pilar donde Igris había quedado incapacitado.
La destrucción era inmensa, pero concentrada alrededor del punto de impacto final. Era la firma de alguien que controlaba su poder hasta el último instante. Alguien como Isaac Patricio, Rango SS, Top 1 de la región.
Mientras procesaba los detalles, una pequeña anomalía en el patrón de escombros llamó su atención. Algo que no cuadraba. Justo en la base del pilar, casi enterrado entre rocas y polvo, había un objeto pequeño y oscuro. Parecía un anillo grueso, pero tenía una forma extraña, industrial.
Se agachó con calma, recogiendo el objeto con la punta de los dedos. Estaba frío y liso al tacto. Lo giró bajo la tenue luz del amanecer.
—Elliot —dijo, extendiéndole la mano sin apartar los ojos del objeto—. Mira esto.
Elliot, con un suspiro de resignación por tener que dejar su tableta, tomó el "anillo". Lo examinó por un segundo, sus dedos hábiles recorriendo la superficie mientras su mirada se volvía más aguda.
—Hmmm. No es orgánico. Alcantelixico reforzado. No es militar estándar...
Justo en ese momento, un sonido casi imperceptible llegó desde arriba. Un zumbido de alta frecuencia que solo sus oídos entrenados, y quizás los de Elliot, captaron. Levantaron la vista. Un vehículo aéreo elegante, de color oscuro, se había detenido momentáneamente sobre el cráter, flotando en silencio. Llevaba el inconfundible emblema del gremio Suits. Se quedaron allí por un segundo, apenas el tiempo suficiente para que Hernán sintiera la intensidad de su mirada (o la de sus sensores) sobre ellos, y luego, tan silenciosamente como apareció, el vehículo aceleró y desapareció en la distancia.
—¿Viste eso? —preguntó Elliot, sus ojos detrás de los lentes fijos en el punto donde la nave se había perdido.
—Lo vi —confirmó Hernán.
La tensión se intensificó en el aire. Suits estaba vigilando la escena. No era inusual, pero la presencia del líder y ahora esto...
Elliot volvió al objeto en su mano, ahora con más urgencia. Conectó el "anillo" a un puerto en su tableta. Los datos fluyeron.
—Bingo —murmuró—. Esto es un dispositivo de vigilancia. Un rastreador GPS de alta precisión y un lector de datos biológicos. Pulso energético, temperatura, biometría... todo. Bastante avanzado, pero... no es prototipo. Parece de producción limitada. No está en nuestros registros estándar de gremios.
—¿Pueden rastrear el origen de la fabricación? —preguntó Hernán, su voz baja y cargada de intensidad.
Si Suits había usado esto, y no era estándar... olía a filtración o a un proyecto paralelo.
Elliot tecleó con aún más rapidez. Las líneas de código holográficas se deslizaron por la pantalla.
—Ya casi... rastreando la firma de manufactura... patrón de ensamblaje... sí. Lo tengo.
Hizo una pausa.
—Las coordenadas apuntan a una instalación... La estación de investigación principal de Suits en Berlín.
Hernán cerró los ojos por un instante.
Berlín. La estación principal. Esto no era una filtración menor en el mercado negro. Esto venía de la cima. Suits no solo neutralizó a Igris; lo estaban... ¿monitoreando? ¿O estaban monitoreando a quien Igris atacó o encontró? El incidente ocurrió cerca de la academia. El segundo punto rojo que parpadeaba en el mapa de energía. La firma de calor adicional que se dirigió directo a la Academia ATLAS. Axel.
El "proyecto oculto". La idea comenzó a cristalizar con una claridad perturbadora. Estudiantes. Anomalías. Y Suits moviendo fichas desde las sombras. Esto no era solo un caso. Era el preámbulo de algo mucho más grande y peligroso. Y Axel, su responsabilidad, estaba aparentemente justo en el centro.
—Envía esto de forma segura a la central —ordenó Hernán a Elliot, su voz ahora un filo de acero—. Cifra todo. Solo para mis ojos y los tuyos. Nadie más. Y empieza a rastrear cualquier otra firma de este tipo en la región S.A. Especialmente cerca de... academias.
Elliot asintió, su expresión seria. Sabía que estaban entrando en terreno peligroso. Investigar a Suits, especialmente si estaban involucrados en algo turbio, era meterse en la boca del lobo.
—Vamos a asegurarnos de que no jueguen solos—murmuró Hernán
Justo después de decir esa frase, recibió una llamada

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