Larry se percató más pronto que tarde que estaba metido en una tina mientras una sirvienta lo miraba. –. ¿Cuánto llevo aquí? – Dijo. – La sirvienta de cuerpo sugerente y voz suave le contestó. al ritmo que le servía un té con whiskey – Unos cuarenta minutos quizás más, pero menos de una hora. Joven, tenía los dedos entumecidos por el frío, casi lo suficiente para que fueran amputados, fue un milagro el llegar a este lugar tan calentito, le pido que tenga cuidado, es difícil respirar en este tipo de casos, pero todo es mejor aquí abajo. Nadie ha pasado de nuestra seguridad, por favor beba. – No le podrías echar un poco más, me gustan con leche también. Larry miró su busto que pese a la edad no había perdido la firmeza, era curioso todo su cuerpo se veía y era suave y firme, pero también muy fuerte. Lo único extraño son sus manos grises y su cuello tenía un extraño tono azul, pero su rostro era blanco como el de Zoe. – La Dama Maestra sabía de esas miradas así que frenó los impulsos de este joven guerrero con una conversación y aprovecho de presentarse.
– No sea caprichoso, recién se está despertando, es más amigable si por lo menos conocemos nuestros nombres, el suyo ya me lo han dicho, el mío es Sausa Savutly. – No me refería a eso. – Claro, el filo de la cordura de muchos siempre está allí, ¿tienes hijos? – Siempre quise tener, pero simplemente nunca tuve la oportunidad. – ¿Eres estéril?
Larry se alzaba a la defensiva en su tono de voz. – ¿Cómo cresta es qué sabes eso tú mujer? – Sausa entregaba la taza de té más cargada con whiskey. – No tienes de qué avergonzarte, la gran mayoría de los que vivimos aquí lo somos, segundo, el Doctor siempre que revisa a todos, hace un chequeo completo y de todo lo que no está funcionando debidamente, tenemos herramientas que nos permiten detectar anomalías en el cuerpo y cualquier parte que no está cumpliendo su funcionamiento como corresponde, es por eso que el señor Beowulf no murió cuando padeció un cáncer que casi resultó ser mortal, nuestras herramientas permiten detectarlo y curarlo, además de modificarlo para que no volviera a pasar por el mismo proceso. Es por eso que sabemos que eres estéril Larry.
Larry se sentía intrigado quién era esa mujer, qué era y porque era tan hacendosa, disparó su pregunta con más calma pero seguía estando a la defensiva. – ¿Y tú? – Yo también lo soy, no has visto mis manos (Le enseña sus manos grises) es por el mahazfiro... Upps dije algo que no debía decir, pero aquí todos los que entran pueden tener lo que quieran siempre que tengan el permiso del Mengele de mayor rango que esté en la mansión. – ¿Y esa es? – Ya sabía la respuesta, pero adoraba tener una voz femenina sonando tan cándida junto a una tina, soñaba cómo sería poder tener una noche de nuevo con una mujer, la última vez que había podido estar con alguien fue con una compañera, fue mutuo, la necesidad era más fuerte en ambos, por desgracia, al terminar, la culpa era más fuerte. Les causaba mayor angustia por cómo estaban tan atrapados en su agobio y aburrimiento luego de un despliegue con los cascos morados. – Sausa le hablaba y Larry retomaba el hilo de la conversación. – La señorita Zoe, por supuesto. – Pues me gustaría hablar con ella una vez que me vista, quiero ver a mis amigos. – Lo decía mientras tomaba un profundo y copioso sorbo de té. – Como guste. – Sausa le sonrió e hizo un gesto afirmativo con su cabeza.
En una habitación, en una planta más abajo estaba Hernata, que despertó con su pie izquierdo vendado y su pierna derecha enyesada. El Doctor Fiji Krutz comenzaba a dirigirle la palabra con suavidad al mismo tiempo que con severidad. – Soy el doctor Fiji Krutz, mi equipo y yo hemos cuidado de ti por estos treinta minutos, como te puedes fijar, tienes tus piernas en un terrible estado, pero no es nada del otro mundo, tu amigo casi pierde sus manos, pero está a salvo, tú en cambio tendrás por lo menos unos dos meses de reposo antes de poder volver a estar en acción. Me gustaría decirte también que en nuestro escaneo se descubrió que tenías metralla incrustada en los muslos y la pelvis, Tramara me dejo al tanto de tu situación, pero créeme tu fractura es lo peor que tienes por ahora, la metralla pudimos extraerla sin hacerte daño ni dejar restos dentro de ti. La Tramara está esperando por ti para su cena, dentro de poco, también se les unirá su amigo que está con la Dama Maestra Sausa. – El estómago de Hernata sonaba, a lo que el Doctor le presentó a su compañero motorizado una silla automática. – Hay algo mejor, una silla automática, funciona con mahazfiro, y en base a donde tu coloques esta baliza virtual se moverá y detectará los espacios para ubicarse de la mejor forma para el usuario cosa que no te provoque ningún problema. Solo usa este visor, se activará de forma automática y detectará tus órdenes a través de sus ojos. – Todos ya habían sido llevados al gran comedor con una mesa lo suficientemente grande para albergar a la mansión entera, exactamente doscientas personas, pero en los primeros asientos estaban Zoe, Índigo, Larry (acompañado por Sausa) y Hernata que estaba siendo ayudada por Eugen, un mayordomo que les dejó todo servido y ayudo a Hernata para sentirse más cómoda con el visor y su silla.
– Oye no te comas mi pan, es la única rebanada de jamón que hay – Alegó Índigo ya más centrado y tranquilo.
– Eres ruidoso, deja que se la coma, Larry lleva más tiempo sin comer que todos ustedes y Hernata está lesionada, tú eres el único que está en buen estado y que ha dormido. – Zoe decía con severidad, realmente todo el mundo estaba bajo su mando.
– Chico, podemos partirla, no hay porque angustiarse, tenemos cobijo, otros habrían muerto en nuestro lugar de no tener este milagro. – Larry como siempre seguía siendo tan filosofo y poético al mismo tiempo.
– ¿Quién dijo que era la única rebanada de jamón? (Toco un botón y subió por un espacio un plato de fina porcelana con un jamón acaramelado artesanal que se notaba preparaban en la misma mansión). Todo esto es suyo, tengan en cuenta que lo que se nos viene es muy difícil. Podremos volver cuando todos estén bien, pero para eso hay que esperar.
– No podemos tomar mucho tiempo, habrá que encontrar una forma de hacer que Hernata llegué a la base
– No sea imprudente joven, la base está a más de setecientos kilómetros, sin contar que ustedes deben evitar que los detecte la base subterránea de Trife. – Un calmo y apuesto Eugen decía con recelo, su trabajo ahora era cuidar y acompañar a Hernata a como diera lugar su tratamiento y sus lesiones pertinentes.
– Tramara Zoe, quería pedirle el favor que la Dama Maestra Sausa se quedara conmigo durante el tiempo que estemos aquí, si es que ella tampoco, claro, se opone a mi petición. – Larry remataba esta oración con brutalidad mientras arrancaba otra rebanada de pie de granada ukratiana.
Había algo de complicidad en sus miradas, Zoe aceptó. Los quería ver contentos y ella era la única que sabía para qué, los dos dejaron el comedor. Sausa guío a Larry a una habitación de la sexta planta que era donde estaban todos los dormitorios.
– Pan, pan, pan, pensar que hace pocos días nos quejábamos de no tener nada nuevo que comer, nos intercambiábamos las raciones entre las diferentes de la base naciones para tener cosas diferentes. – Decía un indigo atiborrado de manjares ukratianos, Zoe cambiaba el tema sobre su regreso. – Tranquilo, no pasará mucho tiempo antes de que volvamos, arreglaremos estas cosas. – Hernata se sumaba a la conversación – Gracias por la comida, Zoe, quiero que Eugen me acompañe. Necesitaré ayuda. – Zoe le aclaró a Índigo que Hernata y Eugen dormirían en la misma habitación. – La habitación está con una alarma por si acaso, además que Eugen dormirá en la misma habitación para poder atenderla. – El muchacho Eugen de voz abaritonada decía melodiosamente – Iremos a dormir ahora, su cuerpo necesita descansar y el Doctor Fiji me ordenó que no la hicieran pasar malos ratos.
Se retiraron del comedor y fueron a dormir, dejando a Índigo y Zoe solos, El chico la atacó con una melancólica mirada, que ella respondía despiadadamente. – La zorra no es tan mala como parecía, ¿no? – Le dijo sin misericordia, de modo que alimentaba su ego. – Gracias. – Todos le habían hecho gestos de gratitud a Zoe, pero él era el único que no le había dado ninguno, no confiaba, Almendra estaba todavía en su mente. – Hablaremos de eso mañana, cómete tu pan, la comida, nunca es bueno desperdiciarla y luego recordar que no la comiste cuando más que nunca la desearías. Hazme caso.
– No quiero pensar. Es lo mejor que he comido en mucho tiempo. – Ve a dormir, está en la sexta planta, la quinta son los baños y la cuarta es el hospital con el laboratorio de medicinas y cultivos, si quieres tomar una ducha, ve al quinto piso allí está todo lo que es baño y ropa. No subas al segundo ni al primer piso. En estas horas son custodiados por seguridad, solo yo puedo pasar por allí. – Afirmativo mi General.
Tras tomar una ducha, Índigo fue a su habitación, estaba marcada por una tarjeta que decía su nombre, estaba al lado de Hernata y Zoe. A esta última no la sintió entrar a su habitación en toda la noche, no le dio importancia, solo podía pensar en cómo había perdido a sus amigos y la actitud de Larry por ellos, solo pudo dormir. Soñó con Almendra, Dunn, Meda, con todos sus compañeros de ese extraño y único lugar que no reconoce fronteras, el grande y profundo cielo azul, Larry mientras tanto, comenzaba a “disfrutar” de su tiempo de calidad con Sausa.
– Es curioso, ella es un transmisor, coordenadas, emisiones, instrumentos, lo que sea, ella puede intervenirlos con su mente o voluntad, es aterradora, sabes… – Sausa se quitaba el sostén para ponerse la blusa de su pijama, observando las manos de Larry con desdén y finalmente lo remató mirándolo a los ojos. – Pedimos estar juntos, pero eso no significa que te pueda dar respuestas concretas, si lo que en verdad quieres es información, te estas por acostar con la persona equivocada intenta dormir, esquivar la muerte debe de ser difícil. No tientes la suerte, agradece lo comido, eres más mesurado, no obstante, no seas bruto conmigo, Fiji es el único que tiene familia de los que habitan ahora la mansión, y solo él tiene visitas, los demás somos familia entre nosotros, pero sin salir de nuestros roles. – Vale, he tirado los dados, tien… – Evita los comentarios filosóficos, menos con esa cosa del azar, comprende que no es momento, ¿podrías dejar de no sentir, y comenzar a sentir demasiado? – Sausa decía esto mientras entraba en la cama. – Siempre eres así de... ¿cálida? – Se llama escuchar, no todo se puede escuchar cuando la gente habla, tu cuerpo muestra angustia, es duro, lo sé, pero el cargarte más, solo causará que el día de mañana no hagas lo que debes y eso no te gustaría, a mí no me gustaría... Piensa en ellos ahora, luego en mí, luego en lo que te queda. – Sabes, quiero dormir… – Sausa le entregó unos merengues hechos por ella. – Están con manjar en el medio, te gustaran, estaban hechos para la cena, pero como no comieron mucho, te los guarde, come uno. – Es bueno sentirse querido en un lugar. – Exclamaba mientras mordía el merengue donde había un sabor a nueces con chocolate junto al manjar, era una mezcla avasallante, los últimos dulces que de verdad se sentían como dulces. Fueron los chocolates de su ración del mes pasado. – Sausa acompañaba con ternura y afecto las siguientes palabras. – De verdad. Eso es lindo – Sí, pero eso no significa que este sea el mío, aunque amaría tenerte aquí siempre junto a mí y a los míos. – No te apoderes de un ser solo porque sus pechos te activen la mirada. – Aush, eso fue un intento de imitarme. – Una ironía, ya duérmete – ¿Puedo... acurrucarme, Sausa? – No patalees, te juro que te irás si amanezco con dolor, pero sí, espero que no estés tan helado como allí afuera.
Larry decía las siguiente palabras con severidad y seguridad, oraciones que se dirigen a su espiritu contrito y afable que buscaba libertad. – Sausa, volveré a la base y cuando me retire podríamos irnos juntos, quiero ir a dejarles flores a los chicos. Un viejo amigo me decía que si sobrevivía podríamos empezar el negocio de un pub cerca de una playa, usaría mis ahorros de todo el despliegue en ese proyecto. Él me ayudaría usando los suyos para poder hacer un lugar bonito y espacioso “El Buddy” le llamaríamos. – Duérmete, duérmete, déjate sobrecoger por la nostalgia, la verdadera nostalgia que más allá de todo puede simbolizar lo mismo, pero para distintas personas. – Se da vuelta y se acurruca y ambos se entregaban una mirada cálida, ella totalmente renovada por tener a una persona que escuchar y él acogido por tener a una confidente. – Sausa... – En sus adentros quería tenerla, ser de ella, y que ella fuera de él, pero se alegraba de no ganar el premio aún, en su mente lo invadía muchos pensamientos y libros, prefirió guardarlo que seguir molestando, ya era bastante dormir con semejante mujer y que además fuese una total desconocida que lo estuviera escuchando con semejante paciencia. – Shhhh... callado, duerme. – Sausa le dedicó un suave “noches, alado mío” mientras le sonreía.
En la sexta planta Zoe se dirigía a un laboratorio
– Transmitir coordenadas, confirmado, comenzando, no siento nada... (extrañada). Transmitir coordenadas, confirmado, comenzando... segundo intento y nada, debo estar muy cansada, Transmitir coordenadas, confirmado, comenzando, no siento nada... Sonido blanco... Solo sonido blanco, afuera debe de haber una ventisca, no quiero molestar a seguridad, hoy ya fue un día muy crudo, debo volver a mi cama. Dios… que cama más helada. De poder tener a todos los sujetos sin problema en mi consciencia, sería más fácil todo, dejar las muestras en el laboratorio es un riesgo, pero estando aisladas en esos frascos debe bastar. Hay cosas que me gustaría volver a investigar, odio tener que guardar esto, pero si ellos serán mi nueva familia, espero no tener que matar a ninguno de estos nuevos parientes, papá estaría feliz, de qué, no lo sé, pero estaría feliz. Volveremos a la base en un momento específico, todavía tenemos el hangar del túnel, allí los equipos de seguridad tienen unos aviones lo suficientemente decentes para poder aguantar el castigo de afuera, los que hay en el hangar no son furtivos, preferiría esperar un envío oficial, no me quiero precipitar, esa base subterránea no parece responder a nuestra baliza, por lo que habrá que ser más precavidos que antes, una pena que no murieran. Dudo que tengamos la capacidad de llegar volando en esos modelos. Seguiremos aquí por lo menos un mes y medio, espero que no se desesperen, tengo que informarles, no vaya a ser que se intenten ir por las malas, hay que ser prudente. Es muy seguro que cuando pare la ventisca me despierten las transmisiones... Qué agobio... Sausa si fueses mi madre te juro que jamás me podría haber separado de ti. – Zoefina encendió el calientacama y se durmió profundamente.

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