Taché la piedra de mi lista de objetos que podría mover con la mente y me dispuse a continuar con el siguiente en la lista.
Sin embargo, el amargo recuerdo del accidente, el día de la competencia de natación, concibió una idea distinta en mi cabeza.
Entonces se me ocurrió probar con algo mucho más grande, el suelo. ¿Qué pasaría si trato de mover el suelo? ¿Cuánto será el área que logre desplazar? ¿Podría yo ser capaz de provocar un terremoto? Muchas preguntas alborotaron mi cabeza.
Aun así, hoy en día, no sabría responderme con exactitud si fue la curiosidad o la culpa lo que me impulsó a llevar a cabo tal acción.
Así que me puse manos a la obra, me arrodillé y puse mis manos en el suelo. Luego procedí a mentalizar el área de terreno que quería mover. Cerré los ojos y me concentré, todo lo que pude, en lograrlo.
Pude sentir como la tierra temblaba y como se resquebrajaba por mi poder.
De pronto, el temblor se incrementó tanto que me asustó, por lo que rompí mi concentración y abrí los ojos. Todo el lugar era un desastre, mucho más de lo que había imaginado.
—¿Qué es este poder? —me pregunté.
Repentinamente, comencé a sentirme adormecido, tal vez era un desmayo.
Sin embargo, no caí dormido, seguía despierto. Alcé la mirada y vi como el cielo empezó a caer sobre mí.
Esto me asustó tanto que caí de espaldas, mas no me pasó nada. Descubrí que ya no estaba en el suelo, sino flotando sobre las nubes. Por extraño que suene, podía ver más de lo que imaginaba a esa altura. Todo parecía estar a mi alcance.
Pensé en contárselo a mi madre. Inesperadamente, ya estaba ahí junto a ella, que se hallaba haciendo una llamada.
«¿Acaso me he teletransportado?»
Pero no era así, mi madre volteó en mi dirección y no me vio. ¿Dónde estaba entonces? ¿Acaso estoy en otro plano dimensional?
Pensé en ir más arriba, y de pronto me hallaba en los cielos nuevamente.
Quise ir más allá y el espacio se abrió ante mis ojos, mientras a mi espalda se encontraba mi mundo.
La curiosidad me invadió nuevamente y pensé en ir mucho más allá, mas no pude. Creo que había alcanzado mis límites.
De repente, un escalofrío recorrió mi espalda cuando alguien me llamó. Quizá no era el único con estas habilidades, pero cómo era posible que sepa mi nombre.
La voz se hizo presente nuevamente y dijo —: Finalmente te he encontrado.
La curiosidad me abordó nuevamente y pensé en llegar al origen de esta voz.
Para mi sorpresa, empecé a alejarme rápidamente de mi planeta. Las estrellas de Ofiuco y Cetus, mi constelación favorita, pasaron ante mis ojos.
Las maravillas del espacio cegaron mis sentidos. Para cuando me di cuenta, estaba viajando entre galaxias por el universo.
Divisé entonces un planeta en lo más profundo del cosmos, al que parecía dirigirme. Se veía rojizo y parecía tener habitantes. Algo extraño ocurrió, mientras más me acercaba a dicho lugar, una serie de recuerdos ajenos sobre criaturas interdimensionales, vidas en otros mundos y tecnologías muy avanzadas, pasaron por mi mente.
Cuando recuperé la conciencia, había un hombre de espaldas frente a mí. Él no estaba solo, una mujer se encontraba más allá y traía vestimentas extrañas.
—Únete a mí y juntos crearemos un nuevo universo —dijo.
Mi cuerpo comenzó a acercarse lentamente hacia él, y una serie de memorias ajenas me invadieron nuevamente. No obstante, esta vez eran guerras, mentiras y muertes de las que al parecer ese hombre era el responsable. Aterrado por estas visiones traté de detenerme, mas no pude, por el contrario cada vez me acercaba más a él. De pronto, una voz resonó fuertemente en mi interior.
—¡Alto! —dijo aquella voz— El poder de La Voz no te permitirá llevarte a este chico.

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