Corrí en dirección de la puerta del campanario, a la vez que recogía un báculo pastoral del suelo. Mientras me desplazaba por el templo, los seres sin rostro rompieron las ventanas para poder ingresar.
Cuando alcancé la puerta, uno de estos engendros entró arrastrándose por la ventana y me cerró el paso. La adrenalina que corría por mis venas me impulsó a sujetar el báculo con fuerza y golpear su cabeza. Seguidamente, le asesté otros golpes más.
De pronto, noté que más de estos monstruos ingresaban por las ventanas. Inmediatamente abrí la puerta del campanario. Dentro, ya estaban dos seres sin rostro, por lo que resolví cerrar fuertemente la puerta.
Sin tener a dónde ir, me dirigí a la otra puerta que había en el templo.
En mi camino, uno de estos monstruos se tiró por la ventana contigua y cayó sobre mí. Fragmentos de vidrio hirieron levemente mi brazo derecho y mi rostro. Forcejeamos en el suelo hasta que conseguí quitármelo de encima con una patada.
Al levantarme vi con desdicha como muchos más de estos demonios se acercaban a velocidad y, a mis espaldas, dos más trataban de ingresar por otra ventana.
Puse mi mano en el suelo y la tierra se abrió. La grieta fue tan grande que tres de ellos cayeron en ella. Esto detuvo al resto por unos instantes.
Inesperadamente, la puerta del campanario se rompió y los dos monstruos, que ahí se hallaban, entraron.
Yo seguí mi trayectoria hasta la puerta izquierda y de una patada la abrí. Tras haber accedido observé como otro sin rostro acababa de escabullirse por la ventana. Sin pensarlo, me abalancé sobre él golpeándolo con todo mi cuerpo. Al instante, tomé su cabeza y la estrellé contra la pared repetidas veces.
Otro engendro metió sus manos por la ventana en un intento fallido de agarrarme.
Frente a mí avisté una escalera, pero otro sin rostro apareció inesperadamente para cerrarme el paso. Giré mi mirada hacia la puerta y vi como el otro grupo de monstruos se acercaba rápidamente.
Volví a ver al que tenía frente a mí y, con un grito de furia, corrí hacia él. El engendro también corrió hacia mí. Parecía que íbamos a estrellarnos el uno con el otro, pero con un inesperado movimiento evadí su agarre y golpeé su pierna con el báculo. Luego de que cayó al suelo, continué mis ataques contra él hasta que los seres sin rostro de la nave central del templo penetraron en el cuarto dónde estábamos.
Velozmente subí las escaleras. Ya en el segundo piso avisté una puerta de doble hoja que conducía a una serie de habitaciones. Ingresé por ella y al tratar de cerrarla, noté que no tenía cerradura. Únicamente disponía de dos manijas, una en cada hoja. Introduje el báculo entre las manijas y pude cerrarla a tiempo.
Los seres sin rostro se aglomeraron tras ella para golpearla con fuerza. Las sacudidas predecían que la puerta iba a ceder, por lo que debía hacer algo.
Ubiqué mis manos en las paredes y me concentré en destruirlas. Inmediatamente, todo el lugar fue sacudido y el ala lateral izquierda se desplomó, sepultando a varios de los monstruos que se aglomeraban ahí.
El interior de la iglesia quedó al descubierto. La lluvia se incrementó. Y, los sin rostro restantes me miraban desde afuera. De pronto, estas criaturas empezaron a saltar sobre los escombros para llegar hasta mí.
Descubrí una terrible verdad sobre los poderes que dominan este mundo y ahora un malvado ser me está buscando. Sin embargo, a veces me pregunto si todo es real o sólo está en mi cabeza.
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