Corrí entre los cuartos hasta divisar otra escalera que daba al tercer piso.
La subí con la esperanza de encontrar una entrada al campanario, mas solo hallé otra escalera que llevaba al cimborrio. Entonces me desplacé hasta la pared que estaba junto a la torre campanario. Debía hacer un hoyo pequeño para evitar que la torre colapse, pero lo suficientemente grande para poder ingresar por él.
Mientras realizaba esta tarea, dos seres sin rostro subieron hasta el piso dónde me encontraba. Uno se lanzó a correr en mi dirección. Al verlo venir, perdí la concentración y arrojé casi media pared sobre él.
Afortunadamente, la torre campanario todavía lucía estable.
Traté de entrar rápidamente, pero el engendro restante agarró mi casaca y me jaló hacia atrás. Caí de espaldas al suelo.
Al recomponerme situé mi mano sobre el suelo y éste empezó a temblar. Sin embargo, el monstruo pateó mi mano y se propuso la tarea de ahorcarme. Pese a que era más fuerte que yo, logré retener sus manos. El monstruo optó por levantar uno de sus brazos. Esto me dejó una mano libre a mí, la cual alcé en dirección del techado. La criatura me arrojó un puñetazo desconcentrándome y presionó contra el suelo la mano que levanté.
A pesar de eso, no me rendí y, usando toda la fuerza que tenía, logré levantarla de nuevo. Un pedazo de techo cayó sobre el monstruo aturdiéndolo. Esta distracción me permitió quitármelo de encima.
De inmediato el engendro se propuso atacarme nuevamente, pero el cimborrio se desplomó sobre él llevándoselo hasta el primer piso.
Esto dejó un gran orificio y ocasionó temblores en lo que quedaba de la iglesia.
Inmediatamente me levanté e ingresé a la torre campanario. De los 8 pisos de ésta, yo me encontraba en el tercero. Dentro del lugar, únicamente había gradas helicoidales que permitían subir y bajar de nivel.
Raudamente ascendí subiendo dos escalones por paso.
Ya estaba en el quinto piso, cuando otro de los sin rostro se lanzó contra mí desde el nivel superior. Caímos rodando por las gradas. Descendimos hasta el cuarto piso, y aquí yo conseguí empujarlo para que cayese unos escalones más abajo.
Pese a los golpes, la criatura se recuperó rápidamente. Entonces, aprovechando mi ventaja de altura le tiré una patada en el rostro que le hizo perder el equilibrio provocándole una caída hasta el piso más bajo.
Mi momento de triunfo se esfumó prontamente puesto que, siete seres sin rostro ingresaron por el agujero de la iglesia al tercer piso de la torre.
Pese a tener el cuerpo completamente adolorido y agotado, todavía disponía de la adrenalina suficiente para continuar. A duras penas logré llegar hasta el séptimo nivel.
Aquí divisé una pequeña trampilla al final de las escaleras. Esto me dio esperanzas, ya que me permitiría cerrar el paso, cuando yo haya cruzado.
Para desgracia mía, cuando atravesé la trampilla una mano me tomó del pie.
Perdí el equilibrio y caí sobre el suelo del piso 8. Intenté patear la mano del monstruo que me sujetaba, mas otra mano cruzó la puerta y me sujetó el otro pie. Seguidamente, otras manos ingresaron por la trampilla para jalarme hacia abajo. Lo único que evitaba mi descenso, era yo sujetándome de los bordes de la trampilla.
La desesperación se apoderó de mí y, al ver la campana, una idea cruzó por mi mente.
Enfoqué toda mi fuerza mental en debilitar la parte del techado que sujetaba a la campana. Entonces el techo cedió y la pesada campana cayó destruyendo gran parte del suelo del octavo nivel.
La campana no se detuvo ahí y continuó bajando hasta el primer piso. En su paso, se llevó consigo a seis de las criaturas que me sujetaban.
Al último lo arrojé también a los escombros con una patada en el rostro.
Finalmente había logrado deshacerme de ellos y era libre. No obstante, una pregunta nubló mi mente.
«¿Dónde estaba el hombre de negro?»
La respuesta llegó a mí, cuando al levantar la mirada, lo ví de pie en la dirección opuesta a la mía.
Descubrí una terrible verdad sobre los poderes que dominan este mundo y ahora un malvado ser me está buscando. Sin embargo, a veces me pregunto si todo es real o sólo está en mi cabeza.
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