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String Woods - NOVELA ESP

Capítulo III: Las cuatro caras del rechazo

Capítulo III: Las cuatro caras del rechazo

Mar 01, 2026

I

Abajo, antes de entrar, Tom me ayudó a guardar el equipaje a toda velocidad. Noté que me observó de arriba a abajo y luego sonrió con una condescendencia paternal. Había vestido exactamente como él me indicó: cómoda para un viaje largo. Llevaba unos shorts de jean, mis tenis blancos favoritos y una camiseta rosa con un pequeño durazno estampado en el pecho. Era mi uniforme de "batalla", para mover cajas o limpiar estantes, y por su reacción, supuse que estaba bien.

—Qué cosa tan bonita —dijo Tom, señalando el llavero que colgaba de mi bolso.

Era mi gusto culposo: Una Idol asiática llamada Nappoky. Ella usaba pelucas largas de colores, un moño gigante y plataformas casi de su mismo tamaño.

—Gracias. ¿Conoces a Nappoky? —le pregunté.

—La verdad no, pero me llama mucho la atención —respondió él amablemente.

El tema murió ahí.

Tom me abrió la puerta de su auto último modelo con una emoción que chocaba fuertemente con mi estado de ánimo. Mientras avanzábamos los primeros metros, mis sentimientos de enojo y decepción se mezclaron con incertidumbre y expectación. Con ese revoltijo de emociones, emprendí mi viaje hacia String Woods.

Apenas me acomodé en el asiento trasero, una figura se giró desde el lugar del copiloto. Era una mujer de una belleza serena, una mirada muy amable y con el cabello castaño corto en un corte bob francés.

—Tu nombre es Mia, ¿cierto? —preguntó.

Su voz tenía un marcado acento afrancesado, suave y melódico. No me había dado cuenta de que no estábamos solos.

—Tom no nos ha presentado, soy Yvonne. Es un placer por fin conocerte —comentó, como si le hubieran hablado de mí desde hace mucho tiempo—. Soy de la Primera División y también soy tutora de EOS para el reto de este año. Nos vamos a ver mucho en los próximos meses.

—M-Mucho gusto —respondí.

Su amabilidad tan genuina hizo que mis hombros se relajaran por primera vez en todo el día. Había algo en su tono que me hacía sentir segura.

—Antes de ir a la autopista tenemos que pasar por algunas cosas para las chicas —nos entregó una hoja pequeña a cada una y él conservó dos más. Yvonne leyó la primera en voz alta:

* Analgésicos y antiinflamatorios.

* Tapones desechables para los oídos.

* Bloqueador solar.

* Tres repuestos para cuerda LA.

* Resina para violín.

* Un mánager de verdad.

—"Resina y un mánager de verdad" —Yvonne rió con ternura. Luego, yo leí la siguiente lista:

* El té de Rose, lo va a necesitar. Trae un bulto, no, una caja pequeña.

* Jabón para hacer burbujas.

* Rose me robó mi perrubia (?), tráeme 6.

* Busca mi pijama en la tintorería.

* Trae algo para brindar por tu éxito, que sea fuerte para que podamos olvidar que te conocemos.

* Cereal de galletas. No de chocolate, sino de chispas, pero sin las chispas. Solo de vainilla y en presentación mini, no traigas las medianas. No me gustan.

Me pidieron repetir esto último varias veces; nos costó entender la lógica y Tom comenzó a perder los estribos. Lo que debía ser una parada breve se convirtió en un calvario de casi cuatro horas dando vueltas por la ciudad.

—¡No sé para qué necesitan tantas estupideces! —exclamó Tom, golpeando el volante—. ¿Jabón para hacer burbujas? ¡Por Dios!

—¿Quién carajos lleva su pijama a la tintorería? —pensé, mirando el estuche protector que colgaba de la ventanilla.

—Vamos, Tommy querido —Yvonne puso una mano reconfortante en su hombro—, piensa en esto como un pequeño incentivo  por la sorpresa que les llevas hoy.

—¿Sorpresa? —Me alarmé—. ¿No saben que iré?

—Claro que saben. No la espantes, Yvonne —intervino Tom con voz ronca.

—Entonces, Mia... —Yvonne decidió cambiar el tema—. Háblame un poco sobre ti. ¿Tienes experiencia artística? —preguntó, girándose un poco más hacia mí—. ¿Tomaste clases de canto, solfeo, algo con lo que podamos empezar?

—Hm... —pensé un momento, rascándome la nuca—. A los doce años fui la vaquita en una obra escolar. Solo tenía que hacer "Moo" tres veces y ya está. Me dije: «Suena fácil, hagámoslo», y me fue bien dentro de lo que una vaca puede ser en escena. Dicen que canto horrible, pero juego bien Music Hero, que es un videojuego de música; de hecho, sacaron una versión nueva este mes.

Silencio.

«¿Por qué me mira así?» sobrepensé de inmediato. Tengo la mala costumbre de no saber cuándo callarme cuando estoy nerviosa.

—Qué tierna —Yvonne rió de una forma que me hizo sentir menos ridícula.

—Cualquier comienzo es bueno —intervino Tom desde el volante—. Fíjense, yo soñaba con ser guía turístico y miren a dónde fui a parar.

—¿Eso qué tiene que ver? —preguntó Yvonne, arqueando una ceja.

—Que nunca sabes lo que la vida tiene preparado para ti.

—Pero esto fue muy arriesgado, Tommy... —Yvonne suspiró, ocultando su preocupación tras un gesto elegante—. Bueno, Mia, tendrás que ponerle mucho empeño al estudio una vez elijan tu instrumento. Formar parte de algo como esto no es solo el esplendor de la fama y los fans; hay una excesiva responsabilidad que soportan nuestros pies.

Al cabo de un rato todos nos callamos. Me quedé mirando por la ventana, intentando memorizar cada curva del camino para saber exactamente hacia dónde nos dirigíamos, pero el cansancio de los últimos días me venció y, sin darme cuenta, me quedé profundamente dormida contra el cristal.

Me despertó el chirrido de un gran portón abriéndose. Poco después, el rugido del motor se apagó, dejando que el silencio del bosque envolviera al auto frente a la entrada principal. Estaba aterrada. Mi pulso se aceleró con tal fuerza que el zumbido en mis oídos me impedía escuchar mis propios pensamientos. Me sentí minúscula ante la inmensidad de esa mansión.

El lujo que gritaba cada una de sus partes me recordó lo indiferente y simple que yo era, y me hizo preguntarme: ¿cuán grandioso era EOS para estar abrazado por tal magnitud? ¿Y cómo es que yo me había atrevido a irrumpir en ella?

Bajé del auto.

Desde lejos, tras el ventanal de un piso alto, divisé la silueta a contraluz de una mujer que mantenía los brazos cruzados observándome. No me gustó cómo iba la cosa.

—Bienvenida a tu nuevo hogar, Mia —dijo Tom oportunamente, llevando mi equipaje.

Ignoré aquello. No había nada que pudiera hacer realmente. Sin embargo, la inquietud me hizo detenerme antes de entrar.

—Yvonne... ¿Tú consideras que yo... que yo puedo lograrlo?

—Aprender a tocar un instrumento no es el problema, cariño... —respondió ella con una media sonrisa enigmática—. El verdadero problema acaba de llegar.

Las pisadas de tacones se acercaban a mí con prisa, pero sin desespero. El sonido era rítmico; parecían estar acopladas inconscientemente hasta en eso. Las sentí aproximarse y, al levantar la vista hacia el otro extremo de la larga escalera, allí estaban ellas cuatro.

—¿Qué es esto? —Ese fue mi recibimiento. Tres palabras cargadas de asco y decepción.

II

Sentí a alguien a mis espaldas tomarme por los hombros intentando darme soporte.

—Ehm... —dijo Yvonne—, ella es Mia, su nueva integrante.

—¿En dónde están mis cosas? —interrumpió de inmediato una de las chicas.

Era pelirroja, de ojos castaños. Actuaba como si el resto de nosotros no existiéramos o si ella viviera en una realidad paralela.

—En el auto —respondió Tom, tenso, intercambiando miradas de furia con Rose.

Rose era, sin duda, una mujer tan bella como prepotente. Tenía el cabello castaño corto, que apenas rozaba su mentón, y un rostro que parecía esculpido. Su temperamento hacía evidente que era la líder del grupo, pero también revelaba que no me quería allí. Algo definitivamente no estaba bien.

—¿Te has vuelto loco? —preguntó ella, cara a cara con él.

—Rose, ya hablamos de esto. No es necesario que la incomodes —le respondió Tom, adoptando una pose cerrada en espejo a la de ella.

No había visto a Tom así. Una cosa era lo fastidiado que estaba cumpliendo la lista de compras, pero la rabia que exudaba hablando con Rose no era normal. Probablemente ella era la única capaz de sacarlo así de sus casillas. O, más bien, creo que ella sacaría de quicio a cualquiera.

—¿Y cómo vas a lidiar con mi incomodidad en este momento? —insistió ella.

Yvonne procuraba apartarme del conflicto y me acercó a las otras dos.

—Mia, ellas son Alice y Luna, chelo y segundo violín de EOS —las presentó—. Serán tus tutoras de teoría, solfeo y puesta en escena.

Alice era una chica que a primera vista parecía dulce; tenía un hermoso cabello rubio ondulado y ojos ámbar que trataban de ser compasivos conmigo. Al ver que incluso ella sentía miedo por mi llegada, bajé la vista avergonzada; no alcancé a ver a la otra.

—Eh... hola —murmuré.

Involuntariamente apreté mi brazo con fuerza por lo intimidada que me sentía. No sabía qué decir; no me había preparado para otra puerta cerrada. Creí que sería muy diferente. Alice apartó a Yvonne para hablar con ella. Alcancé a escuchar su pregunta en un susurro:

—¿Estás segura de esto?

—Estoy segura de que sabrás manejarlo cuando se salga de control —le respondió Yvonne en voz baja.

«¿Qué es lo que va a salirse de control?», me pregunté. «¿Qué hay con todo ese secreteo?». Mi energía se estaba consumiendo en soportar este momento tan horrible; quería irme, pero el peso de una mirada sobre mí me sometió. Me sentí obligada a levantar la vista y buscarla.

«¡Es ella!», grité en mi mente. Aunque el rechazo que estaba experimentando en esa casa era tan fuerte que podía aplastarme contra el suelo, yo solo podía pensar en que tenía frente a mí a la mujer del perfume rojo. Ahora sabía su nombre... Luna.

—Mia... —dijo Luna.

Me estremecí. Una corriente eléctrica me recorrió la espalda; fue una sensación que no lograba definir, pero que erizó cada parte de mi piel al escuchar su voz pronunciar mi nombre.

—¿De casualidad tienes alguna base musical previa? —Luna me había hecho la misma pregunta que Yvonne. Yo no podía darle la misma respuesta—. Incluso puede ser alguna clase que hayas tenido en la escuela. ¿Hay algo de lo que podamos partir?

—No, la verdad no... —Todo era tan deprimente. Ellas deberían saber esto, esto no había sido parte del acuerdo—. No sé nada de música.

—Ya veo... —La expresión de Luna se ensombreció, volviéndose analítica y distante.

Caí en cuenta de lo que Emily me había advertido. Luna me observaba pensativa, sin parpadear; sus ojos azules me obligaban a ver mi propio miedo reflejado en ellos, y los míos comenzaban a empañarse por el cúmulo de sentimientos espantosos que empezaban a desbordarse.

—Tom, ¿ella en verdad fue tu mejor opción? —le preguntó sin cambiar de expresión—. No lo tomes a mal, Mia... no tengo problema en intentarlo, es solo que nosotras…

Se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron con un destello de sorpresa al notar mi mano apretando mi brazo con una fuerza desesperada, intentando inútilmente frenar mi temblor. Entonces, su mirada se transformó. Con una sensualidad envolvente, me sonrió.

—Oh, Mia... —Luna comenzó a jugar con su cabello, analizándome—. Tampoco debe ser sencillo para ti, ¿verdad?

Mi momento novelístico se destruyó por un estallido de frustración que rompió el trance.

—¡Por qué hablan de ella como si fuera un miembro de EOS! —Rose se acercó agresivamente—. ¡Qué eres tú! ¡Cómo te escogió a ti! ¡Qué haces en mi casa!

—Esta perrubia es para ti... —La pelirroja interrumpió el momento.

Estaba exageradamente relajada, con una sonrisa de medio lado y los ojos entreabiertos. Repartió unas cajitas con resinas para las cuerdas con una calma insultante.

—Esta otra es para ti —las colocó en las manos de Alice y Luna, acercándose con un brinquito a Rose—. Y aquí tienes tu kit de control de crisis, para que no te me mueras de un ataque hasta que pueda llevarte a terapia.

Le entregó a Rose una bolsa pequeña, ignorando sus gritos.

—Ya todas tienen sus perrubias, dejen de robarse las mías. Cleptómanas.

Su actitud dio un giro de ciento ochenta grados al voltearse hacia Tom con malicia e ironía.

—Oye, Tom… me contaron que el director casi te echa de una patada de CDC. Todas piensan que usaste tus "encantos especiales" para convencerlo. Veo que funcionó. —Le apretó el hombro, tensándolo—. Felicidades por ser del gusto del director, Tommy-Tommy.

—¿Cómo pasamos de audicionar a profesionales de academia a entrevistas de trabajo en un café? —soltó Rose, apretando la bolsita furiosa.

—Ayer les expliqué el proceso de selección y Mia fue lo mejor que vi —le respondió Tom, sacando una tableta donde brillaba el documento del contrato—. Basta, Rose. Vamos a firmar.

Un escalofrío de sospecha me recorrió. Mis instintos se encendieron, gritándome que algo no encajaba. «¿Eso no estaba firmado ya? ¿De qué proceso habla? Hay algo turbio aquí...», pensé con un nudo en el estómago. «Quizás Emily no estaba tan lejos de la realidad».

blackiexsilky
Blackie

Creator

Muchas veces, un mal día se construye de una cadena de cosas difíciles que se amontonan una a una: No terminas de levantarte de algo cuando otro golpe asesta en tu mejilla. Mia no obtuvo un cálido recibimiento y la idea de que Emily pudiera haber tenido razón se hace tan fuerte como una migraña con cada grito de Rose.

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