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String Woods - NOVELA ESP

Capítulo VII: Soportes y Sujetadores

Capítulo VII: Soportes y Sujetadores

Mar 18, 2026

I

Qué bueno que uno de mis dones es abrazarme al shock en medio de una crisis, de lo contrario, me habría desmayado frente a ella.

—Mia, por hoy puedes hacer lo que quieras con tal de que encuentres tu espacio y… —observó a los lados— …comodidad dentro del ático… —empezó a juguetear con el llavero— …pero tienes que acostumbrarte a los horarios de ensayo. No puede haber ruido mientras estemos tocando. ¿Está claro? De hecho… deberías estar ahí con nosotras ¿por qué no has bajado?

—No sabía que eso que sonaba eran ustedes ensayando —dejé la herramienta en mi cama y comencé a hablarle muy tensa—. Pensé que era música normal.

—Define «normal».

—Normal... la que pones... con volumen.

—¿Esto es normal? —levantó el llavero por su aro.

Qué pena, pensé sin saber qué responder.

—¿Es esto lo que te gusta escuchar, Mia?

—No solo eso.

—¿Y qué más? —apretó a la muñeca sonriendo de forma juguetona.

—Muchas cosas... —¿Qué estoy diciendo?

—Hm... —Continuó caminando mientras observaba mis pertenencias—. Hoy Rose no está en su mejor humor. Su migraña la mantiene alterada y el taladro no ayudó.

—Yo…

—¿Cómo podrías saberlo? —me interrumpió y sostuvo una de mis novelas ligeras—. «La pecadora» —leyó deslizando el dedo medio sobre el título—. «Amárreme, jefe».

Traté de acercarme, pero era tarde; ya estaba revisando «Písame si puedes, hasta que llore por lo alto».

—Ensayamos de 7:00 a. m. a 12:00 m. Luego retomamos de 2:00 p. m. a 6:00 p. m. Después de eso repasamos con solfeo. La hora de dormir es entre las 9:00 p. m. y 10:00 p. m.

—¿Cuándo es su día libre?

Ella sonrió, achicando los ojos. Creo que piensa que soy tonta.

—No hay días libres, ¿cierto?

—Ya comienzas a entender cómo funciona.

Bajó las delgadas escaleras de caracol, acercándose a la salida sin dejar de ojear mi libro.

—Mia, antes de retomar tus... obras de construcción, reúnete con nosotras en el comedor. No has comido casi nada desde que llegaste.

"¿Ella... ha estado pendiente de mí?", me pregunté, sintiendo un vuelco en el estómago.

—¿Sabes cómo llegar?

Asentí. Mentí, y ella lo notó.

—Si llegas a la 1:00 p. m., estaría bien —respondió, cerrando la puerta tras de sí.

Me esmeré en terminar lo que pude sin el taladro. Casi me mato resbalando con una tuerca que había rodado por el suelo cuando Rose entró; mi vida parecía un chiste frágil. Luego empaqué todo en el maletín y salí de mi habitación.

Toqué la penúltima puerta al final del pasillo. Nadie respondió.

—¿A dónde voy ahora? —susurré viendo a los lados.

Vi en mi teléfono que aún faltaba tiempo para el mediodía, así que tomé una mala decisión: fui a buscar a Alice por toda la casa.

Gran error.

Bajé a la planta inferior, donde Ruby me había indicado que ensayaban. Al llegar, me quedé desconcertada: no había puertas. Era solo un pasillo largo con molduras grises y apliques de luz tenues.

"Qué piso tan inútil", pensé.

Estaba por seguir bajando cuando escuché un sonido parecido al de una caja de madera cerrándose. Provenía del otro lado de la pared. Entonces, en un ataque de impertinencia, comencé a recorrer las molduras con la mano. Descubrí que una sección estaba a medio abrir.

Empujé el acceso sin hacer ruido. El salón tenía paneles acústicos ocultos tras el diseño. En medio había un piano de cola blanco. Al fondo, otra entrada similar permanecía abierta.

Usé un poco la cabeza y analicé el sistema de la pared que tenía frente a mí. Evité otra posible desgracia ignorando la puerta del otro lado.

Continué tanteando hasta que encontré la siguiente entrada oculta.

La abrí pero no entré. Quedé petrificada.

Alice estaba de espaldas, sin blusa, sobre alguien más en un diván. Caminé lentamente hacia atrás, conteniendo el aliento.

"No me han visto… voy a hacer como que no he visto nada…", me repetía como un mantra.

Pero mi oportunidad de salir ilesa fue pulverizada por mi incontrolable adicción al chisme. Yo no me podía ir sin saber con quién estaba esa mujer. 

No podía, pero sí debí. 

— ¡No voy a poder vivir un año aquí así…! No… Mia… no… suéltalo por esta vez y lárgate —me ordené, tropezando la puerta con la caja de herramientas antes de salir.

Alice volteó de inmediato. Yo... lo disimulé perfectamente al dejar caer la caja entera por el susto regando todos los tornillos antes de salir disparada.

Me escondí en un espacio muerto junto a un macetero. Desde mi escondite, escuché movimientos. De pronto, Alice se asomó; al no ver a nadie, cerró con una fuerza tal que el eco retumbó.

Me quedé allí atrapada una eternidad.

—¿Será que voy al ático corriendo? —pensé nerviosa—. No… me va a escuchar.

Casi lloro de frustración. Entonces, el sonido del umbral de Alice cortó el silencio. Me asomé y vi a Rose salir de allí, caminando muy relajada mientras leía una partitura.

—¿Cómo? —El nivel de ese giro me apagó el miedo de golpe—. ¿Qué? —me pregunté apoyándome contra la pared—. Oh…

Escuché el cerrojo interno de Alice cerrarse otra vez. Me quité los zapatos y corrí hasta las escaleras. Justo antes de alcanzar mi puerta, la de Ruby se abrió. De ella salió Yvonne, despeinada, acomodándose una ropa deportiva que no era suya.

—¿Y... Yvonne? —balbuceé.

—Mia... linda... buenos días, amor... —respondió, viendo la distancia entre ambas habitaciones—. Estaba... dándole una asesoría a Ruby.

—Entendí todo. Muy completo, sí —intervino Ruby, apoyada en el marco—. Gracias por la clase, Yvonne.

"¿Qué pasa en esta casa? ¿Están todas con todas?". Estaba tan sumida en mi enojo que ni siquiera me di cuenta de cuándo se había ido Yvonne.

—¿Estás bien, Mine? Te ves confundida —Ruby sonrió—. ¿Vienes a poner mi sujetador?

—¿Hablas de tus… soportes?

—Todo lo que sostiene algo es un sujetador para mí —Ladeó la cabeza—. No he tenido tiempo de buscarlos donde Lizzie… Ven más tarde… quiero ducharme.

En ese momento, el teléfono de Ruby vibró.

—Como digas —le respondí.

—¿Aló? ¿Tan pronto me extrañas? —dijo ella al móvil, alzándome una ceja—. No, no creo que diga nada… ella sabe que no debe.

Se dio la vuelta y cerró la puerta en mi cara.

Me encerré en mi habitación, caminando como animal enjaulado. Repasé cada segundo, buscando una explicación lógica que no fuera la que acababa de presenciar.

—Me da igual lo que hagan con sus vidas, solo… —suspiré— no quiero tener otro problema por haber visto eso.

Me llevé las manos a la cara. ¿Llamar a Tom? Recordé cuánto lo odiaban y lo descarté.

—Pésima idea… agh… —me toqué la frente. Ahora era yo la que tenía migraña.

Oí unos pasos pesados que se detuvieron frente a mi entrada y sonó un golpe tan fuerte que salté. Dudé un siglo antes de abrir.

Y allí estaba ella. Parecía un volcán a punto de estallar. Estaba furiosa, mirándome fijamente. Tragué grueso, sentí que el aire me faltaba, pero forcé una sonrisa.

—Hola, Alice.

II

—Hola, Mia —dijo Alice con voz metálica.

La atmósfera se volvió irrespirable. Alice no hacía más que observarme; yo me quedé inmóvil, devolviéndole la mirada mientras disimulaba que me asfixiaba. Cada una esperaba a que la otra hablara primero. Al mínimo movimiento que yo hacía con el rostro, ella me seguía con la pupila, analizando cada uno de mis tics.

—Mia… escuch…

—Alice, juro que no quise verte cambiándote —solté, interrumpiéndola—. No sabía que eso era una condenada puerta. De donde yo vengo, no es normal que se abra la pared y te muestre del otro lado a una mujer desnuda.

—¿Cambiándome...?

—Me dio mucha pena verte así —seguí atropelladamente, sintiendo el calor en el cuello—. No es que tengas algo de malo… —Me sonrojé—. Tienes un cuerpo muy bonito… esbelto… ejercitado… lindo… pero me fui corriendo porque no te conozco lo suficiente para verte sin ropa. No quería que pensaras que soy una pervertida o algo. Discúlpame.

Alice parpadeó varias veces, procesando mi sarta de mentiras improvisadas. Ahí fue donde vi la sombra de una sonrisa halagada cruzar su rostro, aunque recuperó la seriedad de inmediato.

"Si hoy me matan, al menos moriré sabiendo quién era la otra", pensé bajando la mirada. "¡Di algo!", le grité en mi imaginación, porque su silencio y esa cara de que no se estaba tragando ni una palabra eran una tortura.

Después de un rato, no sé si fue porque me tuvo lástima o porque mi desesperación le causó gracia, sonrió.

—Debo enseñarte a abrir esos accesos; son fastidiosos de cerrar... —dijo, y el aire volvió a mis pulmones—. Muchas veces quedan abiertos sin darnos cuenta.

Afinó la mirada, como leyendo mis pensamientos.

—Supongo que también es mi culpa de cierto modo… así que todo bien, Mia, no te preocupes.

Se acercó y me acarició la espalda con un cariño que, extrañamente, logró calmarme. Su tacto era demasiado directo, casi telepático; a través de ese simple gesto, me hizo saber que, a diferencia de lo que pasaba con el resto, entre nosotras todo estaba aclarado.

No era porque ella fuera estúpida o se hubiera creído mi cuento, sino porque su intuición le decía que podía confiar en mi discreción. Ese entendimiento mutuo, sin necesidad de palabras, logró lo que yo creía imposible: tener a Alice de mi lado.

—Vine para llevarte al comedor sin que se vuelva a abrir otra pared inapropiada en tu camino —me guiñó un ojo—. Dejemos los soportes para más tarde, ¿quieres?

III

La mesa estaba servida con un menú variado, repleto de esos ingredientes costosos que nunca pensé tener enfrente, pero el aroma no era precisamente apetitoso. Se notaba que era parte de una dieta tan estricta que parecía una comida gourmet de hospital.

—Alice —dijo Rose, rompiendo el silencio—, sigo atascada en la tercera página. ¿Tienes veinte minutos para ayudarme cuando subamos?

—¿Con tan poco tiempo es suficiente? —preguntó Alice con calma.

—Si me lo explicas tú, sí —Rose sonrió por primera vez frente a mí.

Ese destello de ternura entre ellas terminó de completar la imagen que tenía de ambas en el diván. "Sí…", pensé, concentrada en mi plato. "Puedo verlo claramente... la manipuladora y la controladora. ¿Por qué se esfuerzan tanto en ocultarlo?".

—Tus indirectas no me afectan, Rose —intervino Ruby, inspeccionando la comida en busca de algo con sabor—. No volveré a explicarte nada.

—Te lo agradecería —respondió Rose sin mirarla—. Tus métodos de las cavernas solo los entiendes tú.

—Mi programa es demasiado avanzado para ti —dijo Ruby, encontrando al fin algo comestible que acaparó en su plato—. Porque tienes la mente tan vieja y obsoleta que, mientras más tiempo pase, menos lo vas a comprender.

—¿Puedes pasarme el matsutake? —me pidió Luna, señalando el bowl que estaba junto a mí.

Eran muchos, demasiados, un exceso de hongos pálidos que se camuflaban con el mantel.

—Qué desperdicio... —pensé en voz alta, sin poder evitarlo.

—¿No te gustan? —me preguntó Luna, curiosa.

—No los he probado, pero un ingrediente como ese no debería verse tan... anémico.

Ella soltó una risita, tapándose la boca con la punta de los dedos.

—Ese es un comentario sumamente exquisito para alguien que viene de un pueblo, Mine —me dijo Ruby comenzando a comer.

—No sé de qué hablas —respondí sin pensar—, si ustedes son las que viven en un pueblo.

Las cuatro bajaron los cubiertos al mismo tiempo para verme con curiosidad.

—Hay solo tres casas alrededor de un montón de árboles, después de un camino de más árboles y casas pequeñas antes de llegar a la carretera... —enumeré con los dedos—. Esto es un pueblo.

—Puedo poner edificios pequeñitos dentro de un zoológico y llamarlo ciudad, o poner tres casas en un campo abierto privado y llamarlo pueblo, pero… ¿cuál es la ciudad y cuál es el pueblo? —preguntó Ruby, dándole vueltas a su puré con una parsimonia desesperante.

—La que tiene edificios —murmuré a la defensiva.

—Sí, tienes razón —concluyó ella, llevándose una cucharada a la boca.

Como Ruby era tan rara, su comentario zanjó la charla por el resto del almuerzo. La música instrumental que ambientaba el comedor evitó que el silencio se volviera denso. Comí lo poco que me apetecía sin ninguna pena; tenía mucha hambre, pero aquello era demasiada comida que no saciaba nada. Ruby se había llevado todo lo que tenía algo de aderezo o color. El sabor puro de la ensalada o el arroz integral era simplemente intragable; ellas estarían acostumbradas, pero yo no. En ese mismo instante, empecé a planear una lista de especias y salsas que le pediría a Tom de contrabando.

—Mia —dijo Alice, captando mi atención—, Rose y yo…

"Rose y tú…", pensé de inmediato, comenzando a bautizarlas en mi cabeza. "¿Ralice? ¿Rolice? ¿Rosice?…".

—…organizamos tu horario —continuó entregándonos a todas una copia—. Todos los días verás clases con alguna de nosotras.

—Incluso los domingos, sin descanso —dijo Luna con tanta suavidad que pude detallar cómo se movían sus labios al articular cada sílaba. Luego me lanzó una mirada sostenida de reojo y se mordió el labio antes de sonreír. Sé que las demás seguían hablando, pero en ese momento me quedé ida, embobada, con un escalofrío recorriéndome entera. Cada gesto suyo me daba la impresión de que me estaba coqueteando; sin embargo, las otras no parecían notarlo. Mientras Ruby seguía hablando y hablando, yo intentaba no colapsar de vergüenza, sintiendo que todo era parte de mi absurda imaginación.

—¡Mia! —el tono seco de Rose me trajo de vuelta a la mesa.

blackiexsilky
DreamsLab Atelier

Creator

A veces, la discreción no es una elección, sino un mecanismo de supervivencia. ¿Qué harían ustedes en su lugar ante una tregua tan tensa como la de Alice? Nos vemos en el próximo episodio.

#gl #yuri #Girlslove #lgbtq #NovelaRomantica #lesbian #music

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Regu
Regu

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Sip, voy a shipear a Mia y Luna, Lumia(?) Miluna(?) 🤔

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