Abrí los ojos totalmente desorientado, no se donde me encuentro, que estaba haciendo, quien soy o que debo hacer. Lo primero que anote es el techo, franjas paralelas, equidistantes, separadas exactamente unos treinta centímetros entre si. Emitían una luz cálida, sin parpadeo, sin fuente visible, eficiente. Lo segundo que anoté es que no se como sé eso.
Me incorporo lentamente de la cama, la habitación es un cubo blanco, paredes sin uniones visibles aparentes, piso gris de textura uniforme sin una sola marca de uso. Me di cuenta que estoy desnudo y eso debería perturbarme mas de lo que me perturbaba, en cambio, lo que me ocupó la mente de inmediato es otra cosa: el silencio, total, casi tangible, no hay ventilación audible, no hay vibraciones de maquinaria y sin embargo el aire se siente limpio, sin contaminantes, con una temperatura aproximada de veintiún grados. Alguien - o algo - está filtrando y regulando el ambiente. Existe un sistema activo que no veo.
Intenté recordar mi nombre, una cara, cualquier cosa anterior a este momento y lo que encontré fue una gran pared de neblina, y detrás de ella, una presión que escala exponencialmente hasta convertirse en dolor. Me detuve antes de que el dolor me hiciera caer. Un concepto básico, cuando un sistema no responde, no lo fuerzas.
Me levanté, el piso esta frío, caminé hacia la pared que esta a la derecha de la cama y la examiné de cerca. La superficie, fría y suave, estaba revestida con un metal - no podia recordar cual -pero sentía sus propiedades, conductividad térmica y acústica baja, alta resistencia a impacto, extremadamente liviana. Mi mano lo sabía antes que mi cabeza.
Esto me detuvo
¿Por que una habitación tendría esta configuración de paredes?¿buscan aislar algo del exterior?
Empiecé a recorrer el perímetro con la palma apoyada, explorando aleatoriamente, luego de unos minutos y ya en el tercer tramo de pared sentí algo, unas lineas muy suaves que forman una hendidura, casi imperceptible, un cuadrado de dos centímetros trazado sobre la superficie. Un botón
Me detuve
El problema con activar un sistema desconocido en un entorno desconocido es que no puedes modelar las consecuencias. Podría ser una salida. Podría ser una alarma. Podría liberar algo en el aire. Me senté en el suelo —el frío subía por mi columna— y pensé. Estimé posibilidades sin números concretos. La habitación ya estaba siendo habitada y mantenida. Eso sugería que alguien quería que yo estuviera a salvo, o por lo menos vivo. La probabilidad de una trampa letal en el primer botón que encontré es baja. No imposible, pero baja.
Me levanté. Marqué la posición del botón con un método absurdamente analógico pero útil en mi situación actual, usando unidades de medidas que podía conocer e identificar fácilmente: mire la posición de la cama, con la cabecera a mi izquierda, cuento cinco pasos desde el centro y perpendicular, luego orientación por el ángulo que se forma entre mi pie y la cabecera de la cama. Coloqué mi palma. Entrecerré los ojos. No sé por qué lo hice —mi instinto al miedo quizás— pero lo hice.
Lo presioné
Un «clic». Una pausa de dos segundos exactos. Luego la pared cede: parte de su estructura de movió y compactó en una esquina permitiendo que de esta emergiera, lenta y silenciosa, un armario. Ropa. Ordenada, doblada, en tallas que —verifiqué— calzaban perfectamente con las miás. Pantalones, camisetas, una chaqueta ligera. Nada distintivo, nada que identificara mi origen. Revisé cada prenda con cuidado, buscando etiquetas, marcas, cualquier dato. Nada.
En el estante inferior encontré tres cosas: un cuaderno —grueso, con una sensación de buena calidad—, un lápiz, y un objeto pequeño y plano, del tamaño de una tarjeta de identificación. Era de un negro completo, sin otros colores alrededor. No tiene texto. No tiene botones. Solo una superficie perfectamente lisa
La sostuve un momento. Algo en mí quería hacer algo con ella, pero no recordaba qué.
La guardé.
Pasé las horas siguientes —no podía medir cuántas— recorriendo cada centímetro del cuarto. Encontré cuatro botones más: tres en las paredes, uno en el piso. Los mapeé en el cuaderno con la mayor precisión posible. Dibujé el perímetro, triangulé las posiciones, anoté las características de cada hendidura.
Antes de dormir escribo esto. No sé si mañana recordaré. No sé si habrá un mañana en el sentido convencional. Pero debo documentar mi día a día, - quien sabe hasta cuando - como si fuera una rutina interna, de la misma forma que se sobre las aleaciones y sistemas de filtración de aire.
Guardé el cuaderno bajo la almohada.
Si quien lee esto soy yo, ya sé que la memoria puede fallar. Los mapas no.
Un joven despierta en una habitacion sin ningun tipo de informacion ni señales y debera usar todo su ingenio para poder descubrir que hace en esta habitacion, quien es, y porque NEP es importante
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