Trina
Sonrío con aires de superioridad cuando al fin tengo a Ostyn en frente de mí. Los chicos de mi banda le sacan la bolsa de la cabeza y me sorprendo al ver que tiene una sonrisa en su rostro como si nada pasara.
—¿Me desatas? —pregunta de forma amable, ya que tiene las manos agarradas con fuerza de unas sogas que lo mantienen atrapado en la silla.
—¿No tienes miedo? —exclamo estupefacta.
—Mi clase de literatura está por comenzar y si sigo atado, la profesora me dará una mala nota.
Me titila el ojo.
—¿Disculpa? Te acabamos de secuestrar, ¿no llamas a la policía o algo?, ¿no pides por auxilio?
—¿Ustedes no tienen clases? —consulta—. No sabía que los Slash eran tan irresponsables.
¡¿Pero qué le pasa a este?!
—¿Escuchaste mi pregunta? ¡Contesta! —Respiro con exasperación.
—No, porque tú no contestaste la mía, ¿entonces yo por qué tengo que responder la tuya?
—¡Los rumores son ciertos, está loco! —chilla Tulio, otro del grupo.
—¿Qué rumores? —Me giro a mirarlo, observo que mi subordinado tiene una cara de asombro, por lo tanto, siento un escalofrío, así que me doy la vuelta de nuevo—. ¡¿Cómo te desataste?! —Me sorprendo.
Ostyn sonríe, tranquilo. Tenerlo parado enfrente de mí me hace dar cuenta de que es más alto de lo que pensé.
—Ah, es que el nudo era fácil —contesta.
¡¿Qué?!
—¡Claro que no, lo até yo misma!
—Ah, supongo que tienes que mejorar. Suerte para la próxima. —Se gira para irse, pero se detiene—. Oye, ¿qué hora es?
—¿Las tres? —respondo, confundida.
—Oh, llego tarde. —Corre muy veloz.
—¡Atrápalo! —le grito a Seb, que está en la puerta.
El chico grandote intenta evitar que Ostyn escape, pero este le da un puñetazo que lo hace caer. Nadie, juro que nadie ha podido tirar a Seb ni una vez, ¡¿y este loco va y lo lanza de un solo golpe?! ¡¿Qué está pasando?!

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