Tiempo después. Al regresar sus sentidos. Un olor fuerte a desinfectante llegó, cuando alguien lo arrastró por el brazo, lejos de los escombros que alguna vez fueron el trabajo de su madre.
—Dios. Ya van a llegar —, oyó una voz aterrada. — ¡Jimmy, tienes que irte! —lo apuró Lupe, la enfermera de su mamá, tirándolo para alejarlo de Mari, que humeante dormía frente a los dos.
—Pero... Yo me equivoqué —, tartamudeó el niño, buscando aire. — ¡Tengo que hacer algo!
—¡No! —Le arrebató su cara, con sus desahuciados ojos cafés. —La doctora dijo que, cuando pasara esto, no deberían estar cerca —, se hincó ante él. — Sabes bien lo que va a pasar si no se van ahorita mismo. Además, cuando la vean, se la van a llevar y la van a atender como se merece. ¡Te lo prometo! —El pacto de la enfermera hizo que Jim recordara a Sarita, la primera paciente. Imaginó su cuerpo frío, su pelaje café claro lleno de sangre. Sarita había sido sacrificada por las cuadrillas del alcalde, que cazaban y desaparecían a las personas que sobrevivían al Despertar. Una alterada, como ahora lo era su mamá.
—¡Estás loca, vas a hacer que la maten! —La empujó, tomando fuerzas de la nada para dirigirse a la salida. —¡No puede ser, no puede ser! —Hiperventilaba, sin camino posible.
Al estar frente a la calle, una voz atendió a su súplica: "Es nuestra culpa". Siseando en hipnótico reproche a sus oídos. "Bondel. Él, él nos va a ayudar", le decían, para comenzar una fuerte carrera con la revelación en la mente, enfocado solo en rescatar a su familia.
Pronto los gritos de Lupita ya no se escucharon, ni la alarma de sus vecinos por huir de la guardia municipal. Ya no estaba el sonido de las sirenas policíacas, ni su corazón a punto de reventar. Solo un dolor agudo en las muñecas, un intenso cascabeleo y el recuerdo de Jean Paul Bondel, reconociéndolo:
—Eres especial... Eres especial —, una y otra vez, mientras entraba en el laberinto de callejones.
El destino no es un derecho, no cómo todos quisiéramos. Es un capricho naturalmente incierto. No hay afortunados ni malditos, solo aquellos que toman acción cuando la oportunidad se presenta. Únicamente al que captura la responsabilidad se le permite ser parte del mecanismo.
Porque si no formas parte de él, simplemente eres aplastado...
—¡Tonto, qué hace! —Gritaron con el rechinar de humeantes neumáticos peleando por controlar un largo vehículo sin rumbo. — Que, ¡qué fue eso! — Cuestionó un hombre de traje al interior.
—Un niño jefe. Un mocoso saltó hacia nosotros —, le dijo el chofer.
Con el frenético detener de su gran limusina, un elegante señor de Galía*, barba de candado, canoso de ojos esmeralda, salió a encarar la causa del impacto. No muy lejos del consultorio Sainz, ahora destruido por la desgracia de la doctora. A las afueras del barrio de Guadalupe.
Ya habían pasado varias horas desde su primer encuentro, cuando Jim recuperó la razón. Como si hubiese dormido por un largo, largo tiempo. No tenía idea de cómo había llegado ahí. Solo supo que lo encontró, frente a él, su héroe, su solución. La única persona que lo había logrado entender, y que estaba dispuesta a reconocerlo.
—¡Te... tenemos que irnos! —Lloró, sin darle ni un segundo a Bondel para entender cómo lo había encontrado. El ganador de la feria de ciencias, desesperado por ayuda, con una voluntad que superaba el dolor. — Es que... fue mi culpa —, se le acercó con el brazo izquierdo roto, retorcido por el golpe que detuvo la limusina.
—Santiago, hijo. ¡Espera! —Preocupó Jean Paul, sin comprender por qué tenía ese abandono y apuro suicida.
—¡No, no me toquen! —Dijo Jim, dejando que su instinto lo hiciera levantar su brazo quebrado. Sus facciones mutaban: pupilas viperinas, piel cuarteada y muñecas cubiertas de escamas negro obsidiana. En medio de cascabeleos y crujidos, su brazo retorcido se curó en una milagrosa contorsión. —Míreme, vea, soy lo que busca. Especial, como me dijo. Ahora, ¡tiene que ayudarme a salvarla! Y... ¡yo haré lo que quiera!
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Jim cambió su piel por escamas y ya no hubo vuelta atrás. Entendió que no iba a tener todas las respuestas, que el problema era más grande que él, su familia, y sus secretos. Pese a las advertencias, decidió resolverlo, comprometiéndose mucho más de lo que hizo su madre. Para poder ser uno con la maquinaria del destino.
El niño se reveló ante Bondel, jurando que usaría el tratamiento de su madre por el bien del mundo que Bondel estaba construyendo. A cambio de un par de condiciones: Detener la masacre de sus ignorantes vecinos en Guadalupe, y recibir todos los medios para salvar a mamá.
*Aztlán es el nombre de México en este mundo.
* Galía es el nombre de Francia en este mundo.
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