— Si en serio crees que puedes llevarlo sin mí... Sólo anda, Johan. Presiona ese maldito botón.
Ya ni siquiera me importa si presiona o no presiona ese maldito botón.
No sé si los ecoborgs como yo tienen un alma, como los humanos dicen que tienen.
No sé que pasará conmigo si me autodestruyo o me destruyen.
Pero estoy demasiado cansado como para que me importe.
— ...Cough!
Escupo un chorro de sangre.
Es sólo al ver la sangre en mi mano, que me doy cuenta del dolor asfixiante que siento en mi pecho.
Mi cuello también arde, como si me presionaran un metal al rojo vivo.
Pero Johan no ha presionado el botón...
¿Por qué siento como si estuviera a punto de escupir el corazón?
¿Por qué el código de barras se activó?
¿Realmente voy a morir esta vez?
— Haaaa... Este maldito bastardo. Parece que te volviste loco de nuevo.
Johan toca mi hombro una vez.
El dolor en mi pecho y mi cuello desaparece rápidamente.
— ... Gracias.
Quiero golpearlo todavía, pero... Ese maldito bastardo siempre es así.
No es que él quiera ser así.
Pero tengo que fingir que no sé que Johan tiene sus propias razones para actuar como algo que no es completamente.
— ... Supongo que me pasé con eso de decir que no somos hermanos...
No sé que le pasa al bastardo que parecía a punto de golpearme hasta matarme a puñetazos... Pero él se aleja de mí, con un suspiro cansado.
Se ve como si hubiera perdido toda su molestia y energía, mientras se sienta detrás de su escritorio. Y de la nada, saca un sobre negro de una gaveta y lo extiende en mi dirección.
— Toma. Pensaba divertirme con algunas chicas lindas esta noche, pero igual... Madre quiere que vayamos a cenar en familia. Dudo que tú quieras ir o que ella quiera que tú vayas, y sería un desperdicio que se perdiera esta reservación VIP.
Me toma unos segundos asimilar sus palabras.
— Johan, ¿Por qué demonios enviarías a un esclavo a un maldito burdel con una entrada VIP?
Aunque creo que me expresé lo suficientemente claro, el bastardo loco que hace todo menos trabajar ignora mi clara y concisa pregunta.
— Sólo ve y pasa un rato agradable. Es una orden del propietario.
Una sensación similar a tener un hierro al rojo vivo contra la piel se extiende por mi cuello.
Por reflejo, levanto la mano y toco el código de barras detrás de mi oreja.
Por lo mucho que duele, debe estar brillando con fuerza, como un semáforo en rojo.
... Realmente no tengo elección.
— ... Entendido, señor.
Sin la menor idea de qué diablos está pasando, no tengo más remedio que tomar el sobre sospechoso y dirigirme al lugar al que me enviaron.
El sobre negro y dorado en mis manos tiene una inscripción delicada que dice "Hotel Le Croix".
En un mundo en que los humanos artificiales y criaturas de mazmorras pueden ser esclavizados y comprar su libertad, Ian Jaeger, un esclavo corporativo forzado a ser el vice presidente de Star Labs, recibe la peculiar orden de pasar la noche en un burdel. Pero en lugar de pasar un rato agradable, Ian termina casado con una chica dragón y luchando contra golems junto a una cocinera, un espía, una pirata y el heredero de la empresa que compite con la suya, la Parallax INC.
¿Podrá Ian comprar su libertad y la de la familia que acaba de formar por accidente en una noche?
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