Delilah
Hace una semana que duermo en la cama con un completo desconocido. ¿La razón? Mi hermana. Intercambiamos lugar. Diría que él no se dio cuenta porque somos gemelas. Al menos es lo que aclaró mi hermana: "Nunca está en la casa, solo llega para dormir".
Por motivos distintos decidimos suplantar la una a la otra y parecía fácil hasta ahora.
¡¿Por qué está despierto?!
¡¿Qué hace mirando televisión a esta hora?!
Podría jurar que todos estos días fue la misma rutina, pero por razones que desconozco, el marido de mi hermana, Hans, está como si nada, sin una pizca de sueño.
—Cariño, ¿viste este programa?
Me mantengo de espaldas hacia él, intentando que no sé dé cuenta que estoy despierta, aunque es obvio que lo sabe, ya que me ha preguntado algo.
Finjo roncar.
—Cariño —repite y me da un codazo.
—Auch. —Me sobo la espalda y me siento—. Qué delicado —expreso con sarcasmo.
Aunque no fue para tanto.
Por primera vez me cruzo con sus ojos en semanas, son grises y me observan de manera fija.
¿Se habrá dado cuenta?
—¿Viste el programa? —insiste.
¿Qué con el programa? Es el canal del tiempo.
Dudo de responder.
—No, ¿por?
Vuelve su vista a la pantalla.
—Va a llover toda la semana, las carreteras estarán inundadas.
—Ah —me limito a decir.
—¿No te preocupa?
—Eh, uh, no. —Hago una pausa—. ¿No tienes que levantarte temprano? ¿Por qué estás despierto?
—¿De qué hablas? —Enarca una ceja—. Es mi semana de descanso.
—¿Se...? ¿Semana de descanso?
Mierda, Dahlia no me dijo nada de eso.

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