Archer
Glas y yo corremos a diferentes caminos para escaparnos de Dawson, luego me pierdo buscando la dirección que me ha dado Mitzy. Sin embargo pareciera una burla del destino, pues di tantas vueltas y al final la casa era cerca de la escuela. Abro la reja, al parecer no está con llave, entonces entro despacio a la vivienda algo deteriorada.
—¿Hola? —expreso, sintiéndome como si estuviera en una mansión del terror—. ¡Ay! —Me asusto solo por chocarme con una botella de cerveza vacía, la cual rueda por el pasillo oscuro—. ¿Hay alguien?
Sigo mi camino y dejo de trasmitir palabras que no obtienen respuesta. No encuentro a nadie. Está todo sucio y tirado. Quizás ahora entiendo por qué Mitzy no quería que fuera a su casa, no era por su novio. La verdad este lugar es deprimente. Puede que la haya juzgado mal, no la conozco en realidad, calculo que nadie lo hace.
Oigo un ronquido y me sobresalto. Veo a un hombre obeso, durmiendo en un colchón en el piso ¿Será el padre? Voy a despertarlo, sin embargo cuando abro la boca para hablar, alguien me empuja hacia atrás y cierran una puerta. Esta parte de la casa no es tan tétrica, es por completo rosa y con objetos que se notan nuevos. Me giro, entonces me sorprendo al ver que es Dawson.
—¡Acosador! —chillo y me agarra la cara.
—Te acabo de salvar de una golpiza, cállate. —Mantiene su mano tapándome la boca—. ¿En qué pensabas? ¿Te volviste loca? —. Señalo sus dedos para que me suelte—. Ah, sí, lo siento, pero no grites más.
Se aparta y al fin respiro.
—¿Quieres matarme? —Tomo otra bocanada de aire y alzo la vista—. ¿Qué quisiste decir con lo de golpiza? ¿Y por qué estás aquí? ¿Cómo y cuándo entraste? —inicio mi interrogatorio.
Me observa incrédulo.
—Te escapaste y supuse que vendrías a tu casa, tengo la llave, ¿cuál es el punto?
—Eso es acoso —acoto.
—Te estoy cuidando. —Frunce el ceño.
—¿De qué? —Enarco una ceja.
—¿Qué te pasa, Mitzy? —se queja—. Te estás confiando demasiado y no digo que no me atraiga, no obstante es peligroso. De hecho es genial que andes más alegre, pero para un poco, te meterás en problemas.
—Sigo sin entenderte.
—¿Te golpeaste en la cabeza o qué? Tu padre está ahí ¿Qué creíste que haría si lo despertabas? Piensa un poco.
—¿Dices que ese tipo iba a pegarme? —Intento entender.
—¿Qué te sucede? —Me agarra otra vez y me zamarrea—. ¿Estás enojada conmigo por qué no te acompañé a buscar tu estúpido espejo? Bien, lo entiendo, tenía un mal día, perdóname, pero por lo que más quieras, ya deja de hacerte la niña buena. Me asustas, me harás preocupar.
—De acuerdo, estás preocupado, comprendí, ya suéltame.
Se aleja y se da la vuelta, camina poniendo su mano en su cabello negro. Se queda quieto y pensativo, luego la baja, entonces se gira a observarme de nuevo.
—Sé que no estamos en nuestro mejor momento, pero yo te amo, Mitzy, piensa en mis sentimientos, ¿no? Deberías tener un poco de consideración, estuve inquieto toda la tarde. Te fuiste con ese Glas ¿Quién sabe por qué? Y me sigues evitando como si fuera un monstruo. —Me mira frustrado—. Dime qué te hice porque no estoy entendiendo nada ¿Quieres terminar conmigo? Dímelo a la cara, no andes con rodeos. Soy el único que sabe por lo que pasas, creí que confiabas en mí.
—No... no, yo...
¿Por qué intento mantener la vida de Mitzy intacta si ella se adueñó de la mía? Soy demasiado bueno, soy estúpido, eso es lo que soy.
—¿Qué quieres de mí? —expresa angustiado.
—Nada, solo me quiero ir.
—¿A dónde?
—Lejos de esto que no es mi vida. —Corro a la ventana.
Abro la cortina que es afelpada y rosa, entonces mi teoría se hace cierta, no tiene vidrio, así que la salto.
¡A la mierda, me voy!
Huyo nuevamente de Dawson, es que la verdad no tengo idea de qué decirle. O sea yo no soy quién para acabar su relación con Mitzy. Y está bien que se crea dueña de mi vida, sin embargo yo no soy como ella, voy a recuperar mi identidad y si quiere mi ayuda se la doy, pero no voy a permitir que esto siga así.
Me choco con Glas en el camino y me quedo estupefacto.
—¿Tú también me estás siguiendo? Te fuiste en otra dirección, yo recuerdo eso —acoto.
Él se queda mirándome, luego reacciona.
—No digas estupideces, Mitzy, vivo a media cuadra de tu casa. —Sigue su camino y pone las bolsas de basura en el tacho, para luego dirigirse a su vivienda—. Somos casi vecinos.
—Ah, no sabía —susurro, acto seguido reacciono—. ¡Dawson! —Lo empujo a dentro de su casa y cierro la puerta.
—¡¿Pero qué te pasa, loca?! —grita indignado.
Sonrío ampliamente.
—¿Me puedo quedar?

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