La ambición de Alemania perturbó la paz de la Tierra. La Guerra se tragó naciones, hogares y promesas. Al final, les arrebató todo lo habido y por haber.
El plan era perfecto. Una traición calculada al detalle. Pero el mundo se detuvo sin aviso, de un día para otro, como si alguien hubiera cerrado el puente entre la victoria y la derrota.
Detrás del alto al fuego latía algo más antiguo que las diez mil cosas. Una profecía que la Casa Imperial enterró bajo el silencio. Algo que el Sol y la Luna decidieron cien años atrás.
El capricho de un ancestro bastó para partir la tierra. Desde ahora, los hombres se cuentan como Soles, como Lunas, o como Cielos. Tres castas. Tres destinos.
La crisis devoraba ciudades. Los mapas se borraban con sangre. Y aun así, los ambiciosos no bajaron las armas. Porque hay hombres que prefieren arder antes que arrodillarse.
En medio del caos, Yuuto Konoe, joven comandante del Sol, descubrió que hay guerras que no se pelean con armas. Atrapado entre las garras frías del control alemán y los brazos inesperados de un italiano, entendió que hay cosas peores que perder una guerra.
Comments (13)
See all