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Cuando la luz se alinea

Capítulo 1: El verano del cambio

Capítulo 1: El verano del cambio

Apr 03, 2026

ERION

A sus tiernos ocho años, Erion no podía negar lo ciertas que eran las palabras de su padre: los cambios nunca dejan de sucederse, y mudarse a Nueva York no les resultaría difícil. Gran parte de su familia estaba allí, además de gente que conocían porque iban cada año. Esta vez, sin embargo, sería distinto, pues se quedarían incluso cuando el verano se terminara.

—Es muy extraño ver todo así —Erion se frotó los brazos, como si intentara sacudirse la incomodidad que le producía ver su hogar vacío.

—Porque no recuerdas cuando vinimos aquí por primera vez —Taron le dedicó una sonrisa afable, tratando de suavizar el momento.

Acababan de recoger sus notas y de dar por comienzo a sus vacaciones de verano, unas que iban a estar llenas de cosas nuevas, le entusiasmaran o no. Ver la casa tan vacía y su vida empaquetada en cajas le hizo querer salir a respirar aire fresco. Podía asemejarse a un laberinto, incluso cuando hubieran creado un camino para moverse entre tanto bulto.

—No te preocupes —su padre le apretó el hombro con cariño—. Todas las mudanzas son así.

—Van a alucinar con la cantidad de cajas que llevamos el abuelo y la abuela —señaló Erion, rodando la mirada.

—Eso no son novedades —continuó Taron, soltando una risa breve.

Sus abuelos eran intensos, aunque podía ser una característica innata de la familia. Cuando les visitaban, señalaban aquellos detalles de su hogar que no les gustaban, a pesar de sus buenas intenciones. Incluso teniendo eso en mente, la idea de verles más allá de las vacaciones de verano o Navidad le animaba bastante. Al fin y al cabo, entre ellos y sus tíos, eran toda la familia que conocía.

—Será más sencillo cuando estemos allí —le prometió su padre.

—¿Tanto como para dar palmadas con los pies? —Erion alzó una ceja, escéptico.

—Ese sería un espectáculo digno de ver, Eri —Taron le guiñó con picardía.

—Podríamos llamarlo el verano de las risas.

Aunque otra palabra fuera más apropiada, no iban a entrar en ese debate.

Taron Newell no tenía la apariencia de un programador y diseñador de videojuegos, menos aún que, con veintinueve años, tuviera un hijo tan crecido. El lado positivo es que nadie podía negar su parecido, lo que era un alivio cuando había que contestar preguntas específicas. Compartían los mismos ojos grises y cabello oscuro, ahora algo más largo de lo normal para la época. Compartían no solo rasgos físicos, sino también una creatividad vibrante, evidente en los libros que llenaban las estanterías y en las fotografías que decoraban la casa. A veces su entusiasmo agotaba a los demás, pero entre ellos todo fluía con naturalidad

—¿Y qué se supone que vamos a hacer hasta mañana? —Erion resopló al mismo tiempo que su padre.

—¿Huir de aquí? —Taron arqueó las cejas de forma exagerada, logrando arrancarle una sonrisa.

Habían despedido a todos los vecinos con los que tenían confianza hacía días, aunque la única ausencia que realmente notaba era la de Wyatt, su mejor amigo, que se había mudado el año anterior. Ser una familia de dos miembros hacía que otros se implicaran con ellos, puede que por pena, o quizás por curiosidad. Incluso que su madre les abandonara cuando él era un bebé no le suponía un problema. Nadie le hacía más feliz que su padre.

Salieron de casa sin un plan concreto y acabaron en el centro comercial, deambulando entre tiendas para matar el tiempo, si es que era posible hacer algo así. Aunque la heladería llamaba la atención, su estómago lleno no estaba de acuerdo con la idea. Al final acabaron en la sección de sillones que se veían bastante solitarios a aquella hora. ¿Por qué estaba todo tan vacío? Aunque al menos eso les permitió acomodarse sin remordimientos, probando aquellos que más les llamaban la atención.

—Voy a necesitar una grúa para moverme —susurró Erion, hundiéndose en el respaldo.

—Podría decir lo mismo. ¿Dónde lo metes? —Taron le dio un par de toquecitos en el estómago.

—Mira quién habla. ¡Tengo tus genes!

—Para alguien que pretende hacer surf esta tarde, has comido tanto que podrías explotar.

La mención del agua le hizo contener el aliento. El amor de Erion por nadar o surfear triunfaba incluso cuando no fuera el más atlético sobre tierra. El mar había sido parte de su vida desde que llegaron allí, dándole unas alegrías que no pensó que encontrara de esa manera.

—No podremos en Nueva York, ¿verdad? —preguntó Erion, mirándole de reojo a su padre.

—¿Eri, bromeas? Claro que sí. Hay sitios allí para hacer surf, aunque no tan cerca como ahora —respondió Taron.

—Sé usar internet, Papá, y no están a media hora de casa —Erion dijo con una sonrisa de satisfacción.

—Podrás seguir nadando, aunque no sea en el mar como ahora —dijo Taron, revolviéndole el pelo—. Además, haremos planes para salir de la ciudad. Buscaremos las olas cuando podamos.

El ascenso de su padre siempre sería una buena noticia, en especial porque sabía lo que adoraba su trabajo. Nueva York no era un misterio y ambos solo podían imaginarse lo que encontrarían en aquel lugar del universo.¡

—¿Nada interesante en tu último día en la escuela? —inquirió Taron, desviando la conversación.

—¿Contaría el pillar a dos profesores besándose en la biblioteca? —Erion soltó una ligera carcajada—. Bonita manera de iniciar el verano.

—Siempre depende de las intenciones con las que se dieran el beso —Taron sonrió con diversión—. Sigues siendo demasiado pequeño para que te lo explique.

—Soy consciente de esas cosas, Papá —Erion puso los ojos en blanco—. Llevan así desde inicio de curso, pero han sido muy hábiles para que nadie se percatara. Aunque no cuentan con mis dotes de superespía.

Ser alguien que pasaba desapercibido en ocasiones tenía sus ventajas. Ir un curso adelantado significaba retos, como que sus asignaturas eran algo más complicadas (no demasiado), pero también le hacía blanco de algunos abusones, aunque nada que no pudiera manejar.

Taron tenía ese gesto en la mirada, el pequeño tic que delataba cuando algo le preocupaba. Puede que estuviera preguntándose cómo le iría en la nueva escuela. Erion sabía que su padre tenía una extraña habilidad para leerle la mente, y él lograba captar cuando esto sucedía, pero antes de que pudiera añadir nada, este se adelantó.

—Todo cambiará. Ser el nuevo viene con cosas positivas, y no tardarás en llamar la atención de cualquiera —dijo Taron.

—Tienes mucha fe en mis dotes de ligón, ¿no?

—Oh, me encantaría grabar con una cámara y guardarlos para la posteridad. “Los primeros momentos de Erion ligando y teniendo citas”. —Taron alzó los brazos como si imaginara un gran rótulo en el aire.

—Creo que nadie te compraría esa historia. No suena muy entretenida —dijo Erion, negando con la cabeza.

—¿Con todo el drama que habrá? Dame unas cuántas páginas y cualquiera terminará cediendo.

¿Quién podría resistirse ante aquella gran y encantadora sonrisa? Al principio pensaba que su padre era el mejor del universo, casi que era irresistible, incluso cuando Erion no comprendía bien el significado de la palabra. Luego vio que no es que siempre ganara en lo que se propusiera, pero el esfuerzo y la confianza que desprendían le ayudaban en gran medida.

—De todos modos, hazme caso cuando te digo esto. La edad te da perspectiva, aunque luego eso sea algo secundario. Ya lo irás viendo.

—¿Hemos acabado con este tema? —bufó Erion.

—Soy tu mayor fan, así que hay pocas cosas que puedan espantarme —Taron sonrió aún más.

—Lo mismo digo —Erion titubeó antes de preguntar—. ¿Tienes miedo? ¿Por todo lo que está cambiando? ¿Por lo que no sabemos?

—Eso es lo divertido de la vida. Nunca puedes predecir la siguiente página. Y sí, a veces da miedo, pero no hay que dejar que nos paralice.

—No suena tan motivador como crees —admitió Erion con una mueca.

—Míralo así. —Taron se puso de pie y le tendió la mano—. Una nueva aventura está por empezar. ¿Abrimos esta historia juntos?

Quizás su vida no se pudiera ver en un libro, o puede que sí. Aunque Erion no fue capaz de expresar sus palabras y en lugar de eso sonrió, su padre hizo lo mismo. En cuanto le agarró de la mano, ambos se fundieron en un abrazo, ignorando el calor y todo lo demás. Afrontaron muchas cosas en aquella semana, y no sería la última. Pero al menos estaban juntos, y aunque su mundo estuviera cerca de ponerse patas arriba, no conocía de nadie más a quien quisiera tener a su lado.

—¿Qué te parece un helado y una película para después de cenar? —sugirió Taron.

—¿En ese orden? —dijo Erion mientras ambos salían con lentitud de allí.

—En el que queramos —Taron se encogió de hombros—. Tenemos tiempo de sobra.

—Nada se puede comparar con surfear al atardecer. ¿Qué mejor manera para despedirnos de Los Ángeles? —Erion se mordió la comisura del labio, emocionado por una vista así y triste por ignorar cuánto tiempo tardaría en volver a disfrutarla.

—Esa es una parada que no podemos ignorar —respondió Taron con los ojos iluminados—. Ya sabes lo que dicen: “Deja solo huella, llévate solo los recuerdos”.

Le esperaban nuevas aventuras y recuerdos imborrables. Después de aquello y al llegar a la playa, Erion sintió una sensación de alivio. La presencia de su padre les permitía hacer frente a lo impredecible. Quizás aún fuera muy pequeño para saber qué era lo que quería hacer, pero estaba decidido a aprender y disfrutar de la vida del que le enseñaba todo.

De ese modo, padre e hijo fueron directos hacia el crepúsculo, listos para los cambios que les esperaban en aquel verano.


¿No puedes esperar a la semana que viene? ¡Ya llevas 5 capítulos de retraso! Encuéntrame como Eitan Estheim en Substack y Patreon (links en mi perfil)

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Eitan Estheim

Creator

Las mudanzas siempre son caóticas, pero un futuro increíble les espera a Taron y Erion.

#padre_e_hijo #familia #mudanza #los_angeles #Nuevos_comienzos #infancia #Vinculo_familiar #slice_of_life #contemporaneo #lgbtq

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Volver a casa nunca es fácil, ni siquiera para la pequeña familia de Taron y Erion Newell. Mudarse de un extremo del país al otro trae consigo una serie de desafíos, y no se trata solo de un nuevo trabajo. La posibilidad de un nuevo comienzo en Nueva York es más real que nunca para los Newell, especialmente si quieren evitar que todo les estalle en la cara.

‘Cuando la luz se alinea’ es la historia de un padre que hará todo lo posible para garantizar el bienestar de su hijo, sin importar dónde estén. A medida que reconecta con su pasado, acepta lo que ha sucedido y busca un futuro, deberá enfrentar desafíos formidables para darle a su pequeño la mejor vida posible. Ha construido un universo lleno de amor, superhéroes y magia para su hijo, pero hay cosas que están fuera de su alcance. Quizás su alocada familia, y alguien que ha encontrado un lugar en su vida, pese a que nunca creyó que regresaría, lo ayuden a encontrar el camino.
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