Emma era digna de una fiesta.
Y estaba allí.
En realidad, Karla nunca había contemplado la posibilidad de que realmente estuviera muerta, a pesar de lo que todo el mundo, incluyendo la policía, decía.
Karla siguió abrazándola mientras su hermana se refugiaba en sus brazos, jadeando. Karla no estaba segura de si era a causa del cansancio físico que parecía tener o de la emoción. Acarició más cariñosamente aún su morena cabeza nada más notar cómo las lágrimas de Emma mojaban la piel bajo la camiseta que llevaba puesta Karla. Emma... Ella estaba allí. Viva. Sana y salva. Bueno, salvo por una herida, una pequeña rozadura, que le marcaba la frente. Y una venda roja y gris que rodeaba toda su caja torácica. Y por su aspecto parecía muy débil. Pero al menos estaba allí. Karla no conocía las repercusiones emocionales o mentales provocadas por lo que fuera que le hubiera pasado a su hermana.
Pensó en la fotografía de la que le había hablado Alicia Mantanza. Creían que sus heridas eran mortales, pero habría sido solo un montaje. Karla se dio cuenta de que Esti seguía en el marco de la puerta principal apoyada, disfrutando de la alegría que le provocaba el reencuentro de sus dos mejores amigas, a las que no había visto durante todo un año, habiendo estado en un viaje de intercambio. ¡Cómo las había echado de menos! Se acercó a ellas un poco, cerrando la puerta tras de sí, y se las quedó mirando mientras sonreía. Ella también era consciente de que no sabía cuán dañada estaba Emma. Las hermanas se la quedaron mirando con cara de "¿qué diablos haces?" y con un gesto de brazos la invitaron a unirse al abrazo. Las chicas no se separaron durante un par de minutos.
—¿Quieres contarnos lo que ha pasado?
Karla se quedó mirando a Esti frunciendo el ceño por un segundo, pero dándose cuenta después de que eso era lo mejor, que Emma lo soltara todo. Además, como siempre, Esti no podría haber expresado de manera más cuidadosa ni con más tacto la pregunta cuya respuesta Karla misma se moría por saber. Cuando quería, Esti era muy cuidadosa, tanto en su forma de expresarse, como en el tono de voz que usaba para hacerlo.
—Fue al volver del colegio, como supongo que ya sabrás —susurró despacio. Seguía rodeada de los brazos de su hermana y de la mejor amiga de ésta—. Me dejaron inconsciente... no sé cómo. Después me desperté totalmente a oscuras y parecía que había pasado una eternidad. No tenía ni el móvil ni el reloj, y, a juzgar por mi comodidad, seguía con el mismo chándal que había llevado a clase. Di vueltas muchas veces durante lo que parecieron muchas horas, tratando de encontrar una salida. Tanteé un poco —titubeó, sin saber cómo expresarse. No estaba en shock exactamente, pero sí en una especie de bloqueo emocional. Pero quería contarlo, quería contarlo todo. Mejor dicho; lo necesitaba—. Era un garaje. Y era de noche. Salí y supongo que en el proceso me haría la herida de la frente que me está escociendo tanto. No sé cuánto tiempo tardé en llegar aquí, pero atravesé la dehesa del pueblo, y también un par de vecindarios.
El silencio reinó mientras Karla y Esti intentaban reconfortar a Emma con frases cariñosas tipo: "ya estás en casa" y "te quiero".
—Ejem —el carraspeo de una mujer las interrumpió. Las tres deshicieron su abrazo y se giraron hacia el pasillo que estaba en dirección opuesta a la puerta principal, el cual conducía a la habitación de invitados. Lo que vieron les provocó diferentes reacciones a las tres.
Emma se quedó descolocada al ver a una total desconocida en su casa. Esa mujer tenía una bata blanca puesta, haciéndola parecer una científica o una médica. Lo que más le chocó, y asustó, fue la pistola -que a saber de dónde habría salido- que sujetaba con su mano izquierda. Y que el cañón de esa pistola se dirigía a ellas tres.
Estíbaliz también se asustó al ver el arma con la que su compañera de universidad apuntaba a sus dos mejores amigas. Esti fijó su vista en los ojos marrones Hanna y esta última hizo lo mismo. Ella no reconoció a Esti, había cambiado. Cuando la había visto por primera vez en la facultad de medicina, había visto a una chica indefensa. En cierto modo, se sentía orgullosa de ella. Esti ahora era más fuerte y decidida. Ambas se habían hecho amigas en la facultad de medicina. Pero en cuanto a lealtades se trataba, Hanna miraría siempre por el bien de Iván. Y al recibir la llamada de Esti hablándole de un hombre herido de bala que necesitaba atención médica, se dio cuenta de que había posibilidades de que fuera él. Y acertó.
Karla se había olvidado por completo de lo de la doctora y el herido. La misma mujer zurda que las estaba amenazando. Se dio un tortazo mental por no haber vuelto a pensar en ello. Hanna estaba frunciendo el ceño, con la pistola en alto, y observando a Esti con detenimiento. Parecía estar meditando qué hacer a continuación. La tensión se sentía en el aire. Era perfectamente palpable. Karla sintió cómo Esti la empujaba levemente detrás de ella, pero no se lo permitió. Ni de broma, se dijo.
Hanna pareció decidirse sobre su próximo movimiento y habló:
—Iván se ha tenido que marchar.
—¿El hombre herido? —susurró Karla.
—Sí —le respondió Hanna.
—¿Y el otro médico? —siguió preguntando. Parecía querer hablar de cosas triviales para olvidar que estaba siendo amenazada con un arma de fuego.
—Le eché, no tiene ni idea de nada.
Eso era verdad, el "otro médico" no tenía ni la más remota idea de en qué estaba metida su compañera. Karla asintió lentamente y vio de reojo cómo su hermana respiraba profundamente, queriendo tranquilizarse.
—Yo voy a desaparecer, pero... —Hanna no bajó la pistola mientras andaba hacia la puerta principal, pasando a menos de dos metros de las tres chicas—. Hay un hombre, Víctor Nivelo. Si quieres respuestas sobre lo que está pasando, sobre lo de tu hermana, sobre la inculpación de tus padres... —inculpación, inculpación, inculpación, esa palabra se repitió en la mente de Emma como un eco interminable— investígalo. Si no lo hace, de todas formas, llegarás a él.
Entonces se marchó corriendo tras cruzar el umbral de la puerta.

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