Acercándose a su final, miles de pequeños instantes le golpean en la cara para recordarle lo mucho que ama a su Samara.
-Su primera mirada escondida detrás de un árbol para que su madre no los viera, era tan solo una muchacha atrevida y pícara, que lo cautivo a la primera.
Su primer beso, al sorprenderla por detrás tomándola de su cintura y llevándola a su pecho, deja caer una cesta. Sus labios suaves y tibios le dan permiso para compartir juntos el resto de sus vidas-.
Otra puntada en el pecho lo tumba al piso y cae en cuenta que solo le faltan unos pasos para llegar a la puerta. Siente que se le parte el pecho, cuando levanta su rostro para ver con el rabillo del ojo una figura que se pierde a lo lejos, hace un intento por distinguir persona alguna. Sabe que alguien estuvo en la casa.
La rabia se apodera de su cuerpo y le devuelve la fuerza para entrar a la casa con violencia. Abre la puerta, espera conseguir el espectáculo menos deseado que un hombre enamorado podría soportar. El miedo invade todo su ser. Consigue una sala vacía y se dirige a la habitación al son de un corazón que se desborda y quiere salir por la su boca.
Abre la puerta ya dispuesto a conseguir lo inevitable, pero solo una cama vacía y sin ser tocada le devuelve el aliento. Se deja caer en la silla para recuperarse por un momento, se limpia el sudor de su frente con su manga para darse cuenta que hay una carta abierta, la toma y comienza a leerla sin ningún consuelo:
“Hoy no me resistí más y decidí escribir,
lo que siento aquí adentro.
Te amo, te quiero, no quiero esperar, ya no puedo más…
Escapa conmigo y te llevaré al cielo.
Hablo en serio.
MM.”
Sus manos ya no pueden sostener la carta, sus lágrimas salen de sus ojos con tal fuerza que se deja invadir por el simple y más puro dolor, su garganta grita con tal fuerza al punto en que cada célula parece perder compostura, hasta perder la voz por completo. Piensa que ya no vale la pena seguir viviendo, lo que quiere es salir de su cuerpo para no experimentar tal sufrimiento, al llegar al punto del desvanecimiento.
Justo en ese momento se escucha:
-Mela…
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