El vehículo se deslizaba suavemente por las autopistas elevadas de Nueva Austral. Dentro, el aire era fresco, silencioso, con el suave zumbido del motor eléctrico y el ocasional pitido del navegador automático.
Sentada en el asiento del copiloto, una joven rubia de mirada aguda revisaba documentos en una tableta holográfica. Su traje beige claro contrastaba con el interior oscuro del automóvil. Anika Wegner, top 8 del gremio Suits, tenía solo 22 años, pero hablaba y se movía con la confianza de alguien que ya había dejado su huella.
A su lado, el conductor —un hombre de traje verde oscuro, impasible como una estatua de mármol.
—¿Sabías que uno de los chicos nuevos usó sus poderes en público antes de entrar? —preguntó Anika, como si hablara del clima.
El hombre no respondió enseguida. Solo ladeó un poco la cabeza, indicando que la escuchaba.
—No fue gran cosa, pero lo interesante es cómo lo hizo. Natural. Instintivo. Nada de gritos ni poses dramáticas. Solo… apareció. En el lugar justo. En el momento justo —dijo ella, deslizándose hacia el respaldo con una media sonrisa—. Como si su cuerpo reaccionara solo.
Silencio.
—No es raro ver potencial en los registros, pero sentirlo... eso es distinto. —Anika giró la cabeza para mirarlo—. Deberías echarle un ojo.
El hombre permaneció en silencio unos segundos más, antes de hablar con voz tranquila.
—¿Nombre?
—Axel Martín. —Anika cruzó una pierna sobre la otra—. Hijo de nadie. Vive en Nueva Austral con su abuela. No parece tener entrenamiento formal, ni historial llamativo… pero hay algo. Lo vi en el video de seguridad del incidente del puente. Esa velocidad no fue normal. Ni siquiera fue consciente de lo que hizo, te voy a pasar una grabación del momento, revisala.
—Hmm… ¿Ya fue registrado por la máquina?
—Todavía no. Pero va a atravesarla hoy. —Sonrió—. Aunque sabes que esa versión tiene limitaciones.
El hombre miró por la ventana.
—Siempre las tiene.
—Eso no te molesta, ¿verdad?
Él se encogió de hombros con elegancia.
—No necesito una máquina para saber lo que estoy viendo.
Anika lo observó de reojo. A pesar de la diferencia de experiencia, de reputación, de jerarquía, no lo trataba con reverencia. Entre ellos no había esa rigidez. Tal vez por eso se llevaban bien… o tal vez por eso discutían tanto.
—¿Vas a intervenir?
—No. —El hombre se acomodó la corbata con una mano—. Solo voy a observar.
—¿Por cuánto tiempo?
—El necesario.
Un leve zumbido indicó que el auto se estaba acercando a la zona restringida de la Academia. Las torres blindadas se alzaban como guardianes metálicos, recortadas contra el cielo gris.
Anika cerró la tableta y se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.
—Lo que hicimos el año pasado cambió muchas cosas. Suits está en la mira más que nunca. Si ese chico es lo que pienso, y tú estás aquí para observarlo… entonces esto no es solo otra misión rutinaria, ¿cierto?
El hombre giró levemente la cabeza, esbozando una sonrisa imperceptible.
—Nada en esta academia es rutinario.
Y con eso, el vehículo entró por los portones de seguridad, deslizándose hacia la historia que, poco a poco, empezaba a escribirse.

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