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Eugenesia Obscura: Silverclaw

Parte I Capítulo 5.1

Parte I Capítulo 5.1

Jun 23, 2025


13 de abril de 7746

El plan fue simple en un inicio.

Garrett y él acudirían a la reunión propuesta por el señor de Chapman, y el teniente y la inspectora irían por aparte al centro de Dawes por unos tragos al bar, despistando a los policías de menor rango, mal disimulados, que dejaron para vigilarlos. Saldrían por la puerta trasera y cruzarían en línea recta a través de los campos, llegando lo antes posible a la zona en que, si el villano seguía el guion que parecía más conveniente para su rol, los emboscaría.

En su condición de alfa y militar, el teniente no tuvo problemas en manejar una velocidad suficiente para cumplir con su encomienda. La única preocupación de Joseph fue la beta, quien, por suerte y por exigencia de su cargo, le siguió el paso, una proeza que muy pocos betas conseguían, la mayoría tras años de entrenamiento en el área policial o militar.

Para desgracia de los cuatro, ninguno, con sus capacidades superiores al promedio, sospechó un escenario con subgéneros anormales involucrados.

Acurrucados en los sillones de la sala, el desmantelado todoterreno estacionado en la puerta, y una jaqueca monumental, el alfa y la beta despertaron siendo sometidos por el efecto secundario del que Joseph tenía conocimiento por lo leído en la novela de Garrett, y Garrett por su propia experiencia.

Si Joseph no recordaba mal, el dolor de cabeza que producían las feromonas sedantes de un theta era insoportable. Pero, por lo que sospechaba, dicho efecto debía haber empeorado al ser afectados, no por un tipo de feromona, sino por dos.

Presionando el gesto al escucharlos revolcarse y soportar el dolor, Joseph agradeció no estar en sus “patas”.

Aguardando que los ayudara a paliar el sufrimiento, Garrett le dio a Joseph dos semillas rojizas de cascara transparente con un liquido color rojo al interior, una clara alegoría a cierto medicamento utilizado en el mundo real. El Alta Virtud ayudó a ambos a pasarla con un trago de agua.

—En quince minutos debería estar haciendo efecto —informó Joseph en un tono considerablemente bajo, recordando la línea que describía ese dolor, no en la novela de “Cazando al Alfa”, sino en el spin-off que tenía bien oculto en su habitación, y que apenas si había hojeado por curiosidad: “los sonidos y la luz hacían pulsar su cerebro retando la capacidad de contención de su cráneo”.

«Como una resaca», pensó, más al ver a la inspectora asentir con la cabeza entre las rodillas, el teniente apretando los puños aguantando una arcada, junto a la empatía por ser testigo de ese lamentable estado, a sabiendas de que los agudos sentidos licántropos debían multiplicar la sensibilidad al ruido y la luz; se corrigió: «Peor que una resaca».

Sí, esa parecía ser una afirmación más cercana al calvario que también le generaba una insana curiosidad que trató de acallar: ¿Quién sufría más el choque de feromonas theta? ¿La beta o el alfa?

Regañándose por la duda, ignorando el ardor en los codos, producto de su huida por la carretera, se agachó levantando la silla junto al sillón donde estaba la inspectora y se sentó, abarcando, desde ese ángulo, la destrucción asolando la sala.

El lugar estaba lleno de hojas convertidas en jirones que sobrevivían, junto a cartones pisoteados y muebles volcados, como mudas piezas de un rompecabezas que no tenían la intención de sopesar si sería capaz de continuar resolviendo, al resto de la información ardiendo en una hoguera prendida en el exterior. Un fuego que los recibió, entre sombras apresurándose a desaparecer y que, tras quince minutos, menguó al no encontrar más información a la cual adherir sus lenguas para nutrirse.

Si no fuera por la previsión de guardar sus avances en la versión Reinos Oscuros de una nube de datos, que fue lo primero que revisó al llegar, incluso antes de socorrer a Garrett a bajar a los dos bultos cuya consciencia apenas si comenzaba a regresar a sus cuerpos; no imaginaba qué habría hecho.

—Son cuidadosos —Garrett se colocó a su lado, manteniendo el volumen bajo, sin perder de vista la reacción del teniente y la inspectora.

Joseph hizo una negativa y rectificó:

—Son profesionales.

Cuidadosos y profesionales implicaban dos cosas muy distintas. Un novato podía ser cuidadoso. Un profesional debía serlo, lo suficiente para coordinar dos grupos en un lapso de tiempo corto, para encargarse de tareas distintas y conectadas.

El teniente hizo un movimiento repentino, echando la cabeza al frente.

Tensando los hombros, temieron que, entre la nube del dolor, tuviera un grado de consciencia para escucharlos. Una sospecha que se desvaneció en un suspiro interno de alivio, al notar que ni siquiera los tomaba en cuenta, buscando el celular en sus ropas.

—Tiene que descansar —se apresuró Garrett a acercarse.

—Tengo… Tengo que… Informar —hablar parecía una tarea fuera de sus posibilidades, y a cada balbuceo, la incapacidad aumentaba.

—No. No tiene que hacerlo, teniente Brown —contradijo Joseph, de malas—. Yo me encargaré de informar a Su Alteza Real el estado de la misión de esta noche.

Por el desastre en la casa, no le quedaba la paciencia para lidiar con la locura de un alfa convaleciente.

—¡Tengo…!

Una arcada le quebró la voz al teniente, desesperado al verse incapaz de hilar palabras, el dolor sobrepasando su lucidez.

Apretó los puños resaltando las venas en el revés.

—¡Infor…!

El grito explotó su obligación y su orgullo, e hizo recular a la amenaza en su garganta, a fuerza de un estallido de coraje iluminando sus ojos, levantándolo del sillón.

«¡Estos alfas y su maña de perder el control!», gruñó para sí Joseph. «¡¿Qué no se supone que es una vergüenza para ellos hacerlo y transformarse?!»

Colocándose detrás del alfa, Garrett le lanzó un golpe a la nuca, consiguiendo que volviera a sentarse y su columna se doblara al frente, la cara cayendo sobre la mesa de centro, el montón de papeles destruidos a modo de mantel.

—Eso…

Eso no recordaba Joseph habérselo enseñado.

—¿Dónde lo aprendiste? —preguntó, levantando el torso del teniente.

Alzando y bajando los hombros, el theta lo acomodó contra el respaldo del sillón al desvanecido alfa.

—¿Otro de tus experimentos?

—Mi Señor dijo que había golpes que eran capaces de noquear a las personas.

Había muchas cosas de las que Joseph se arrepentía, antes y después de trasmigrar, y esa era una de ellas.

El día que decidió salvar a Garrett, mandando al carajo otro de los tantos sucesos canónicos de Reinos Oscuros, convirtiéndolo en su “sirviente”, empezó a entrenarlo aprovechando su formación de “Alta Virtud”. Después de todo, la función principal de las y los virtudes, más allá de su título o el engendrar descendencia, era la de ejercer como docentes de las familias nobles. Aunque no guardaba recuerdos del dueño original del cuerpo, en su memoria se almacenaban las sombras del conocimiento, teórico y práctico, que poseía de acuerdo a su estatus, por lo que no hacía falta más que repasar ligeramente las ideas para recordarlas.

Enseñar a Garrett fue una buena forma de, a la par de formar un guardián capaz, refrescar dicho conocimiento transmitiéndolo a un theta cuya capacidad era muy semejante a un alfa y que, al igual que estos, parecía tener, además de inteligencia dotada, una venita maliciosa que tarde le hizo reformular su plan de estudios. Aunque para cuando se planteó omitir ciertos detalles, como golpes de ese tipo, ya se le había escapado la lengua más de una vez haciéndole saber la existencia de ese tipo de movimientos, que parecía ser que no le llevó mucho a Garrett para descifrar a dónde debían ir dirigidos.

Comprobando que la inspectora no parecía consciente de lo sucedido, ovillada en una esquina del sillón, Joseph pasó una mano por la frente.

Su conocimiento de la historia de Garrett, revelaba que no era un personaje inclinado al lado oscuro, pero, más de una vez se vio en la necesidad de reformular su ligera comprensión de él. Si el autor lo mató, quizás fue por un buen motivo que desconocida, igual que desconocía el noventa y ocho por ciento de la trama general de Reinos Oscuros. Igual y su naturaleza lo hacía particularmente inestable, y de no haberlo matado se habría convertido en un dolor de cabeza para Silverclaw o algún otro reino... ¿O no?

Sin las sagas o el autor a mano para esclarecer sus dudas, sólo le quedaba irse con cuidado y aceptar que, de momento, Garrett era un tipo con una personalidad yendo a lo maquiavélico, capaz de apagar su regulador de feromonas para averiguar si las suyas eran capaces de dominar a otra de su especie. Lo cual obtuvo una afirmativa que derivó en la muerte de la theta. Una muerte tras la que todavía tuvo la lucidez de, al escuchar las motos acercarse, colocarle el anillo y encender su propio regulador de feromonas, fingiendo que ninguno de los dos reveló su subgénero.

Arriesgado o no, el punto rescatable fue que conocían un dato extra de los theta, o al menos de las feromonas de Garrett.

Con las ideas revueltas, en cuanto la posibilidad de irse a recostar un rato le fue presentada, Joseph la tomó. Un segundo ataque era improbable, con los helicópteros que llegaron y que eran la razón, sin duda alguna, de que el grupo de atacantes se replegara.

Por la retirada de la “omega”, se confirmaba que si Dawes estaría en la mira del palacio del príncipe, y del Novilunio, un incidente así, a mayor escala, con el Alta Virtud al servicio del heredero raptado, sería un riesgo que no valdría la pena correr para quien fuera que envió a ambas licántropo.

En la habitación, se quedó de pie frente a la ventana, quieto delante de su reflejo en la penumbra, las luces apagadas, la luna de única fuente de luz.

Sus ropas estaban sucias, rotas en las mangas, y las heridas y golpes le escocían. Su cabello estaba revuelto, hebras sobresaliendo de una coleta, por lo general, bien atada e impoluta.

«Que horrible», se regañó con la voz aterciopelada y pomposa que le otorgó el dueño original del cuerpo boreal, y retiró la mirada del cristal, sintiendo su indignación.

Bueno, tampoco es como si en un combate, en los que nunca se vio involucrado el Alta Virtud original, tuviera tiempo de pensar en su apariencia o para ser cuidadoso con ella, y menos arrastrándose por la carretera.

Una situación de emergencia por la que seguía sin entender cómo, después de vivirla, concilió el sueño de regreso a la casa de la teniente, en el desecho todorreno. Tampoco era tan raro, ¿no? Durante los últimos días apenas si había dormido. Lo único reprochable, en todo caso, fue el tema de su sueño o, más bien, los recuerdos que revivió.

Observó sus manos, apartando las memorias. Revivirlas una vez fue más que suficiente ese día.

Sus manos eran delicadas, de dedos largos y piel suave. Manos que no imaginaba cómo ararían el camino a través de las fronteras de Silverclaw, para llegar al reino de las brujas, Minuit, si dentro de sus propias fronteras apenas si conseguía sobrevivir.

Peinó sus cabellos tras desatarlo, quedándose a mitad del largo.

Ya no tenía ganas de dormir y la excusa perfecta la tuvo al recordar su promesa al teniente.

Estuviera relacionado con ellos o no la llegada de los helicópteros, el teniente debió informar al príncipe lo que sucedería, y si él no estaba en sus sentidos para reportarse, le correspondía encargarse de hacerlo.

Por la hora, se debatió entre hablarle al príncipe o al secretario. Al final, fue al segundo a quien le marcó. No quería desencantarse de manera directa de la nimia posibilidad de que el príncipe estuviera despierto y preocupado por su seguridad.

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Presionando el gesto al escucharlos revolcarse y soportar el dolor, Joseph agradeció no estar en sus “patas”.

#Omegaverse #boys_love #girls_love #gl #yaoi #Fantasia #romance #Transmigracion #abo

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